Helicóptero de Troya

12:04


Guerra ganada


La guerra deja siempre un protagonista heroico, y un antagonista infame. Depende de quien gane, que al fin y al cabo es quien contará la historia.
Supongamos que el momento vivido ante las cámaras de televisión quite patetismo a la frase siguiente (la dice un militar con diez años de secuestro, al momento de ser liberado por el método más azaroso):
“Me siento orgulloso del glorioso ejército nacional; y la guerra la estamos ganando”.
Supongamos por un momento que el bando del que se siente orgulloso este militar, gane hipotéticamente la guerra.
Supongamos que la guerra en Colombia tenga un contenido puramente militar y no social.
Y supongamos que haya algo que ganar.
¿Será posible que de veras estemos asistiendo a los comicios del pos-conflicto colombiano, y será posible pensar que la liberación de secuestrados y la muerte de Raúl Reyes y de Ivan Ríos, y todo lo que han registrado los medios últimamente es la historia real ( y será la epopeya y la verdad que será replicada a ultranza)?
Parece que sí.
Parece:

“Ayer, en una operación militar, fueron liberados un grupo de los secuestrados de Colombia. La operación llevaba el nombre ambiguo de “Jaque” y consistía en engañar al grupo guerrillero que custodiaba a Ingrid Betancur y otros catorce secuestrados con más de diez años de cautiverio”.

Todo lo que viene luego es inútil repetirlo, porque ya se sabe y se ha dicho hasta el hastío en menos de veinticuatro horas en canales de televisión y periódicos de toda laya. Y seguirá siendo tema en los siguientes días mientras haya aun un delito de cohecho que soslayarle al presidente de la República (quién lo creyera: primer beneficiario de la operación y de las palabras de Ingrid Betancur).
De todo lo que se ha dicho y todos los laureles que han llovido sobre el éxito apoteósico de la misión “Jaque” de ayer, hay dos juicios que me parecen discutibles esta mañana de molicie oyendo opiniones en la radio: el que supone que aquello es “la operación de inteligencia militar más brillante desde El caballo de Troya” (Fernando Londoño y el general Montoya) y el que supone que se le puede catalogar de “única” y de “histórica” y de “golpe definitivo”(Juan Manuel Santos, ministro de defensa).
Las expresiones primeras resultan acordes con la efervescencia que se ha desatado, y las segundas con lo considerado histórico por el diccionario de la RAE: la relación de los hechos pasados y legendarios por parte de los vencedores…
Historiadores: cambien de oficio.
Habida cuenta, la historia le pertenece al vencedor, y no a los vencidos.
Debería no pertenecer ni al vencedor ni a los vencidos. Porque la verdadera historia la cuentan en privado las abuelas y las madres a los niños.
¿Pero qué hacer si las madres y las abuelas le creen a la televisión y, sobretodo, a las lagrimas en primer plano y a las palabras compungidas de los ministros y los periodistas?

JAQUE

¿Qué hace “histórica” a esta operación militar?
Que no lo fue.
Que no hubo un tiro, y que no hubo un muerto.
Como ocurrió con la épica batalla de Boyacá, que fue todo, menos batalla, porque allá en el puentecito no se batalló.
La Operación Jaque de ayer fue una audacia, por no decir que uno de los más rotundos (a fuerza de costumbre casi digo “históricos”) engaños que le hicieron los militares a las FARC.
“Novedosa” es lo que no fue.
Ya Rafael Uribe Uribe, a fines de 1899, hizo que cincuenta jinetes de su guardia personal cambiaran la cinta roja de su sombrero liberal y la reemplazaran por hojas de pasto verde (color conservador) y pasando todos los anillos de seguridad del ejercito enemigo acantonado en la finca Terán (Norte de Santander) avanzó sin problemas dando vivas al gobierno de Sanclemente hasta el cuartel general del ejército de la Patria. Una vez allí, y sin disparar un solo tiro, le informó al comandante de las fuerzas militares que estaba preso por la revolución y que diera la orden de entregar las armas.
Se llamó la victoria de Terán, y no fue una operación militar, y esa sí fue histórica, y como todo lo histórico de Colombia hoy, ha sido olvidado.
En México, para cambiar simplemente de nacionalidad, Pancho Villa hizo leyenda ganando batallas disfrazado con el uniforme del enemigo.
Así que lo de ayer, un invento propio, no fue tampoco.


