2046, de Wong Kar Wai

6:38


¿Las ven?
Todas pálidas.
Todas adoquinadas con vestidos de Etamina, Velo y tul. Todas mal amadas.
¿Qué pasa, qué es lo que nos cautiva en esas muñequitas orientales, cadavéricas, que pasan ralentizadas al son del cha cha chá, que nos muestran su puño enguantado de negro y sus zapatillitas (debería haber una enfermedad que consista en la fijación que tienen algunos artistas por los zapatos y los pies de las mujeres como la que tienen Wong Kar Wai y Flaubert, digamos), sus deditos de los pies, pintados de carmesí, sus clavículas huesudas, sus espaldas rectas de sífilis, sus carteras de mano, sus pechos mínimos, sus magníficos vestidos como ya no se ven.
¿Qué es lo que atrae en estas muñecas chinas desvalidas, tan similares todas en sus boquitas coquetas y desmaquilladas, como si el único problema de su mundo exiguo fuese que nadie las amara?
No lo sé.
En las películas de Wong Kar Wai hasta las que se enamoran son putas.
Viven como putas.
Se visten como damas.
Y cobran como mendigas.

2046, de Wong Kar Wai

Wong Kar Wai es famoso en todo el mundo por haber hecho de la historia sentimental de china un melodrama latinoamericano. Es decir: por haber llevado la telenovela al cine. Tendría varias razones para detestarlo, por melodramático y lento y aburrido, pero pesar de que producen sueño, sucede que las películas de W K W suelen tener dos de las cosas que más me gustan, me interesan y me inquietan en esta miserable vida: Boleros, escritores y mujeres. Los boleros que usa W K W deben ser la cosa más extraña y exótica para un oriental, a pesar de que son rarezas hasta para el caribeño actual. Uno de los boleros más hermosos que se hayan compuesto jamás se llama Siboney. W K W utiliza una versión de Siboney como leimotiv sonoro en su película 2046. No utiliza, desafortunadamente la versión de Rita Montaner, una cubana que bien podría figurar en una de sus películas (para contrastar con las pálidas). Por el contrario, usa a una versión espuria en voz de una intérprete de otra lengua que canta el español como Shakira (que canta en inglés sin hablar inglés), pero aun sorprende el efecto de dilatación que ofrecen esas muñecas chinas paseándose ralentizadas con cha cha chá cubano al fondo. El protagonista de 2046 es un escritor fracasado en la pluma pero triunfante en la cama. Siempre compensa ser eso: un fracasado en la pluma y un follón en la cama. Antes de ver 2046 de W K W, suponía que en cine era imposible transmitir algo que llamaré hoy para joder un poco y refregarles mi doctorado, partenogénesis de la creación. Lo creía ciegamente: que era imposible mostrar en cine el instante de la creación literaria. Ni Jack Nicholson en El resplandor de Kubrick, ni la Kidman en Las Horas, ni Apú en la trilogía de Satyajit, ni Mastroiani en Noches Blancas de Visconti, ni los diversos Paul Auster en las películas de Paul Auster, ni en el documental de Chavarri sobre los poetas Panero, ni en el de Luis Ospina sobre Vallejo, ni en las toneladas de películas sobre escritores que he visto, había notado nada tan convincente al respecto. ¿Imposible llevar al cine la veleidad creadora? Estaba equivocado. Transmitir en cine, es decir: llevar al plano externo un aspecto del mundo interno, el acto creativo literario, es la cosa más sencilla del mundo. W K W lo hizo muy a su estilo, usando clouse up, tal vez para no alejarse de ese ambiente doméstico y asfixiante que logra siempre en sus melodramas.
Simplemente le basta con mostrar la mano que empuña la pluma sobre una libreta.
En seguida: Fundido a negro.
Luego un subtítulo que anuncia: “Una hora después…”
Enseguida aparecerá la misma mano, en la misma posición de una hora atrás, sin haber escrito una sola línea en el cuaderno.
A continuación, nuevo fundido en negro.
El letrero dirá: “10 horas después...”
Luego veremos únicamente la punta de la pluma, más cerca de la hoja, y un ligero brillo, porque tras diez horas de ocio el sol habrá hecho su traslación indiferente a que los escritores no tengan musa.
Hasta aquí, el que no entienda que de aquello precisamente se trata la escritura, más le valdrá que apague y duerma, porque W K W no tiene nada por decir a espíritus incapaces de cooperar.
Aun menos les dirá el siguiente cuadro que a otros desconcierta: la pantalla vuelve a fundirse en negro y en la penumbra vuelve a aparecer otro letrero aún más descorazonador que anuncia:
“100 horas después…”
Entonces veremos la mano que empuña la pluma, a la que ha de añadirse ahora la boca del escritor abismado, mordiéndose el dorso.
Sólo que esta vez, sin duda, la mano empezará a moverse. Casi imperceptiblemente, pero se mueve: la obra ha empezado a surgir.
Así se escribe, según Wong Kar Wai.
Lo que demuestra una vez más que la verdadera fuerza del escritor está en las nalgas, no en la cabeza. Aquel que logre mantenerse cien horas al asecho de una coma (y luego quince más para decidirse a quitarla, tendrá la obra cogida por el cuello, y la raya del culo borrada).
Las mejores ideas, en literatura, nacen en estado de aburrimiento.
Las mejores películas de W K W, también.




