Angosta, Hector Abad Faciolince

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Es en Héctor Abad Faciolince donde mejor dibujado queda la descomposición del tejido social, el desecho y la piltrafa en que se convirtió la ciudad colombiana (esbozada apenas en Andrés Caicedo y Antonio caballero). Si en Caicedo funciona muy bien la rumba como punto de encuentro para todas las decadencias que se añaden día a día a la ciudad y que suministran la enfermedad social y la crisis de frustración en la adolescencia, y en Caballero ya aparece la estratificación como mecanismo de defensa de ciertos sectores dominantes ante la invasión bárbara de los desterrados, en la novela Angosta de Faciolince es donde esos adolescentes ya se han convertido en ejércitos de sicarios y la ciudadanía honorable ha levado muros para tratar de contener por todos los medios una guerra sin solución entre clases y la ciudad se convierte en todo el teatro de operaciones donde sufrirán los personajes sus grandes tragedias. En Angosta, la ciudad esta dividida por muros de hormigón en tres sectores. El sector de los ricos tiene su perversa ubicación en Tierra Fría, o Sector A. La clase media, en tierra Templada, o Sector B. Y los pobres viven en Tierra Caliente, o el temible Sector C (donde pululan las ratas, el hampa y los grupos terroristas). Se hacen llamar según la misma escala económica Dones los ricos, Segundones los no tan ricos y Tercerones los definitivamente pobres. Los no tan ricos pueden visitar la ciudad amurallada de los ricos con un salvoconducto y pueden trabajar allí, pero deben devolverse a dormir en su casa mediocre. Los pobres pueden trabajar en el sector de los no tan ricos y volver en las noches a su propio sector, pero tienen prohibido rotundamente ingresar a la ciudad de los ricos, bajo ninguna circunstancia, so pena de ser declarados intrusos y morir en el acto. Es una misma ciudad, con tres climas diferentes. Es una misma ciudad, con muros gruesos que la dividen. Es una misma ciudad y tres clases de especímenes en guerra eterna. La misma ciudad, pero tres ciudades opuestas. ¿O deberíamos decir los mismos pueblos que asiduos y enceguecidos por el horror y la pobreza buscan una ciudad? Publicada en el año 2004, pudiese desilusionar a algunos por parecer una novela futurista al estilo El último hombre (1984) de Orwell, alejada en apariencia de todo color local, pero su notable ironía puede ser más valiosa que las críticas a un género, a su protagonista endeble y a su desenlace más bien patético. Debo decir que cualquier parecido de Angosta con la realidad Colombiana es mucho más esclarecedor que sus desaciertos literarios: Una junta de notables representados por el clero, la aristocracia, la clase política y el fuero militar de esta fábula literaria, ha co-fundado el grupo de exterminio SECUR, encargado de las ejecuciones extrajudiciales e incursiones contra terroristas e ideólogos peligrosos que abundan tanto en Sector B, como Sector C de Angosta. En la Colombia de verdad, la incruenta, por su parte, un grupo de “seis notables” se reunía cada mes en secciones clandestinas a votar con lista en mano por un candidato al ataúd que eliminarían las Autodefensas en su lucha contra la izquierda. De estos “seis notables” se sabe hoy muy poco. Y lo que se dice es siempre un rumor; y el rumor dice que tenían representación de la milicia en la figura del comandante Carlos Julio Gil Colorado, muerto por las FARC de un bombazo con cien kilos de dinamita; del clero, en la figura de monseñor Isaías Duarte Cansino, sicariado años después a la salida de una iglesia en Cali (y señalado en indagatoria por el ex guerrillero, ex narcotraficante y seudo-paramilitar Diego Murillo Bejarano alias “don Berna” a quien le fue develado el secreto de viva voz por otro “notable” autodesignado: Carlos Castaño). La clase política y el latifundismo también ponían su cuota, representada en casi cualquier dirigente que ocuparía un escaño en las altas esferas de la política nacional en años venideros; y mi candidato a los “notables” en representación de la “cultura” (que también lo hubo) lo reservo en el sumario. El grupo estaba conformado por representantes de los ganaderos asociados, la alta política, la milicia y los industriales. La justicia no ha podido identificarlos del todo, pero las familias que pusieron las víctimas parece que sí, y ellas saben que estos personajes existieron y que fueron encargados de seleccionar los magnicidios, los asesinatos selectivos y las primeras masacres de las Autodefensas Unidas del Córdoba y Urabá AUCUR a comienzo de los noventas, en la Colombia de verdad, la incruenta, la impune. ¿Más concordancias? No más, que me tocaría empezar a hacer corresponder los nombres y una toponimia de los lugares que aparecen en la novela con muchos otros que se corresponden en la vida pública nacional al estilo dantesco, y eso sería un agravio a la literatura, cuando bien sabemos que no hay realidad más definitiva que la realidad literaria y que cuando un mundo literario está bien construido, esa es la prueba de sus calidades poéticas.

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