Claus y Lucas, Agota Kristof

17:19

Me vuelvo crédulo. Cuando leo una obra maestra me vuelvo crédulo. Ma arrodillo, me inclino. Rezo. A Dios, o al diablo, a quien llegue primero. Bendito seas, le digo. Bendíto seas tú por haberlo mandado, por darle un ánima. Y ahora bendícelo otra vez, para que siga escribiendo, o mátalo, si le da por rendirse al facilismo de los lectores como un perro.
Agota Kristof me hace rezar esta noche.
Después de 38 días sin levantar una plegaria por nadie.
¿Por quién fue la última vez que recé?
¿El diario Tierra tierra, de Marái?
No.
Poemas del manicomio de Mondragón, de Leopoldo María Panero, tal vez.
Y ahora por Agota Kristof.
Me apresuro a buscar quién es.
¿Es mujer?
¿Es húngara?
¿Como Marái?
¿Como Kertéz?
Sí.
Protégela de todo mal y peligro.
!Y que viva Hungría!
Hungría: en qué ruinas más hermosas te han convertido tus escritores. Todos te odian. Por bruta. Por hija de puta. Por deportar Judíos. Por comunista. Por perder guerras. Igual que a tu vecina Austria, por Thomas Bernhard.
Agota Kristof escribió el libro más escalofriante que haya leído sobre una guerra. Y yo los he leído todos. Al menos los que se deben leer para entender que Colombia no se inventó la hijueputez. La bibliografía, para ir de compras: La mano cortada, Cendrars. Sebastopol, Tolstoi. Reportaje al pie de la horca, de Fucik. El àguila y la serpiente, Martìn Luis Guzmán. Las cosas que llevaban los hombres que pelearon, O´Brien. El más desconcetante: Viaje al final de la noche, de Céline. El único que ha contado el horror cagado de la risa: Matadero cinco, de Vonnegut. El más profundo, Tierra Tierra, de Marai. El más cínico: Sin destino, de Kertéz. El más inclasificable, Trenes rigurosamente vigilados, de Hrabal. El más memorable: El tambor de hojalata, de Grass. Y eso para contar sólo con los de la guerra mundial, la última. No hablo de literatura militar. No son corresponsalías, ni reportes marciales, ni descripciones inútiles de tripas e inventarios de muertos. También hay de eso. Es una guerra, son seres humanos llevados al extremo. Historias donde se confunden todas las lealtades con todas las traiciones, todos los heroísmo con todas las vilezas. Si una guerra no es el escenario perfecto para poner en evidencia a esta bestia insólita llamada ser humano, solo nos queda buscar la sordidez en Paulo Cohelo. El gran cuaderno es el libro de guerra más intenso e inmisericorde que he leído. Primer volumen de la trilogía Claus Y Lucas, de Agota Kristof.
Este libro los recoge a todos, sin plagiar ninguno. Es decir: los plagia a todos para hacer una nueva y singular obra maestra que no se parece a nada. Es la historia de dos Freaks, de dos engendros, de dos genios, o sea, de dos mounstros morales, que además son niños, o sea, perfectas bestias morales, que para completar son gemelos y que van a vivir con una abuela a la que llaman "la bruja" y que les llama a su vez "hijos de perra". Su madre, la perra, los abandona. Los deja en esa casa que es la última de la frontera indefinida entre Hungría y Austria. Hay guerra. De nuevo hay guerra. Y hambre. Y miseria. Y dejadez. ¿Más? Los dos geniecillos piensan juntos, leen juntos, escriben la historia de su vida en un gran cuaderno donde lo anotan todo, sin lamentos, sin adjetivos, sin quejarse. Hacen ejercicios. Ejercicios espirituales. Para enfrentar el dolor próximo, se golpean a la cara mutuamente. Para no extrañar más el amor, se insultan. Para que no los desuele el hambre próxima, ayunan una vez por semana. Para aprender a estar inmóviles (fundamental en toda guerra) duran horas tendidos de bruces. Para afrontar los golpes, se golpean hasta el aturdimiento. Tienen una protectora que les lava la ropa y les chupa sus verguitas enhiestas. Un vecino que es oficial nazi, además de pederasta. Tienen una amiga con labio leporino que se folla a un perro. Una madre que es destripada por un obús. Un padre ausente al que se le da la mejor bienvenida que se le puede dar a un padre ausente y la mejor de las despedidas que no les pienso contar... Agota Kristof: ¿qué eres?, ¿un demonio?, ¿un extraterrestre?, ¿un ángel de perversidad?, ¿qué te hicieron?, ¿donde aprendiste a odiar así?, ¿dónde aprendiste a escribir sin pontificar, sin decir desgracia donde sólo hay desgracia, sin decir asco, donde sólo hay asco, sin decir rabia donde sólo hay rabia, sin decir amor donde falta el amor, sin decir mezquindad donde sólo hay mezquindad, sin decir abandono donde sólo hay abandono?


"Para mí la escritura es demasiado importante como para hacer algo que no me guste. Y no creo que me salga ya nada mejor de lo que escribí. ¿Para qué empeñarse? Tuve tres hijos y estuve casada dos veces. Nada de eso me impidió escribir. Quizás la fábrica... Ahora tengo todo el tiempo del mundo y no lo hago".

You Might Also Like

4 Deja un comentario

Maneki-Neco

Maneki-Neco

RADIO

FANS