El gato bajo la lluvia, Ernest Hemingway

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Tenemos a un tipo que lee. Es decir, un tipo al que no le importa nada más que la próxima línea.
Ni siquiera su mujer.
Y, por supuesto, tenemos a la mujer del tipo que lee, que anhela tener el pelo largo, que alguien la mire, tener un gato, divertirse un poco y ser follada.
No olvidar eso: ser follada.
Tenemos, de fondo, a un gato esquivando la lluvia bajo la banca de una plaza italiana.
La descripción de la plaza con el gato y los turistas de paso y la estatua a los soldados de la última guerra y el agua que la lava la estatua y barre la plaza y va a dar al mar, es magistral. Sobretodo, cuando sabemos al final del primer párrafo que todo lo está viendo la gringa aburrida que se tiene la quijada en la ventana de un hotel.
¿No había mencionado el hotel?
Pues pasa en un hotel.
Cosa importante, porque dos tipos solos en un hotel nunca suman dos.
Hay un hotel, y en el hotel hay un padrón, o como se llame a los dueños de hoteles en todas las lenguas que son el español.
A la gringa de la ventana le gusta el administrador del hotel, le gusta su amabilidad, le gusta su deferencia, le gusta que la atienda, que le sonría, que la mire, y sobretodo le gustan sus manos (que observa por un instante cuando se decide a ir al rescate del gato bajo la lluvia, sí el del título.)
Pero el gato se ha ido para cuando llega la mujer. Entonces la dama vuelve a la habitación, deprimida, y le dice a su marido (que hace pausa en la lectura para oír la queja) quiero un gato y tener el pelo largo y una casa de verdad y una vajilla nueva y no vivir en un asqueroso hotel con un cabrón de marido que lee todo el día y jamás se la folla.
El tipo, sólo mira.
¿Entiende poco o mucho los arrebatos de su mujer?
La clave está en la siguiente línea: la acaricia con la mirada y dice: !oh, estás muy bella, querida!
Eso todo.
La gringa quiere que se la folle, y el tipo sólo lee y le dice que está hermosa.
Entonces tocan a la puerta.
Es una criada, que trae un enorme gato gris, de parte del padrón, "para la señora".
Ahí viene el final, y el comienzo de la otra historia, la que no se cuenta: que el padrón se nos come a la dama, don Hem, a ver si dejas de leer y pichas un poco.
Una historia de Hemingway son dos historias.
La que leemos y la que no nos cuenta.
La que no nos cuenta es la obra maestra.

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