El falsario

7:22


O la fantástica historia de Arnaut Daniel, el poeta falsario provenzal, contada 800 años después por un juglar moderno nacido en el Chocó, Colombia, y llamado Maicolyason

A vel, mi ñelo: un juglal es alguien como la pinta esa del maicolyason, ¿sí lo conoce? ¿Qué no?, Pues se lo plejento, mucho gusto, maicolyason pa selvile en lo que sea bueno. Le voy a contal: lo que pasa es que el man quelía sel poeta, sí, mi pello, una pinta que mancha hoja y luego se va de lebusque por la lleca, pa los ballios tesos y ficha a los consoltes y se le acelca a la paleja y le dice a la pinta que ablaza el hembrón: ey, palcelito, mile pa ke pille y se luzca con la hembla, y saca la hoja y le engalza un poema, no noo nooo, que no es pal vicio, man, comoclee, es pa ayudal la cucha que ta enfelma en el ballio Juan Ley, sí, somo chocoano, pelo más pal nolte, pol lo lao de turbo, pelo conosco hajta calepa y cullulao, mucho gusto, me llamo Maicolyason, si, como el blanquiao ese que se murió el mes pasao en la yunaitiestés que em paj decance, es que a mi apá le gustaba mucho ese man, uy yu yui que detallazo, monito, hámbulguel, que lico, pelo no me diga que tiene cebolla, mi ñelo, polque no me la como, es que me da malaliento y usté jabe, el alientoegato no silve pa ejte oficio de juglal, pelo no se me ponga mojletón, pa que vea le voy a declamá uno de despecho, polque uno tambié tiene su colazoncito, lo esclibí en el patio cuatlo de la modelo, sí, me encanalon cuatlo año pol la masacle de la negla, pelo no se me asuste, monita, yo ya voy pola buena, diecisiete de cálcel, eso es pa que afine, así que aquí, pa toa mi fanaticá, le va mi despecho:

Malía
Esa cuca ejtá muy flía
Esas tetas ejtán caídas

Malía
¿Ya je te fue la manía
de andal con los policías
pa que te peguen una cogía?

Malía
Esa nalgas ejtán podlías
Me jan dicho que tienes hasta sía

Malía
No me jodas máj la vida
Pela malpalía

Y a uno le dan plata pol eso, cuñao. Eso ej un juglal. Alguien que come de too y no muele de hamble. Yo lecogía veinte mil lo día maj malo, sí, en el palque la noventa y tlés, donde viven los licos, donde vive el presidente. ¿Qué allá no vive? Pues debelía vivil puallá, poque allá es donde vive la hebra, loj pasofino, la gentelica, pelo hablemo de lo que vivimo: Alnau Daniel es el poeta del milenio, el juglal pol ejelencia. El tipo ela dizque plovenzal, sí, entle flancia y epaña, o yonojé, pelo después se fue a vivi a inglatella, que po entonce ejtaba gobelná pol ejta velga de man… licaldo colazón de león, je llamaba. Lesulta mi pello que Alnau no le gustaba hacé ná, ni ejtudiá ni ná, entoes je fue de pueblo en pueblo, cantando poema como lo hace el neglo Maycolyason, o sea yo, que mucho guto, que pa selvile en lo que sea, y cuando al fin llegó a la colte, otlo juglá lo desafió; sí, así como me ejtá desafiando vos, mi ñelo, a vel si yo soy capá de contal la historia del Alanau Daniel, pa ese bló… ¿cómo ej que se llama esa mondá?, si una hoguela pa ke alda goya, pue jépalo que sí, el Alnau ese tan honrao y mentao puelpoeta Dante, ela un vaciao, un zallapastloso, maltlajiado y aluinado puel juego de lo dao y de lo naipe, pelo el tipo no se amilanaba y entlaba a todas las discusiones con los tesos de la poyeisis, mi ñelo, de la puesía, el mancito nació en un castillo, el piligold, en lo que hoy ej jrancia, ejtudió letlas pelo las abandonó pol sel lible y juglal, en ejos tiempo sí que ela bueno sel juglal, mi ñelo. Ahola también, pelo la gente anda más pringá, poque dicen que uno e poble polque no quiele tlabajá, pelo tlabajá en qué, digo yo, Micolyason, pa selville, echal pal monte y calgal el galil selá. El Alnau ese vivió en el año mil ciento jejenta, o eso inventa la clonología, que en 1180 el mancito llegó a la colte de Colazón de León y el poeta principal de la colte se le puso al colte y se la puso al rojo, que él era puro blablablá, que su poema eran los piores, que si se le medía a un grifirrafe en plena colte, usté sabe, brodel, que todo lo del poble es robao, o plestao, o chiviao; el tipo, arrastrao y too, no se amilanó: Alnau je las daba de zorro y abejón y tenía olejas de chanchito, así que cuando el ley Licaldo los enjerró en el castillo pala piquelía del día siguiente el Alnau no halló mejol cosa que dejá su mente en blanco y dejá fluí su injpilación, pero su injpilación na que vino, y en cambio desde la cama oía el canto que venía del lao erecho, el poema que el otro mancebo, el poeta oficial de la colte iba camponiendo al otlo lao e la ventana, y a medida que pasaban las holas ná se le ocullió al poble Arnau, hasta que se le ocullió, ñelo: se craneó el canto del otro de tanto jodé y jodé con la lepetidera y Alnau se lo glabó en el dijco uro, de memoria, mi ñelo, poque así era lo poeta diantes, too lo tenía en la mente el poeta, poque los poetas de antes elan como aquí su servilleta, (Maycolyason, pa selvile en lo que pueda): se aprendían los poemas pa cantalos en las plazas y en la calles y regalalos a too mundo, no como ahora que toos quien figulá y que los publiquen en papel, tanta vanidá de banidades que se aplesuran y lo publican en intelné, sin métrica ni música ni ná de ná, y a eso dizque lo llaman poyeisis, ¿quiéle que le diga como je llama eso? Je llama cacorrá. El Alnau ese, al día siguiente, hizo que el ley Licaldo Colazón de León lo pasara de primero a la talima y entonces se burló del otlo, del poeta oficial, polque se le adelantó y declamó el poema plimelo, y el otlo, al oíl su poema en boca de Alnaut, se emputó, y tlató de bajalo a patás, y el Ley dijo quihubo palcero no te me cagués en el tapete, y Alnaut sólo se rio, y no dijo nada, y el poeta oficial dijo que ejte man ej un cagao, mi ley, que ejte man me tumbó la estrofa, palce, y el Ley dijo cóooomo y mandó enseguida a averiguá y cuando supo que era cietto casi se caga de la lisa en su tapete, al Alnaut lo subió en seguida al rango de poeta oficial de la colte y le dio la autoría del poema, y al otro… ¡pues que se lo piche un burro! ¿sí me entendió? Así ej como je acaban todas las vanidaes del ome, ome ¿qué tal la historieta? ¿Le gustó? ¿Sí? ¿Entons en qué quedamos, ome? ¿Me lo va a complal, el poemita, pa que le lleve a la hembra, ome, o se me va de niego?