Si quiere seguir cuadro a cuadro y saber de qué va esta aburrida película, pinche Más información
(el botón rojo o azul:)



“Era escritor y pensaba que escribía sobre el futuro. Pero realmente escribía sobre el pasado. En su novela, un misterioso tren sale de vez en cuando hacia el año 2046. Todo los que iban en él tenían la misma intención: recuperar su memoria perdida. Se decía que en el 2046 nada cambiaría. Nadie sabía a ciencia cierta si era verdad, porque ninguno de los que fueron, volvió jamás. Excepto uno. Estuvo allí. Eligió marcharse. Quería cambiar.”


Vendería más si el cartel dijera la verdad: que trata sobre cuatro prostitutas en un hotel de mediopelo en una ciudad indefinida que bien podría ser Hong Kong. Que una de esas, la viuda negra, es una ludópata que siempre usa guante negro y que enviudó de un rico filipino y se marchó a Hong Kong con ayuda de su amante escritor. Que la otra puta es esquizofrénica, hija de un chino, enamorada de un japonés, y los chinos desde la segunda guerra mundial cuando llovieron pulgas infestadas de peste bubónica odian a los japoneses, salvo si son ricos. Que la tercera es una putica antojadiza que se enamora de un escritor que vive en la puerta de al lado de su hotel. Y que la última, o la primera, qué más dá: la sombra omnipresente en las películas de W K W, la puta juzgada en ausencia, es la mujer que el escritor venera, y que lo ha dejado.
Cuatro putas y un escritor, los protagonistas.
Quienes hayan visto Esperando amar, o los tres cortos-largos dirigidos por Antonioni y Soderberg y W K W, recogidos bajo el título de Eros, o cualquiera de las películas de W K W por separado, podrán verificar que los rasgos de su estilo son los mismos de las telenovelas mexicana, los culebrones venezolanos o colombianos pero llevados a la sordidez de Hong Kong. Para generar los ambientes saturados de sus películas además de musicalizar todo con bolero y cha cha chá y ralentizar la imagen de la mujer al paso cuando los pone, WKW se convierte en el abuso de los tacones, de las carteras, del primer plano, del clouse up, del plató, del verde y del rojo, y de la lasitud. Nunca hay exteriores. Todo lo más habrá una ventana con el perfil de una mujer asomándose por ella, o un balcón, o una calle vacía. Y es que otro rasgo del estilo de W K W es que todo se puede fingir en el cine, hasta el futuro, hasta la ciencia ficción, siempre y cuando no salgas de las paredes y los pasillos de un motel. Para simular el año 3000 basta con meterle un bombillito en la boca a una de esas chinitas que parecen salidas de un manga japonés y un hilillo de rímel para que brillen los labios y tres focos que deslumbren la cámara. Todo se puede hacer en una habitación. Todo. Hasta el pasado. El pasado y el futuro grabados en habitaciones asfixiantes o en pasillos oscuros o prostíbulos jaraneros.
2046 es la historia de un tren al igual que la cinta llamado, que vende recuerdos en el futuro. Además es la historia del escritor que escribió un libro titulado 2046, que trata sobre un tren adonde la gente va a hacer turismo con sus propios recuerdos. Dos tontas historias en una. Narrativamente, podría pensarse que otra cosa que marca la diferencia en el melodrama de WKW de todos los otros melodramas que en el mundo han sido, es que sabiamente a los suyos los enrarece apoyándose en la digresión y en la armonización de dos historias paralelas que se juntan con Flash Back y Fast Forward sutiles, cortes abruptos y saltos de tiempo que hacen de sus películas algo aparentemente muy profundo, y en esos giros suele perderse el espectador menos atento.
