Pésimo Arte

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Nos sentimos tentados a escupirlas, a gritar en la sala cuando pagamos una boleta carísima y nos encontramos un fiasco; a partir el televisor cuando interrumpen con sus promesas que después no se cumplen en un domingo lleno de murria. Se llaman películas. Pretenden aun más: anhelan llamarse séptimo arte, o cine. Y no cualquier cine, sino el del mote más peligroso: nacional. Sus directores son una partida de nombres conocidos, mentados, reiterados y, casi siempre, los mismos. Sus películas son las más taquilleras, al decir de la crítica. Y tiene sus propios críticos para ensalzarlas en los periódicos y las cadenas radiales. Yo, como no les creo a los críticos, he decidido leer entre líneas lo que acaso quisieron decir, si de verdad eran críticos, si de verdad habían visto verdadero cine alguna vez, y no pudieron hacer un juicio honesto por riesgo a perder su empleo. Voy a recordar algunos títulos y algunas críticas de los últimos años para el “recorderis”: Paraíso Travel. El crítico dijo: Este es uno de los pocos casos en que la película supera al libro en el que está basada. Debió leerse: Si el libro ya es malo, la película, queridos amigos, es mucho peor. Un año antes. Película: Soñar no cuesta nada. El crítico del diario El tiempo dijo en su momento: “Triana ha hecho una película preciosa, con un despliegue técnico y artístico estupendo”. Debió leerse: “Jorge Triana ha hecho una película insulsa, no entiendo cómo pudo haberse gastado tanto dinero en semejante bellaquería y estupidez”. El crítico de caracol radio dijo: “Triana se ha interesado en un pasaje oscuro de la historia reciente del país para contar una fabula de la codicia”. Debió leerse: “Triana no conoce la historia de Colombia y se ha basado en una noticia trivial para hacer con ello una película aun más trivial que no dice otra cosa distinta a lo ya sabido: Colombia sigue siendo codiciosa, vil, y el cine nacional, vergonzante”. El cronista de radio caracol insistía: “ Triana es un genio”. Debía leerse: “Triana es un animal”. Dos años antes. Perder es cuestión de método. ¿Sergio Cabrera? Quién lo creyera: el mismo de la Estrategia del Caracol. Sí. Creámoslo: el mismo de Golpe de estadio. El crítico dijo: una de las películas más esperadas del año. Pero debió leerse: una de las películas más esperada por los cenutrios en Colombia. El crítico dijo: el desnudo de la jovencísima actriz es descrestante. Debió leerse: una vagina no es suficiente para defender esta película (se necesitan por lo menos diez, y en ese caso ya hablaríamos de una estupenda película pornográfica de Colombia pasada en todos los teatros de C-C). cuatro años antes. Mi abuelo, mi papá y yo. Dago García. El crítico dijo: otra película íntima de este gran realizador colombiano. Debió leerse: otro motivo perentorio y taxativo para expulsar al señor García de Colombia. Nada más. ¿Qué decir de otras superproducciones y coproducciones? ¿Rosario Tijeras? ¿Satanás? ¿Colombia Dream? ¿Las cartas del gordo? ¿Don Gediondo & co? ¿El acordeón del mongólico? Elijan el título: todas dan lástima. Las revistas hablan del gran momento del cine nacional. Hay que preguntarse: ¿cuál cine nacional? El cine es un arte, y a estas películas que aparentemente lo tienen todo les falta simplemente una cosa: el arte. En ocho años y gracias a salas de poca asistencia y festivales desiertos hemos visto sólo unas cuantas que merecen el desprecio de la crítica, pero que son el único cine memorable que se ha hecho, aunque dos de ellas sean documentales, uno video, uno cortometraje y la tercera a la mayoría le disguste por soez, paisa y narcotizada, como si eso precisamente no fuera esta mala patria. ¿Los nombres? La sombra del Caminante (Ciro Guerra). El cortometraje La cerca de Rubén Mendoza. Sumas y restas, de Víctor Gaviria. Y los documentales: Una casa sola se vence (de Martha Rodríguez), y Un tigre de papel (Luis Ospina). Cada una de ellas toca fibras y alturas estéticas que las demás ni sueñen, porque no alcanzan. Por estos días empezó el estreno de la basura nacional de cada año que llaman séptimo arte. Yo lo llamo pésimo arte, y no espero nada de él. ¿Y usted?

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Maneki-Neco

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