Coda:

La transcripción fonética se ha mantenido en la columna anterior por motivos de ocio no remunerado que sólo conciernen al autor, pero bien puede ser comprendida cabalmente por cualquier lector desocupado que se tome la molestia de traducir del español vernáculo al español colombiano lo que allí le parezca oscuro, y relacionar luego con una parodia de Cabrera Infante en Exorcismos de estío. Sólo debe tener en cuenta cuatro cosas: los neologismos por permutación, o sincopados, como lle-ca, tienen equivalencia, en el español estándar de Colombia, en la palabra Calle. Las frases compuestas y unidas mediante sinalefa del tipo “comoclee”, “puelpoeta” deben leerse acentuadas y separadas: cómo cree- por el poeta.
Otro consejo esencial si quiere comprender a cabalidad la anécdota central del texto es ubicar un sonido fricativo alveolar (letra R) donde está el punto de articulación de la letra L; añadir la letra H, que no encuentre en palabras de consonante sorda como Ome, y la S en pronombres indicativos propios de africanos, es decir donde caprichosamente encuentre un sonido africado como el de la letra J (Ejte- léase: Este).
Por otro lado, si quiere leer la segunda versión de esta increíble historia sobre el mejor plagio de la historia de la literatura, o conocer la historia abreviada de la literartura juglar, o averiguar algo sobre el poeta más genial de todos los tiempos, celebrado por Dante Alhiguieri y Petrarca: Arnaut Daniel, nacido en provenza hacia 1150 y poeta de la corte del rey cruzado Ricardo Corazón de León y amiguísimo de Robin Hood, el príncipe de los ladrones, todo en español estándar, haga click en el botón “más información” (el de color azul o rojo) aquí abajo:

