Estamos en guerra y la estamos ganando

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La única guerra que están ganando los militares de Colombia es la de las palabras. Y la están ganando no sólo por los millones invertidos en la última campaña publicitaria para sanear su nombre podrido, sino por la complicidad del periodismo, de los andamios mediáticos desde los cuales se adoptan los eufemismos más cínicos como común acuerdo para luego ser manoseados sus significados hasta el desgaste, por televisión y radio y prensa.
La expresión “Falso Positivo” sigue en boga de editorialistas, de opinadores columnistas y de las declaraciones oficiales; sin embargo, cada vez se hace más esquivo su significado. El término surgió al conocerse el caso de jóvenes de barrios marginales que eran fusilados por el ejército colombiano y pasados luego como "guerrilleros caídos en combate". Hoy es una expresión castrense manoseada por todos, a la que cada día se amputa más su monstruoso significado y de paso se desdibujan sus absurdas consecuencias: en Colombia no hay un solo condenado por los fusilamientos del ejército, sólo hay “destituidos”.


Periodismo y profilaxis

Aparte de indicar el grado de descomposición que impera en la estructura jerárquica de un ejército profesional obligado a arrojar resultados (aunque sean bajo forma de crímenes), indica también algo peor: la impericia, la parcialización, el envilencimiento y el acriticismo en que vive la prensa colombiana (teniendo en cuenta que el lenguaje debería ser la salvaguarda de su oficio y su más preciada herramienta).
El periodismo, por supuesto, no son los periodistas; es una entidad platónica, por tanto abtracta, con ética, inquieta, suspicaz. Los periodistas son simplemente sus ejecutores. Según Chomsky el periodismo ya murió. Tal vez en Estados Unidos su propia voz sea prueba de lo contrario. Pero en Colombia, felizmente, como concepto el periodismo es un cadáver exquisito en cámara ardiente. El periodismo colombiano lo ejecutaron (lo mataron, lo comercializaron) las empresas que año tras año se han ido alzando con el monopolio de la prensa y la opinión pública. Los periodistas mediocres que siguen laborando allí, con impecables hojas de vida y el infaltable premio Simón Bolívar (concedido por sus empresas), son hoy los primeros damnificados de la falacia, consuetas de las más costosas mentiras que han contribuido a convertir una absurda expresión castrense en una convención vacía de significado, haciéndole el más grande favor a este gobierno avezado en la demagogia populista y enloquecido por la perpetuación en el poder como una hiena ante el hedor de carroña.


"Falso Positivo"


La expresión es digno engendro lingüístico de este gobierno, porque no dice nada. Ha hecho carrera en nuestra prensa avezada en la trivialidad, porque alude a un significado difuso, y por tanto no compromete a nadie. Es una expresión imprecisa, aislada, sin sujeto. No es el comienzo de una frase, ni un predicado; no es un nombre compuesto por artículo y sustantivo, ni es el nombre de una persona, animal o cosa. No dice nada de la víctima. No dice nada del asesino. Soslaya el acto; no indica una acción: no contempla un delito.
Son dos adjetivos que se anulan entre sí. Sólo serían aplicables en un universo difuso donde lo falso es positivo y lo verdadero negativo: un mundo sin lógica. La frase desdibuja lo que encierra. Usarla es desconocer al autor del crimen que debería espetar y desconocer los miles de asesinatos de lesa humanidad cometidos por ese ejército de Colombia que gana guerras asesinando a los muchachos de Soacha y (hoy lo sabemos) también de otros lados.


Un dialecto con ejército

En Colombia el lenguaje está militarizado. Los pocos medios de información que quedan han contribuido a ello recibiendo las declaraciones oficiales como verdaderas noticias. El más mínimo rebuznno (léase "declaración") captado a la puerta de los batallones y de los ministerios se transcribe fielmente sin ser sometido a un mínimo análisis, sin ser corroborados sus contenidos ni buscados para un debate de argumentos (no de opiniones) versiones contrapuestas. Es por eso que el término "Falso Positivo" ha calado y seguirá en boga hasta que una nueva profilaxis o una nueva tragedia le erradiquen definitivamente de la memoria inmediata.
En lugar de un término exacto que designe el crimen, la prensa asumió uno que lleva a una falsa referencia, a una falacia del significado.
Ninguna expresión podría ser más elocuente para designar lo que ha sido este gobierno y su política de enjuague con la que durante ocho años de poder (y la aspiración cínica de extenderse a otros cuatro o diez años más) ha convertido sus abusos en “seguridad democrática” y las privatizaciones en “inversión extranjera”. La expresión (si así puede llamársele a una que carece de toda estructura lógica) usada para borrar los crímenes de este ejército se lleva el laurel de los endriagos lingüísticos. Bazofia verbal. Demagogia. Mediante esa limpieza del lenguaje se intenta simplemente borrar el impacto real de cualquier noticia que empañe al gobierno y ponga en riesgo a sus prestigiosas "instituciones”, sí, las que hay que defender, las que hay que rodear... (para que no se escapen, decía Jaime Garzón).



¿Qué es un “falso positivo”?

1.Un aborto
2.Una adivinanza
3.Un batallón de élite
4.Un nuevo grupo paramilitar
5.Un significado en construcciòn

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