El regreso del idiota inútil

12:07


¿Por encargo de quién escribe sus crónicas Plinio Apuleyo Mendoza? ¿Por quien postula como Presidente 2010? ¿Vargas Lleras? ¿ Mancuso?¿Uribe Vélez? Quisiera pensar que hace su trabajo a título personal, no por nada se internó por el camino de la derecha hace ya muchos años. Quizá anhela alcanzar la gloria fácil por el viejo método del lameculo, ya que por el lado de la escritura, el que más le duele, no llegó ni a best-seller. ¡Qué iba a lograr una silla en el parnaso este novelista indisciplinado! Dedicó sus horas tempranas a un periodismo de telegrama y su edad provecta a un macartismo criollo, usando de “informantes” (en lugar de “fuentes” para sus análisis) a reinsertados que no tienen nombre ni rostro ni confiesan nada nuevo, y a militares baladroneros que vienen anunciando la derrota de las FARC desde el primer cerco en Marquetalia hace cincuenta años y nada. No lo consiguieron arrasando el Putumayo con el Plan Colombia, ni lo hicieron con la ayuda de treinta mil paramilitares dispuestos a aleccionar al pueblo desmochando brazos y cabezas por todo el país... Las tres páginas que le dedicó a su “reportaje” las Lecturas Fin de Semana del Diario El Tiempo el 25 de agosto de 2007 son la mejor prueba del periodismo bellaco que es capaz de acometer aun. ¿Qué dice Apuleyo? Que es urgente y necesario pensar la reelección para el 2010 y poner entreojos (en la mirilla) a los infiltrados y milicianos de las FARC y el chavismo. Todo porque ha hecho un descubrimiento de carácter “excepcional”: la nueva estrategia política insurgente para tomarse el poder de Colombia es el movimiento bolivariano. Como ahora es imposible tomar el poder por las armas... No está muy claro a quién le envía su S.O.S ¿A la opinión pública? En algunos párrafos parece dar una orden de arremetida o un parte de guerra. No tengo el pedazo de periódico a la mano para citar, sabrán excusar. Pero las palabras insidiosas y leguleyas de siempre (que las literarias se le hicieron esquivas) vuelven a salir de su péndola. El cómo y el cuándo ocurrirá la toma no queda muy claro. Tal vez en cincuenta años. Es la teoría desopilante, trascrita a página entera por EL Tiempo. Las acusaciones de esa conexión que tiene un sector político colombiano con la estrategia de Alfonso Cano ( de las FARC) y Hugo Chávez para tomarse el país francamente darían risa si no provocaran lástima. El plan, al parecer obedece a la sombra del brazo largo de Fidel que enfebreció a pultimo minuto el continente y hundió a Venezuela en el chavismo. Con frasecitas (iba a decir premisas, pero lo retiro) de naturaleza similar, que tienen base en el chisme de café y de casino de brigada, fue que se justificó los dos últimos genocidios de que tenemos noticia en Colombia: Pablo Emilio Guarín Vera, el líder político de las autodefensas del Magdalena Medio, representante a la cámara y furibundo antisubversivo, en compañía de Henry Pérez, los altos mando del Batallón Bárbula (sede Puerto Boyacá), notables miembros de la entonces AGDEGAM, Gonzalo Rodríguez Gacha, Pablo escobar, Ramón Isaza y uno que otro terrateniente mafioso ya debatían en estos términos y justificaron con discursos parecidos el genocidio de tres mil muertos contra miembros de la Unión Patriótica en los años 80s del siglo infame que acaba de terminar. Laureano Gómez, otro idiota poco útil (idiota a secas, como Plinio) con argumentos parecidos, incendió a Colombia en 1940 en un discurso de septiembre de 1940 ante el Congreso, emitido por radio. Allí Laureano, el monstruo, arenga a un país cristianizado para que si “el rey atropella al reino, óiganlo bien, honorables senadores, si el rey atropella al reino, entrega al robo las fortuna públicas y privadas y desprecia y vulnera las leyes publicas y la sacrosanta religión…/ lo mejor sería deliberar sobre lo más conveniente en grandes reuniones después de advertirle al príncipe para que se corrigiera, haciéndole la guerra de lograrlo, declararlo enemigo público, darle muerte. En grandes reuniones públicas se deben pintar cuál es el estrago y cuáles los bienes inalienables y aceptar la declaración de la guerra y seguir las consecuencias de la guerra, cualesquiera que sean” . Si cambiamos la alegoría con que empieza la cita de Laureano (El rey, o el príncipe) por las cabezas visibles de la oposición en Colombia y por sus simpatizantes soterrados "que se encuentran en toda la población al sur del país y escondidos tras de periódicos e instituciones tan respetables e inocentes que no se dejan rastrear como los medios, la universidades y los ministerios" la convocatoria que sugiere Plinio es la misma de su antepasado Laureano jamás laureado: “advertirle al príncipe para que se corrigiera, haciéndole la guerra de lograrlo, declararlo enemigo público, darle muerte…”
No voy a mencionar los delitos por los cuales la oposición y los habitantes del sur del país podrían entablar una demanda en contra del señor Plinio cuando empiece la matazón de la gente a la que alude sin nombrar. Los tres aspectos más infamantes, sesgados, peligrosos y explosivos, se expresan en la conjugación en primera persona del plural (nosotros) en lugares estratégicos de un texto con dejo subjetivo (yo), los resaltados que acompañan las fotos del informe y los “documentos reveladores” para argumentar el "modus operandi" de la red de “idiotas útiles” que supone Mendoza y el Vargas Llosa (hijo) al servicio de la subversión. Simplemente, si Apuleyo firma el texto a título y riesgo personal, y si su contenido expresa la visión subjetiva de aquel viaje hecho sin ningún propósito aclarado al sur del país, ¿a qué se debe entonces el que haya reiteradamante ese punto de vista ambiguo a nivel de número y persona (en frases como “el lugar donde aterrizamos había sido durante largos años centro de operaciones de las FARC” y “recorriendo el pueblo, pasamos por una calle de bares abandonados que recordaban aquella época”)? ¿Cuál "nosotros", Plinio, si el viaje que provocó este análisis expresaba desde sus primeros párrafos un viaje turístico anhelado por ti y solo por ti? O es que acaso aquello de “Mandar policías a remolinos sería como poner un canario al alcance de una boa”, nos decía” ese nos tan imprudente cuando el alcalde del Chairá te aconsejaba a ti y solo a ti no ir por allá donde nada se te había perdido, te convertía también en parte de la fuerza pública? ¿Cuál época será la que recuerda Plinio, si veinte años antes no conoció ese lugar por miedo a un secuestro o a que lo confundieran con un mico y lo hicieran sanchoco? ¿De veras nunca antes fuiste a acostarte con las cuatrocientas prostitutas que allí buscaban ganarse la vida? No parece. No parece que fueras simplemente un periodista en busca de chiva. Te queda mejor el papel de militar, cretino.



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