Rilttaura º4: Revista para nuevos escritores

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Más difícil que hacer una revista es hacer que le guste a todo el mundo. La revista Rilttaura acaba de presentar su número (4to) en la pos-vanguardista UN Librería, en pleno centro de Bogotá. 15 autores de diferentes tendencias y de nacionalidades reñidas se apretujan en ochenta páginas: el mexicano que se reclama costeño, el poeta que se salvó por un punto de ganar este año el premio nacional de poesía del ministerio (con Gonzalo Rojas y Juan Manuel Roca como jurados), el uruguayo que estudia poco, escribe mucho y nos va recordando que la enfermedad de escribir tiene el mismo tratamiento por toda América Latina: la indiferencia total.
(La indiferencia, cuando no el descrédito, porque una de las reglas de oro en literatura consiste en ningunear al otro, en hacerse enemigo de todos los que puedan sacudirte la banca en cualquier momento.)
Las otras reglas de oro resultan más convincentes por boca de Roberto Bolaño: “No te enfermes que nadie te ayudará. No pidas entrar en ninguna antología que tu nombre siempre se ocultará. No luches que siempre serás vencido. No le des la espalda al poder porque el poder lo es todo. No escatimes halagos a los imbéciles, a los dogmáticos, a los mediocres, si no quieres vivir una temporada en el infierno”.


¿Algo lamentable en el nuevo ejemplar?

Las erratas de digitación de los autores. La erratas de los editores. Los errores ortográficos de los autores. Las cegueras para errores de los editores. El papel bond de las páginas interiores. Los terrenos desiertos de la diagramación. La permutación de las letras en los nombres.
(Pero resulta perdonable en la medida que no hay publicación conocida sin estas pestes.
Del mismo modo que resultará imperdonable si no se corrige al pensar en un número próximo)


Lo excepcional…

La portada, sin duda.
Y las dos nuevas secciones destinadas a la reflexión sobre el arte de escribir llamadas “Los escritores por sí mismos” y “Una abierta ventana a…”.
La primera (Los escritores por sí mismos) resulta un suerte de obligación ética para aquel que escriba: pensar su oficio. Está al comienzo de la publicación, y parece significar: téngase en cuenta, si pretende escribir. Pero piénselo bien porque usted no sabe en lo que se está metiendo. La segunda (Ventana abierta a… ) cierra la revista y es un trasunto del trabajo maravilloso de ser sepulturero literario: manipular los muertos. Para no maltratar ilusiones ajenas, puede tomarse como contraparte de la advertencia anterior: si quiere escribir, hágalo de lleno; y hágalo así, y si puede, mejor aun.


La condición del escritor

Así se titula el primer texto del número, y ha sido abierto por un escritor de mini-ficciones llamado Guillermo Velásquez Forero. Nadie lo conoce. Ha escrito en silencio, desde hace años, cuento y poesía, sin transigir. Quizá lo conocen más en España, donde la revista Quimera lo incluyó en su selección de cuento ultra corto el año pasado. Cree en la genialidad, pero entendida sin sublimaciones espurias; entendida como lo que es: “la posibilidad de crear”. ¿Es decir, la lámpara de Aladino? Eso, sí señor.
Estuvo en la presentación, hablando de todo con desparpajo, hablando de sus raíces campesinas, y de la ironía que es hacer de sí mismo un poeta en un entorno violento, machista y miserable.
Incluyo entonces una parte de su ensayo que resultar útil para cerrar esta columna (y desmedidamente apropiada por estos tiempos de talleres literarios con un pontificante y quinientos esbirros anotando a pie juntillas lo que dice aquel que nunca ha escrito nada perdurable):

—El escritor— “debe llegar a saber: que el milagro maravilloso e inefable de la vida es una trampa y una estafa que, por fortuna, no dura nada; que pertenece a la estirpe de Caín, y que esto es otra ventaja, porque en la lucha fraticida y caníbal contra sus hermanos de palabra, en la disputa por la figuración y el reconocimiento, entra a matar en condiciones de igualdad; que sus colegas son sus enemigos y que los más hábiles con la espada de fuego de su lengua, y ávidos de poder, exclusividad y privilegios, se convierten en príncipes, sicarios del paraíso literario, que montan cátedra, ejercen de críticos inquisidores y dueños de la última palabra, fungen de pontífices de la literatura, fundan revistas o dirigen suplementos literarios, imponen sus vicios, caprichos, aberraciones e iluminaciones como nuevos dogmas y cánones estéticos; arman roscas y cofradías de mercenarios del aplauso y la adulación para catapultar mediocres, sacamicas y lameculos, y para volver famosos a escritores que no escriben ni han escrito nada meritorio; que estas deidades de papel arrogantes, despectivas e inaccesibles lo ningunean y lo excluyen de encuentros, festivales, publicaciones, antologías, revistas, suplementos, historias literarias, etc. Aunque también, entre sus iguales, halla unos amigos del alma, cómplices y aliados más leales y peligrosos que un enemigo. Que sus méritos, premios, reconocimientos y prestigio que su obra llegue a merecer le acarrearán legiones de enemigos gratuitos, fracasados, paranoicos y podridos de la envidia, que actuarán a traición y en forma subterránea dedicándose al oficio de demeritarlo y difamarlo.
Que tiene que leer y escribir a pesar de todo y contra todo, porque el mundo teleológico y utilitarista de la lógica del lucro y la racionalidad rentable, la competitividad y productividad capitalistas, las obligaciones ineludibles, la camisa de fuerza del deber, el consumismo delirante y devastador, y la preponderancia de las apariencias sociales conspira para impedirle que lea y escriba.
Que sus más allegados son los primeros en despreciarlo y ningunearlo porque Cristo nos enseñó que nadie es profeta en su tierra y que vale más un perro aparecido que un genio nativo. Que se verá minimizado, desvalorizado y degradado por el rebaño social que vive sólo para comer, defecar, fornicar y amasar riquezas; y se sentirá como una mosca que revolotea sobre un basurero cuando los conformistas del montón, fatuos, superfluos y analfabetas funcionales lo midan con la vara económica de medir mediocres”.

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