Lluvia de panfletos

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poema underground: editorial AUC

Un panfleto es una tanga usada que todas las niñas se ponen y lanzan luego al piso, y que los hombres pasan luego de mano en mano, sin desaprovechar la oportunidad de olfatear un poco. No son nuevos, los panfletos, como no son nuevos los rectores de universidad que hacen listas y tratados para matar estudiantes.
Son tan viejos como la hipocresía y como la doblez y como el cohecho en Colombia.
Papeluchas, los llamaban en la época de Simón Bolívar.
Y al mismo libertador se las pintaban en las paredes de la catedral por los tiempos de la nefanda noche santanderina, llamándolo longanizo y exigiendo su renuncia. Panfletos se deslizaban bajo las puertas de las mansiones santafereñas y de los pueblos santandereanos y de las aldeas costeñas.
¿El propósito?
Va variando según la coyuntura: desde tumbar presidentes, hasta el más legítimo: acabar matrimonios.
Gabriel García Marketing dejó una novela costumbrista sobre esta moda nacional cada vez más latente: La mala hora.
En general, suelen redactarlos desempleados, estudiantes neoconservadores, gente cesante y sobretodo, analfabetos (que por no saber leer ni escribir se ven abocados a dictarlos a su más cercanos simpatizante, como al final veremos).
La etelequia, el fin último de estos libelos, es agudizar el chisme y el cotilleo más agudo, única contribución de Colombia a la historia universal.
Los hay de diversos tonalidades de refinamiento, desde los más vulgares que se centran en que el novio de sutanita anda comiéndoselo con el mozo de menganita, hasta el su
fragio que me llega cada mañana a la puerta de la mansión con esta noticia cada vez más simpática: descansó en la paz del señor el honorable bloguero Stanislaus Bhor, que en paz descanse. Y lo acompañan flores. Astromelias. Las más baratas. Pero a mí me encantan, amarillas, para la próxima, caballeros, y escojan padrinos y lleven las armas, que yo pistola no tengo.
En fin, soy coleccionista de panfletos. Los recojo de la calle, los corrijo, los clasifico y los voy poniendo en un tablero de corcho que tengo frente al ala occidental de mi biblioteca para acordarme en qué país estúpido se me ocurrió nacer.
Allí están, en mi estudio, frente al sillón de orejas importado de austria donde todos los días me evado de esta asquerosidad de nación, mientras le digo al retrato de Bernhard: aquí también todos, todos, son un hermosa partida de asnos imbéciles, mi querido Thomas.
¿El que más me gusta de esos panfletos? Tal vez el que recogí en una calle apestosa de Aguachica Cesar hace diez años: "si su hijo es sano, acuéstelo temprano; si es ladrón, cómprele un cajón".
El más llamativo, por sus tonalidades que resaltan el rojinegro anarquista, uno que recogí el año pasado en la plaza de la mariposa de San Victorino cuando la milicia urbana del ELN hizo explotar una bomba de pasquines. Está quemado en los bordes, como una esquela de quinceañera adornada con cigallillo, pero fue por culpa de la explosión. Lo que más me gusta es
que dice tantas tonterías que uno no sabe si están a arengando o se están rindiendo.
Dice que el COCE (comando central) quiere sentarse a negociar con el presidente de turno de Colombia.
Lo que no dice es a negociar qué.
¿Revolucionarios de un mundo arcaico que hacen señas, rendidos, ante un mundo moderno?
Colombia no necesita revoluciones. Aquí vivimos en una perfecta democracia. La tierra está bien distribuida. Los medios de información le pertenecen a los pobres, y dan la voz a quien no tienen voz. El gobierno cumple todas sus funciones constitucionales: da de comer a quien no tiene dientes, trabajo al desempleado, subsidio al matón, zonas francas al familiar caído en desgracia, educación a nuestros niños y brinda todas las garantías al excombatiente, un lecho y un techo donde descansar a los jóvenes más desorientados, como los de Soacha, y cosas así.
Es inútil seguir haciendo panfletos. Cuando los panfletos sólo sirven para ser coleccionados han perdido el poder de sugestión y se convierten en lo que en realidad son : filatelia.
¿El más ingenioso de mi colección?
No me lo van a creer: tiene cien páginas, en forma de libro, y dice en una de sus tapas: Constitución Política de Colombia.
Es el más divertido.
Empieza diciendo que "Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general"
Luego es más hilarante todavía:

"los fines esenciales del Estado son: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacifica y la vigencia de un orden justo".