Aunque la historia del escritor es la verdadera en esta película, en realidad la del tren la complementa a pesar de ser un pretexto futurista para imaginar cómo la vida de un hombre se traspone en un libro, y sobre todo: para demostrar que se puede hacer ciencia ficción sin gastar un solo dólar.
Para un espectador de sueño pronto, como somos mi mujer y yo, las de W K W son películas que adormecen y arrullan. Por no decir la verdad: que son aburridas. Sin embargo, son películas que debemos ver y revisitar, y a la tercera vez, quizá, empezaremos a entender.
No sé si eso le pasa a todo el mundo, pero si a ustedes les pasa que a la tercera vez de ver la misma película de W K W siguen preguntándose por qué hay dos personajes tan parecidos y no se han dado cuenta de que es la misma actriz desdoblada en otra, habrá que hacer como los libros de Faulkner: leerlos cuatro veces.



2046, el melodrama

Es simplemente el número de la habitación del hotel en que vive un escritor y donde tuvo un romance de una noche con una mujer que le recordaba su pasado. La historia cronológicamente empieza hacia los años 60s del siglo XX. En ese tiempo el escritor se enamoró de una mujer, en Singapur, pero un día la mujer lo abandonó como a un perro, y el tipo, escritor al fin, huyó de Singapur con la única duda que le corroía el alma: la de no saber si lo habían amado, o no.
Verdadera tragedia esa, para los personajes de Wong Kar Wai: saber si son correspondidos o no. Yo tengo una solución para los que sufran del mismo percance: si se tragaron tu semen, te querían, y ya nunca te olvidarán.
Pero no olviden que fue Ulises el que olvidó al perro.
El tipo se marchó de Singapur, lejos de su pasado y vivió feliz de escribir en los periódicos y del amor barato con las putas de Hong Kong.
Corrijo: Feliz no, porque la película sería mala. Y es buena.
Hong Kong no, porque todo ocurre en los corredores de un motel y en un salón de juerga.
Una de esas noches de juerga, nuestro escritor encuentra entre las putas que frecuentan el lupanar a una idéntica a la mujer que amó (otro abuso de los desdoblamientos de Wai) y la asedia. Le cuenta la historia de su vida y la mujer se lo lleva a la cama, porque todas las mujeres de china según Wong Kar Wai son putas y si les cuentas una historia que de veras las deprima y entristezca entonces te llevan a su cama y te consuelan por una noche y te hacen feliz y no te cobran.
La mujer vivía en la habitación 2046, no olvidar eso. Dos días después, el escritor vuelve al hotel para contarle de nuevo otra maravillosa mentira y recibir a cambio otra noche de consuelo, pero según el dueño, allí no vive nadie. El escritor quiere alquilar el cuarto, pero el dueño se niega. Lo aloja en la de al lado. Por un agujero, el escritor espía y se da cuenta de que a la tipa la ha matado un amante celoso, a puñaladas. Así empieza, al menos, el melodrama.


