En colombia no existen derechos humanos, pero sí existen los derechos de autor

20:31


Lo que es la paradoxa: en Colombia, mientras Carlos Mario Jiménez alias Macaco, jefe paramilitar que ha reconocido más de 1.000 víctimas y ha dado indicaciones sobre casi 90 fosas en las que se hallaban más de 500 cadáveres (y se prepara ahora para ser extraditado a Estados Unidos por narcotráfico debiendo aun información sobre 16.000 muertos más achacados al Bloque Central Bolívar bajo su mando), la crítica literaria y profesora Luz Mery Giraldo es condenada a 24 meses de prisión por el plagio de una tesis.No nos arriesguemos: la ironía del título de esta columna es de Luis Ospina, que así zanjaba la posibilidad de un debate por reutilizar material de archivo en su película Un tigre de papel, diciendo: “Si en Colombia no existen los derechos humanos, ¿cómo van a existir los derechos de autor?”.
Pero basta leer su libro "Palabras al viento", para descubrir que la frase tampoco es de Ospina.
El periódico El espectador y Noticias Uno son los únicos medios que han cubierto la condena a Luz Mery Giraldo hasta ahora.
Noticias Uno en su populosa sección ¡Qué tal esto! tituló en una mezcla de escola
ridad y sarcasmo el clip sobre el asunto como: “Copialina”.
Y El espectador dice: “El fallo del Juzgado 50 Penal del Circuito de Bogotá resulta histórico, teniendo en cuenta que en la Dirección Nacional de Derechos de Autor del Ministerio del Interior y de Justicia no se tenía registro de ninguna condena. Fernando Zapata, jefe de esta oficina y una de las autoridades en el tema a nivel latinoamericano, explica: “No es que los jueces no trabajen el tema, sino que si hay una defraudación difícil de probar es el plagio. En eso yo otorgo siempre el beneficio de la duda porque se trata de presentar como propia, en forma total o parcial, una obra de otra persona”.Las voces de la “intelectualidad” criolla también se han levantado en apoyo a la profesora Giraldo. Roberto Burgos Cantor desde Cartagena recuerda a Borges y su texto necesario Pierre Menard cada vez que se levanta otra polvareda en torno a la “fatalidad de las semejanzas”. Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas (...) Atribuir a Louis Ferdinand Céline o a James Joyce la Imitación de Cristo, ¿no es una suficiente renovación de esos tenues avisos espirituales?”. Y en ‘Kafka y sus precursores’, postula: “El hecho es que cada escritor crea a sus precursores”.
Hacer reciclaje de todas estas voces que se levantan, de recorgerlas y hacer de
ellas una nota más, tal vez sea lo apropiado para referirse a la copialina que le achacan a la temible Luz Mery Giraldo. Un comentarista suntuoso del periódico El espectador que firma J Faría, hace un bello collage de copialinas históricas con un lenguaje un poco anacrónico lleno de adverbios y numenes y ciclópeas palabras sacadas de quién sabe dónde:
“Virgilio, poeta secular, imitó en la épica a Homero y en la bucólica a Teócrito. El hecho de haber escrito en un idioma distinto le da cierta originalidad, que no es mayor no por culpa de la imitación, sino por la minoridad genial de su numen comparativamente al de los dos griegos, sobre todo al numen de Melesígenes, a quien tan de cerca le ha hablado Dios, que él habla lo mismo. Moisés creó al hombre y Homero al Superhombre, de quien es Zaratustra, por boca de Nietzsche, el formidable Isaías de su glorioso advenimiento en la futura transfigurac
ión de la humanidad. Shakespeare se impuso por derecho de conquista en las obras que asaltó y saqueó. Originalizó el plagio, pues hizo de obras medianas monumentos ciclópeos. Goethe tomó de una comedia de títeres el argumento de Fausto, el arquetipo representativo del pensador contemporáneo. Lonfelow tomó de una de las cánticas del Rey Alfonso, llamado el Sabio, el argumento de su Leyenda de Oro; y Merimeé, con una de estas mismas cánticas cambiando la imagen de María Santísima por la estatua de Venus, tres veces victoriosa, compuso una página originalísima”.Por lo menos lo de Shakespeare y lo de Goethe y lo de Nietzsche son casos que conocen hasta los estudiantes de literatura (y que se repite una y otra vez como si fuera un chisme de cama o de café, o como si hubiese ocurrido ayer).
Por mi parte, bien podría resaltar unas particulares semejanzas que encuentro entre el comienzo del cuento “Un día después del sábado” de García Márquez, y “Un canario como regalo” de Hemingway, y habrá otros que quieran achacarle al nobel de Colombia otros supuestos parecidos coloridos de plagio en “Un amor” de Buzzati y “Memoria de mis putas tristes”.
Pero debo decir que esa denuncia tendría la misma hilarancia que tiene la del Colombiano incauto que fue a la Unidad Nacional de Propiedad que abrió la Fiscalía para reclamar como suyo El gallo de oro, de Juan Rulfo, y exigir que lo indemnizaran.
Dice Fredy Padilla, de El espectador, que los investigadores le recordaron al incauto que los únicos dueños del Gallo de Oro son los herederos del creador de Pedro Páramo.
Para terminar
En Colombia no sólo no existen los derechos humanos.
Tampoco existe el derecho a la salud. Ni a la libertad de expresión. Ni a acostarse con una doceañera. Ni a contraer matrimonio a la casadera y egipcia edad de catorce años. No hay derecho a la tierra. Ni derecho al cajón. Derecho a morirse sí. Pero al cajón, o a la tierra, nunca. Por eso es que la fosa común sigue siendo la única institución verdaderamente democrática de Colombia. Porque ahí es el único lugar donde podemos caber todos.
Bastaría con preguntarselo a Macaco, o Mancuso.