Y aquí es donde uno se parte de la risa:

"Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares".


¿Ustedes no?
En panfleto más críptico de mi colección se llama Calendario de la victoria:


Lo trajo mi madre a casa allá por 1981. Mi madre, en toda su vida fue muy dada a estas aficciones como mi abuelo y mi bisabuelo, y finalmente me ha heredado su colección. Digo que el anterior es el más críptico porque las desgracias que auguraba el calendario no se alcanzan a detallar en la imágen de ese hombrecito discretamente bonachon, de frente ancha y curva que anuncia un cortex anplio como el de todos los mentirosos, de sonrisa tenue, casi sarcástica, casi ridícula, de monalisa, y que aun hoy no ha perdido tras dos tres décadas de pensión vitalicia el mismo enigma de su cara cada vez más pusilánime que se va a llevar a la tumba uno de los secretos mejor guardados y más importantes para la historieta de nuestras impunidades.
El panfleto del que más orgullo siento: el que llovió sobre Cali, Medellín y Puerto Boyacá el día que Pablo Escobar y asociados lanzaron desde helicopteros el grupo Muerte a Secuestradores. Y es mi orgullo, porque lo recogí yo, en brazos de mi madre, mientras llovían como mariposas sobre nuestro pueblo.

El más elocuente: la lista de mercado prohibido por el Ejército Nacional de la República Estúpida de Colombia prohibiendo los tomates y el arroz en El Carmen de Chucurí porque eran "insumos" para la subversión. 1988.

El que vale oro: el cartel por el que el gobierno de Sanclemente se le ponía precio a la cabeza del bandido Rafael Uribe Uribe y Grabiel Vargas Santos y Jose Rosario Díaz, comandantes de la revolución liberal en noviembre de 1899, a comienzos de la guerra de los míl días. Vivos o muertos. Cien pesos oros.

Lo guardó mi bisabuelo, que se lo heredó a mi abuelo, a quien se lo robé yo.
¿Quién da más?
El último que ha ingresado a mi colección apareció esta semana en predios de la Universidad Nacional, y es el que paso a comentar. Es el mismo panfleto que ahora ronda quizá la Universidad Distrital, la Pedagógica Nacional, los colegios del sur de Bogotá y el estadio El campín. Sí. Por chistoso que parezca en ese panfleto amenazan hasta a las barras bravuconas. ¿Será que a las nuevas AUC no les gusta el futbol?
Reproduzco in extensus 3 apartes que dibujan el perfil de quien hizo este manifiesto generacional con información exclusiva de Facebook.
En el siguiente aparte se puede apreciar el estilo, el tono y la fuente que es el libro Manual del idiota útil escrito por el hijo de Vargas Llosa y Plinio Apuleyo y demás tarados, dice:

"No creemos que la verdadera ideología bolivariana tenga como fin la dictadura del proletariado que es contraria a la actual dictadura de la burguesía: el sueño de Bolívar es la patria grande, no el socialismo. Los bolivarianos no pueden terminar siendo los idiotas últiles del comunismo y del neo marxismo".

¿Una patria grande y ubérrima tan extensa como una hacienda?
Menos mal que ya sabemos quién ha recogido las banderas de Bolívar.
(Porque el proyecto sigue en firme y la finca ya va en Mosquera)
Luego viene esta arenga aleccionadora:

"Ustedes los estudiantes son muchísimos más, no voten por los mismos subversivos de siempre. Rebélense a ver si esta escoria subversiva entiende por las buenas o por las malas. El domino fariano está maduro para disolverse y el fin de la dominación subversiva en la Universidad Nacional también será el fin de todos los pseudocomunistoides, capuchos, cierres y paros. Se afirma que los estudiantes no son terroristas y estamos totalmente de acuerdo, pero no hemos sido nosotros los encargados de crear este paradigma, han sido los terroristas que fungen como seudointestudiantes pseudouniversitarios que con sus "tropeles" y demás actos utilizan explosivos y armamento, todo esto dentro de la univeridad. ¿O es que acaso las AUC hicimos algún tropel o un distubio en las universidades?"