Arnaut Daniel busca un mecenas



Nació en el Peirigord, en el castillo francés de Ribeirac, (actual Dordogne) al suroeste de Francia en 1150. Estudió letras latinas, porque pretendía ser clérigo (la única profesión en el mundo que había entonces para un poeta) pero Arnaut no quería servir a Dios sino al coño, renunció a sus estudios y se fue de vagabundo por las cortes provenzales, donde sólo cosechó burlas y desprestigio y fama de ininteligible y obsceno, hasta que se decidió a buscar un mecenas, atravesó Europa y en un barco pesquero llegó hasta Inglaterra, gobernada entonces por Ricardo Corazón de León, hijo de Enrique II y Leonor de Aquitania, una brillante prostituta aristócrata que con el sutil ornato de su coño movió la corte de Francia e Inglaterra. Reina y amante de la poesía, Leonor fue una mujer casi perfecta: dama en la calle pero puta en la cama; en un momento en que mujer y poesía habían sido degradadas después de cinco siglos de oscurantismo eclesiástico a un escalafón más bajo que el que ostenta la mierda. Ella se apasionó, como sus antepasados, por la poesía trovadorezca y parió a un hijo con ínfulas de poeta y guerrero que se peleó con Saladino, que perdió a Jerusalem durante la tercera cruzada y que volvió a morir de la manera más ridícula en una pelea de borrachos: Ricardo Corazón de León, el mecenas con que soñaba el poeta trovador Arnaut Daniel. No es para menos pensar que un vagabundo trovador soñara con llegar a la corte de un soberano que muchos consideraban Rey Poeta. Ricardo Corazón de León amaba la poesía y a las mujeres, y eso le venía de familia no sólo por su madre Leonor, sino porque cien años antes, la poesía provenzal se la había inventado un antepasado suyo, Guillermo IX, duque de Aquitania, abuelo de Ricardo y padre de Leonor, quien después de fracasar en su cruzada a tierra santa envainó la espada para ceñir la pluma, y dedicó sus noches de impotencia a contar su providenciales batallas ganadas pichando en la cama (con lo que sería el primer poeta obsceno del que se conserven poesías licenciosas y magníficos símiles sexuales). Guillermo IX , además de libertino, garabateó sus poemas en una lengua vulgar, la de OC, fuente de otras muchas que se hablaban y se hablarían al suroeste del imperio romano: el provenzal, de donde salió después el valenciano, el catalán, el francés y el español. Entre Aquitania y Tolousse, donde nació Guillermo y Leonor, nacieron dos de las instituciones más poderosas de occidente: el amor cortés y la orden de caballería.
De allí provenía Arnaut Daniel, de Provenza. Junto a Guillermo IX y Leonor de Aquitania, Arnaut revitalizó la figura del juglar y de la mujer, y ambas abstracciones obtuvieron por fin un lugar en el mundo. Antes no. Antes de que Arnaut fuera a la corte de Ricardo Corazón de León, antes de las proezas sexuales de Leonor de Aquitania y las rimas obscenas de su padre impotente, los poetas y las mujeres no valían nada. Para entender que esto de ser poeta o mujer era de vida o muerte hay que comprender la época: el sol giraba entonces alrededor de la tierra, los negros no tenían alma, América clamaba en gritos sordos para que algún intrépido la descubriera y le pusiera nombre, no había fùtbol, ni ciencia, ni antropólogos y en consecuencia sólo existían tres estratos para la hez social: la aristocracia, la iglesia y la plebe. Un poco más abajo de la plebe, estaba situada la mierda y un poco más bajo de la mierda estaban situados los judíos y los moros infieles, y un poco más abajo de judíos e infieles estaban situados los trovadores, y un poco más abajo de los trovadores estaba situada la mujer. Si nacías judío te quedaban los reinos de Taifa y si nacías musulmán todavía te quedaba Bizancio o Egipto para refugiarte. ¿Pero a dónde podían huir los poetas y las mujeres? Lo más degradante y los peores crímenes de esa sociedad donde el 90 % de la población era analfabeta resultaban de esas dos contingencias: haber nacido poeta o haber nacido mujer. Si tenías la suerte de nacer mujer, sólo te quedaban dos opciones: el derecho de pernada y parir. Y, si nacías poeta, sólo te quedaban dos caminos: la abadía o el vagabundeo.
Para algunos era preferible el vagabundeo a rezarle a un Dios infame.
Para algunas mujeres era preferible la prostitución que el derecho de pernada.
¿Empalada o la barbacoa?, ¿cómo prefieres morir, blanca niña?
¿Al papa o a tu demonio, a quién prefieres servir, goliardo?
Entre dos males elige el mal menor.
Y eso fue lo que eligió Arnaut Daniel cuando se largó a Inglaterra.