(Antes de despedirme de este breve collage, un aviso para copialines:
En Colombia los derechos morales están protegidos de por vida -la forma en que fue escrito, mas no las ideas- y los patrimoniales hasta 50 años después de la muerter del autor. Ojo.)



Previamente avisados, aquí les dejo entonces una breve y modesta confesión de Bohumil Hrabal para que el que sienta como suyo lo que decía Ribeyro (que los grandes escritores siguen plagiándonos desde la tumba) descargue el fardo moral y siga los senderos de Luz Mery Giraldo, sin miedo, con altruísmo, pero borrando las huellas:

“Mi educación nunca pudo ser excelente, por la sencilla razón de que siempre fui un poco tonto. Y ya que leo mucho, cito muchas cosas, y ya que cito muchas cosas, olvido su fuente. De hecho soy un ladrón de cadáveres, un profanador de sarcófagos. Ese es mi carácter, y en ese campo soy un innovador y un experimentador, no hago más que permanecer al asecho para atisbar mi presa, entre escritores y pintores, muertos o vivos, para luego, como una zorra, barrer con la cola las huellas que conducen al lugar del crimen. He saqueado los sarcófagos de los señores Louis Ferdinand Céline, Ungaretti, Camus, del señor Erasmo de Rotterdam, los señores Ferlinghetti, y Kerouac. Mi libro “La perla del fondo” lo arranqué de los ojos de Jacob Boehme, al igual que una frase tan bella como ésta: El hombre no se puede descoser de su época. La melancolía la saqué de Leibniz… ¿o de Nietzsche? Y debajo de la losa del señor Roland Barthes usurpé las palabras: El arte transforma la erudición en una fiesta… y eso es sólo una muestra. De hecho, todas las buenas ideas que se hallan en mis textos son robadas, entre ellas la idea Platónica de “La Creación de lo bello”. Y como si eso no fuera suficiente, cualquier cosa buena que yo haya escrito desde mi trampolín, todo, todo, me lo han dicho los demás. Y es que en realidad, soy un ratero de cervecería y de restaurante, lo que hago no difiere demasiado de pulirles una gabardina o un paraguas. Y es que hay algo en lo que soy número uno: en inventarme situaciones que nunca he vivido, en fingir haber leído libros que nunca he leído, en pretender haber presenciado acontecimientos que nunca presencié, en hacer juramentos que son perjurios, en vanagloriarme de cosas que hizo otro, en ejercer de testigo ocular de cosas que no he visto, soy una prostituta que finge hacer el amor por enamoramiento, soy un ratero y un estafador. Mentir es tan natural para mí como el agua para el pez. Para redimir todos mis pecados haría falta un purgatorio enorme del que tendrían que desalojar a todos los criminales notorios, soltarlos para hacerme sitio, y aun así, el paso por el purgatorio no me abriría las puertas del cielo sino las del infierno. Ojalá purgatorio cielo e infierno sean reales. Entonces su justicia me salvará. No habré vivido en vano”.

Tomado de:
¿Quién soy yo?
Bohumil Hrabal Ediciones Destino

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