En las altura tentativa de salvamento absurdo

10:08

Quien sea que haya rayado de azul las páginas de En las alturas, tentativa de salvamento, absurdo; volumen número 839.31 B37e de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, es un cretino.
Además de mequetrefe, 
además de asqueroso, 
además de chambón.
No un ignorante, porque
nadie puede salir impune después de leer a Bernhard. Pero sí un asqueroso que le pegoteó mocos, verdadero hijo de perra capaz no sólo de subrayar con azul las frases más idiotas de Bernhard (que también las tiene) sino que tuvo la osadía bellaca de escribirle escolios y citas de la biblia y de hacerle interrogantes en lo que le parecía absurdo de tan excepcional libro que es precisamente un homenaje a lo absurdo que es vivir entre ignorantes.

Subrayar un libro, además de una infamia, es una celebración. Subrayar un libro es un hallazgo. Subrayar un libro es descubrir que la idea subrayada ya la habíamos pensado pero que éramos tan incompetentes que no la podíamos expresar. Subrayar un libro es señalar un trozo que la memoria quiere fijar y que aspira a ser redescubierto una vez más. Lo imperdonable, es subrayar las frases más idiotas que tiene un libro. 
¿Qué es entonces lo que la mente quiere redescubrir? 
Uno puede señalar las partes más idiotas de un libro por muchas razones: porque es un deficiente mental, o porque lleva años comiendo en ollas de aluminio y criando alzhéimer. Porque está estupidizado por Internet y es incapaz de retener lo esencial de un texto prolongado. O porque es el dueño del libro. O porque quiere robarse la frase. O porque se le da la gana rayarlo. 
No conozco a alguien, sin embargo, que haya subrayado un libro con tanto prejuicio como este cretino. No conozco a alguien que siga rigiendo su método de lectura con el Index del cura Ladrón de Guevara (quien nos dejara dicho a los colombianos de vieja guardia que los libros hay que clasificarlos en impiadosos, inmundos y blasfemos).
El mequetrefe que rayó el libro de Bernhard parece único en su especie. 

Subrayó, por ejemplo, la frase: “el fingimiento de las mujeres es insoportable”, y no contento con ello fue dos páginas más allá y subrayó: “presenciar todos los días cómo alguien a quien se quiere, cómo algo que se quiere, se extingue, desaparece, eso amarga, joven: mi mujer, dice, vive de forma totalmente inconsciente” y luego la cogió a contrato y subrayó: “cuando dos se conocen bien, se escriben” y luego “ cuando hemos encontrado a alguien con quien convivir(…) actuamos como si lo poseyéramos, como si nos perteneciera, lo rodeamos de muros, lo encarcelamos” y luego “se me puede oír detrás de la desesperación” y luego “soy ya víctima de mi edad”, frases todas de las que podemos inducir que el cretino tiene más de cincuenta años, que es celoso, tal vez impotente, y que además la mujer está a punto de mandarlo a que se lo piche un burro en el asilo y que vino a buscar en Bernhard (justo en Bernhard, a quien hay que acercarse como a una fiera hambrienta) un momento de esparcimiento y se encontró con la constatación de su fracaso vital.
Así pasa con Bernhard: proporciona la llave para abrir las puertas de donde más nos duele. 



Vuelvo a repasar sus citas. Definitivamente, el tipo es un verdadero cabrón. O un cura amancebado. O un pastor evangélico de esos que monopolizaron hace rato todas las panaderías de Colombia. Y lo único que demuestra con sus resaltados es que hay formas para no leer los libros. La de él es la forma perfecta de no leer
la obra del escritor austriaco más furibundo que haya existido. El autor de Corrección, Trastorno y El malogrado. El autor de una pentalogía autobiográfica con la que le pasa la cuenta de cobro a su familia, a su ciudad y a su país, como se debe. El autor de dos obras maestras de la injuria de donde venimos todos los neoinjuriadores: Maestros Antiguos y Extinción.El libro que nuestro cretino estropeó con su sandez, con sus mocos de marrano pegoteados en las páginas, con las huellas dactilares con que pienso demandarlo, es un libro maravilloso, para quien le gusten los diarios. 
¿Pero es un diario? Un libro es lo que uno quiere. No es el mejor libro de Bernhard. Nada comparado con las dos obras mencionadas. Pero se lee en un rato. Y la brevedad se agradece.

Mis subrayados:

Patria, absurdo
Quien ve mucho, ve mucha fealdad
Los infelices: los desgraciados: no son un cuento de hadas
Nadie conoce mi situación: ese pensamiento hace que no me hunda
Es el abismo los que nos mantiene a todos vivos, nada más que el abismo
El mundo es aburrido entre dos y es aburrido solo
La iglesia: engaño para mediocres, innobles, carentes de talento
¿qué le parece si nos tomamos un vermú?

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