El falsario

El día que Arnaut llegó por fin a la corte de Ricardo Corazón de León, convencido de que llegaba al reino gobernado por un poeta, encontró a una muchedumbre de estupidez unánime que le rendía pleitesía y aplausos desmedidos a los poemas flojos de un mediocre. Mala señal. Este mediocre era el poeta oficial de Inglaterra: un ilustre anónimo que pasó al porvenir como víctima del plagio más desopilante de la historia literaria.
Arnaut Daniel, que no era adulador y venía curtido de atravesar Europa a pie, entonó una de sus canciones eróticas (porque también prefería un estilo obsceno, al punto de decir que lo único que motivaba su canto era “aquella que tiene el alma de mi verga”, es decir, en vernáculo actual: la que me infla el banano) y el público respondió unánimemente, torciendo el oído y el morro en busca de la dulce melodía.
El poeta de la corte enfureció y lo retó, y Arnaut asumió el duelo con dignidad. Esa y las siguientes diez noches, encerrados en cuartos individuales, pero cercanos, cada poeta quemó las velas en busca de inspiración para vencer en la piqueria. Arnaut Daniel no tenía mucho por perder ni demostrar: una guitarra de cuatro cuerdas y un sayal y la uña de arrancar las notas de sus trovas y un par de sandalias; en su fuero interno creía que tampoco necesitaba demostrar nada para probar que era el creador genial de una rima novedosa llamada sextina que devanaría los sesos de la posteridad cuando el futuro le atribuyera su perfección a las matemáticas y a la cábala, así que prefirió jugarle una broma negra, negrísima, al otro, al poeta oficial de la corte quien por el contrario sí necesitaba mantenerse en boca de la plebe para poder dormir en paz mullido en su mediocridad.
Arnaut se acercó a la ventana durante diez noches y oyó y memorizo la canción que el contrincante repetía una y otra vez, y a fuerza de oír, la fue ronroneando, y a fuerza de ronronear la musicalizó de comienzo a final. El día diez, ante la corte presidida por el rey Ricardo, Arnaut Daniel eligió pasar primero al estrado y la sorpresa que se llevó el contendor fue espeluznante, porque allí, en los labios finos del goliardo provenzal estaba la letra y la música de su propia canción, la que el poeta oficial de la corte había compuesto con tanto esfuerzo durante diez noches; lo que le descompuso en el acto, y entonces el poeta oficial gritó que bajaran al falsario, impostor, ladrón de poemas, y el rey Ricardo, que tenía un corazón de león y una mala leche formidable, hizo averiguar la veracidad del asunto, y al enterarse de la broma, le pareció mangnífica, al punto de otorgar a Arnaut la propiedad del canto y de convertirlo así en poeta oficial de su corte:

“E.N Arnautz comtet li tot com era estat, e.l reys ac ne gran gaug e tenc so tot a gran esquern; e foro aquitiat li gatge, et a cascu fes donar bels dos. E fo donatz lo cantar a.N Arnaut Daniel, que di:
Anc yeu non l´ac, mas ela má.
Et aysi trobaretz de sa obra.”


(“Y Arnaut le contó cómo había pasado todo, y el rey recibió gran placer y se lo tomó todo a broma, y fueron liberados los gajes e hizo dar bellos regalos a los dos. Y fue otorgado el cantar a Arnaut Daniel, que dice:
Nunca lo tuve, pero me tiene.
Y aquí encontraréis su obra.”)
Arnaut Daniel, Poesías, por Martin de Riquer, Quaderns Crema, 1994

Por supuesto, el poema de Arnaut Daniel que se conserva no es el poema plagiado, sino aquel con que el poeta nos narra la anécdota: la poesía es el tema del poema.


Coda:

Para que la obra de un gran poeta sobreviva no se necesita ni de grandes tirajes ni de fama ni de popularidad ni de club de fans ni de amigos en Faccebook ni de nada de lo que inventaron para dispensar la gloria las poderosas tribus posmodernas. Lo único que necesita la obra de un gran autor es un gran lector. A veces basta con asegurarse un lector en cada siglo. De modo que con cinco lectores atentos y sabios, serás inmortal, por cinco siglos. Gracias a este viaje triunfal que hizo a Inglaterra, al provenzal Arnaut empezaron a conocerlo en otros reinos. De modo que su fama se extendió como una hierba exótica, pero amarga. Y aunque muchos lo denigraron por ininteligible y subjetivo, otros por demasiado obsceno y otros lo dejaron por fuera de las antologías, Arnaut Daniel consiguió lo que quería: dos fieles y atentos lectores que le garantizaron la gloria: Dante Alighieri y Francesco Petrarca.
El uno, inventor del amor (el concepto, no la moda), y el otro, el autor de La Divina Comedia.
Toda la poesía de los 8 siglos que siguieron está montada sobre Dante, Petrarca y sus epígonos, que suman más de ocho por siglo, según mis cálculos.
Bueno, “según mis cálculos” quiere decir prácticamente todo el mundo.
Y al decir “todo el mundo” quiero involucrar a todo aquel que valga tres cojones en poesía, desde el que reparte poemas de amor en las esquinas por una moneda, hasta los seguidores abstrusos de Ezra Pound. Todos están en deuda con Dante, o con Petrarca.
Pero, sin saberlo, todos están en deuda con ese poeta provenzal que atravesó Europa y el atlántico para robarse un poema y acuñarse una cuota de gloria: Arnaut Daniel.
Buscad el libro y allí encontraréis la historia.

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