Pues no. Eso sí hay que otorgarles. Nunca hicieron tropel, porque para hacerlo se necesita antes que nada pasar el examen de admisión.
En la Universidad Nacional donde soy maestro emérito, esta lista negra es un éxito.
Lo impopular es no estar en la lista.
Por eso todos se buscan en sus líneas y si no se encuentran es porque algo anda mal. Seños de las neo AUC: Les faltó dejar la dirección del facebook para que inconformes y descarriados y todos los movimientos de un solo miembro se puedan suscribir y sentirse amenazados.
Las feministas, por ejemplo, están furiosas. No las incluyeron porque al parecer las nuevas AUC no matan mujeres.
Eso sí, se las follan.
Y me callo al respecto porque aquí me están alegando en tono panfletario que los libelos ha sido factor importantísimo para arraigar el machismo y la denigración femenina en esta mal llamada patria como para que ahora ni suenen ni truenen.
(Ay, mis niñas, hasta cuándo les va a seguir sangrando la herida.
!Hasta los cincuenta!
Por favor, no os desesperéis, eso es mogollón de tiempo para que las reconozcan como revolucionarias clitoridianas.
Yo no doy consejos, pero haré ahora una excepción:
!Escriban su propio panfleto! )

La lista de amenazasdos es extensa. No se salvan ni los emos.
Lo más paradójico es la amenazas a un grupo en facebook que no hicieron la revolución antifascista pero que al fin su sombra recoge las mieses de ser reconocidos como rebeldes.
Descollan sobretodo los alias que son avatares de Facebook: "chucho, chanchuchan, gabonobel, enamoradoanarco, guyguy, vikingo, la señora que fía tintos y su esposo (por sapos). Bla bla blá.

Pero la cosa empieza a parecer seria cuando incluyen a Carlos Medina Gallego.
¿Leí bien? ¿El mismo del Calor del tropel? ¿El de las inofensivas entrevistas al cura Pérez? ¿El celebrado autor de Magdalena medio, Autodefensas y paramilitarismo?
¿Celebrado por quién?
Celebrado por mí.
El mismo.
Cito:
"Fuera las ollas del vicio que embrutecen a la juventud."

Creo que quiere decir: sólo las AUC está autorizadas para llevar el monopolio del precio y la distribución de la cocaína y la marihuana en dosis aptas para la cordura humana.

Cito:
"En los barrios y colegios de las distintas localidades de Bogotá hemos invitado a los jóvenes para que corrijan ciertas conductas y a que no salgan de casa a horas indecentes."
¿Horas indecentes?
Esto se llama hipálage.
La usaba mucho Borges, pero la usaba bien.
Unánime medianoche, y cosas así.
Y otra literaria:
"Nosotros no decimos "ojo por ojo, diente por diente". No. Al que nos haga saltar un ojo le cortaremos la cabeza, y al que nos salte un diente le romperemos la mandíbula".
Yo diría que ahora todo el mundo se cree Rubem Fonseca.
Y hasta los que no leen se toman la licencia de robarle las frases.
¿Eso cómo lo llamaría Harold Bloom ? ¿La muerte del autor? ¿La posteridad en vida?
Y esta cita para terminar:

"Las AUC garantizan el orden. Con las AUC no hay peligro. No vote por subversivos, en caso contrario, no hay seguridad de que la Universidad continúe existiendo después de elecciones."

Un buen comienzo de campaña.
¿Pero de cuál candidato?
Si quiere aprender cómo se fabrica un panfleto tipo sufragio, el rector de la Universidad Industrial de Santander y un paramilitar se lo enseñan:





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