Cesó la horrible noche

No vamos a discutir otros calificativos más moderados que han llovido en todos los medios a la Operación “Jaque”, puesto que moderados no los ha habido, y puesto que “exitosa” y “arriesgada” lo fue sin duda.
“Ingeniosa”, es atrevido, ya que si hacemos memoria se utilizó un viejo ingenio que las FARC habían probado con “Notorio” y “Arriesgado Éxito” en el secuestro de los diputados del Valle donde disfrazados de militares, y engatusando a todo el mundo con una falsa alarma de bomba, los guerrilleros se llevaron a doce diputados en pleno centro de Cali, Colombia, en otro “Jaque” (este no histórico ni “Mate” porque le perteneció al bando contrario).
La historia de este país, una vez más, hay que dejársela a los medios de comunicación, señores historiadores. Como no hubo esta vez los muertos de hace unos años (donde los secuestrados Gilberto Echeverry y compañía terminaron masacrados en las faldas de Urrao), se dice en todas las pantallas y todas las radios que el país durmió más tranquilo anoche, que cesó la horrible noche del Himno Nacional, que así se vive el comienzo del pos-conflicto; y que cuando se trata del país, una sola radio y un solo periódico deben ser todos; y que el Jaque es Mate por partida doble, o sea Mate Pastor: el más estúpido que le puedan hacer a un ajedrecista.


El helicóptero de Troya

Los rescates a toda costa, por lo visto, quedan legitimados. Hasta por sus detractores primarios: Ingrid Betancur (y Yolanda Pulecio) diciendo que ahora es un soldado más de la patria.
La guerra, según el ministro, está definida: la estamos ganando.
No pienso reñir con la histeria colectiva que nos lleva directo a aceptar hoy como sensatez lo que apenas ayer nos parecía insensato, y menos a controvertir la próxima marcha que ya se palnea para el 20 de Julio, porque este es un país de frases hechas, refrito, patriotero y oportunista del dolor ajeno para tapar la coyuntura, a sabiendas de que peor no pueden estar las cosas. Pero no voy a terminar la columna sin decir que la frase “es la mayor operación militar desde El caballo de Troya” que dice Fernando Londoño en la radio y asiente el general Montoya sí que me parece una insensatez de exministro demagogo más que una imprecisión ignorante de General iletrado.
Habida cuenta, los generales son iletrados por condición y genotipo, y tienen derecho a sublimar sus hazañas con las hazañas no leídas.
Pero a los exministros no se les puede permitir que pasen de demagogos y defraudadores del erario público a dedicarse a la épica radial.
La épica es cantada, versificada, difícil, perfecta y ya está jubilada de la literatura.
Y Troya no es Colombia.


Pos-guerra

Así decía Pancho Villa: "pos guerra quieren, pos guerra tendrán…"
¿Será esa la "pos-guerra" a que alude el ministro?
La guerra en Colombia tiene trasfondos y causas que superan la liberación de una mujer.
La libertad de los secuestrados era sin duda una necesidad superior a consideraciones políticas, una necesidad que tiene que ver con la dignidad humana, y a la que verdaderas operaciones militares como la que pretendió liberar al grupo del gobernador de Antioquia y a Jaime Echeverry les ha dado frustraciones que se miden en muertos; y hechos como los de ayer, satisfacciones que se miden en alegrías. La vida, como la historia o la guerra, sin embargo, no está hecha de frases atorrantes, ni de finales felices. Ni siquiera la posguerra es feliz cuando se vive sin haber terminado la guerra. Quitándole el dolor a lo trágico, todo parece volcarse a lo cómico. Si este fuera el fin de la guerra en Colombia, parecería demasiado cómico de no haber generaciones enteras sepultadas en el olvido, de no haber hambre ni desigualdad y gente interesada en la prolongación del conflicto por estar interesada en el monopolio de la tierra, y porque su riqueza vino, depende y se mantiene de la guerra. Aun hay hambre y desigualdad y odio en las ciudades y los campos y más secuestrados en la selva. Aun Colombia no está preparada para anteponer la verdad y la justicia a las negociaciones. Aun el pasado nos causa dolor. Aun hay intransigencia de las partes y sindicalistas y contradictores y humanistas que son asesinados por pensar diferente. Aun hay una industria narcotraficante, paramilitar y guerrillera que se financia de la guerra. Y una exclusión que amplía la fisura de la desigualdad social.
Para eso no sirven los helicópteros de Troya.


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