2046, dignificaciòn del cliché

Ahora imaginemos por un instante que el amor es una larga hilera de gente que se enamora de la nuca del que tiene al frente, pero ninguno de los que está en la fila se voltea nunca para corresponder al que tiene atrás. Así Wong Kar Wai. El escritor protagonista de la película fue abandonado por aquella a la que miraba su cerviz. Nunca olvidó esa nuca, pero ella sí. Así que decide olvidarse de todo, se olvida de Borges que pensaba que la mejor venganza es el olvido, y le dedica a su ingrato amor una forma de venganza bastante común dentro del gremio de los escritores malheridos: recordar. Venga la afrenta de la amante escribiéndole un libro: la historia de un tren de turismo llamado 2046, como la habitación del hotel, donde la gente va a recordar lo que ha olvidado, a condición de no tener más vida, en el futuro.
¿Sorprendente? No me lo parece. La estrategia y el éxito de Wong Kar Wai consisten en la dignificación del cliché. No olvidemos que para hacer hoy un estilo hay que unir una sarta de gustos malos. Cliché es la historia del libro. Y cliché es la historia del autor. Pero hay algo novedoso en el modo como es contado el cliché en esta película que no lo es.


2046, pasado -no futuro

Mientras escribe el poco originalísimo argumento de su libro, nuestro escritor se dedica a follarse a todas las vecinas de su hotel en la 2046. Un escritor bastante suertudo.
No cuenta, sin embargo, con que la vecina del cuarto de al lado, el 2047, se enamorará de él. Y es que las putas de W K W tienen un corazón muy frágil, además de unas piernas demasiado ligeras que se abren a la más complaciente sonrisa.
La puta se enamora de nuestro escritor, y como los escritores aprenden escribiendo cómo no debe ser la vida, él , mientras escribe, aprendió la lección de no andarse por ahí enamorando de las grupas delanteras, ni de las putas, sino de dar la vuelta y mostrarle el puño a la de atrás, que en su caso no es el puño sino una sonrisa entre cínica y cómica, o bien: la verga.
Creo que así nace todo aquel método paranoiconemotécnico que el escritor llevará al absurdo en el argumento de su estúpida novela: recobrar a su amante en el cuerpo de otras a las que no ama y que humilla con galantería.
Otro rasgo de los melodramas de Wai: a pesar de ser feos, sus personajes son galanes. Actúan como galanes. Ponen pecho de palomo, culo de pato y mirad de águila.
Sin embargo, hay un contraste: a pesar de ser galanes, los personajes de W K W actúan como gañanes.
Finalmente el escritor termina el libro y busca a su primer lector: la hija del dueño del hotel que le manda a decir que cambie el final, porque es cabronamente triste. El tipo dice qué verá si puede hacer algo. Entonces ocurre la escena del escritor que no escribe, con que comienza este clase magistral de crítica cinematográfica, y que gracias a mi generosísimo ocio no remunerado van a apreciar ustedes cuadro a cuadro a continuación:


2046, el final

Al fin, si no nos hemos dormido, asistiremos a dos finales: el del libro que escribe el escritor en la película y el de la película en que actúa.
Es decir, para ser confuso y desmadejarles con la misma pita el enredo de W K W: el final del escritor perdido es la expurgación del fantasma de su amante en la misma habitación 2046 del hotel donde mataron a la que tanto se le parecía y el final del libro futurista sobre un tipo montado en el tren 2046, enamorado de un androide idéntico a su antigua dama, que se obstina en volverla humana sin conseguir contestar a la pregunta planteada ya hace treinta largos años por Philip Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
He dicho que sólo hasta la tercera vez es que puedo saber si entendí a Won Kar Wai.
Esta es la segunda.
Y he vuelto a dormirme.

You Might Also Like

4 Deja un comentario

Maneki-Neco

Maneki-Neco

RADIO

FANS