Flores para Kut Vonnegut

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Siempre he creído que los más ácidos de los escritores nacen en el lugar y en el cuerpo equivocado. Su ironía, su manía incontrolable de hacer chistes con el dolor ajeno y sus contrastes exagerados surgen como reacción a este inconformismo. Kurt Vonnegut era la excepción. Sus chistes ácidos surgen de haber nacido en un lugar aparentemente privilegiado. Solía decir de sí mismo que era un fiel demócrata norteño delineado como Franklin Delano Roosevelt, amigo de los duros de clase obrera, pero que si llegara a encontrarse con un bebé neoconservador por el camino no dudaría jamás en llevárselo a un hotel y sacrificarlo en una misa negra (risas). Sus palabras lo pintan de cuerpo entero: Era un humanista. Era un escritor. Era un payaso (risas). A pesar de vivir en un país donde la sabiduría, el humanismo y el saber se habían convertido en un negocio poco rentable, se hizo con una disidencia del oficio del payaso: escritor. (risas) Al parecer nació con una sonrisa marcada y eterna, con mostacho de bucanero y flaqueza eléctrica, a pesar suyo, en un país donde hasta los pobres eran obesos (risas). Un 11 de noviembre de 1922 (Escorpión). Al norte del norte. En Indianápolis, Indiana, un lugar con automóviles, orquesta sinfónica y un hipódromo. Allí, nos cuenta en sus memorias cifradas (Payasadas), su familia numerosa tenía muchas posesiones: casas cómodas, sirvientes leales, montañas de porcelana, cristal y vajillas de plata; tenía también cabañas en el lago Maxinkuckee, donde prácticamente eran dueños de un pueblo de veraneo, y tenían algo de lo que muchos indianos se preciaban: reputación. (risas) Para hacer más graciosa y verosímil la comedia, cuando fue grande y célebre se hizo nombrar presidente de una asociación de amigos de la ciencia ficción que en el pasado había presidido Isaac Asimov (risas) y que se dedicaban al noble ejercicio de denunciar los crímenes científicos y la filantropía. En la segunda guerra, peleó del lado de los buenos, pero cayó en manos de los malos (risas). Era paracaidista y cayó detrás de las líneas nazis. Por tal razón fue encarcelado en la ciudad de Dresde y puesto bajo tierra en las cómodas instalaciones de un matadero (risas). El 13 de febrero de 1945 fue llevado a dormir al matadero antes de la hora acostumbrada, porque había amenaza de bombardeo inglés. Cuando salió a la superficie, todos los 120 000 habitantes de Dresde habían muerto y tenían la apariencia de un plato delicioso afamado en su tierra y llamado barbiquiú. En Dresde sólo quedaban cuatro guardias alemanes y cien prisioneros aliados. Los guardias, ante la evidente superioridad numérica, bajaron las ametralladoras y empezaron a llorar, y él y los demás presos los abrazaron en un gesto fraterno y no podían explicarse lo que había ocurrido: sólo sabían que adentro de su sótano esa noche hizo un poco de calor (risas). Ahora eran libres, habitantes alienígenas viviendo en el cráter lunar que quedaba en el lugar donde debía estar una de las ciudades más bellas de Europa. Dresde había desaparecido. Era libre, por fin como pediría años después un cómico líder negro, ¡libre, al fin!, ¡somos libres por fin! (risas). Después pasó cuarenta años tratando de describir lo que vio ese, su primer día de libertad y tratando de averiguar la verdad del bombardeo. Aparentemente, lo consiguió en una magnífica novela: Matadero 5, o la cruzada de los niños (risas). Pero no hablemos de curiosidades gastronómicas. Era un tipo modesto.
Sus mayores admiraciones recaían en Laurel & Hardy, el gordo y el flaco, los dos cómicos del cine mudo venidos a menos por el sonoro, que no parecían muy aptos para sobrevivir en un mundo de palabras y tecnicolor. Vonnegut, tampoco lo estaba. Cosa de payasos, de clows, porque la gracia del clown radica en querer que todo salga bien aunque todo apunta precisamente a que fracasará. Y fracasa. Pero el clown se obstina. Y no le importa. Y ahí tenemos a Laurel & Hardy llevando una vez más el piano, o lo que queda del piano, a la colina (risas) y a Vonnegut publicando otra novela o lo que en apariencia es otra novela. Obstinado, sí. Eso era Vonnegut. De otra forma no podemos explicarnos cómo pudo escribir tantas maravillosas obras como un retrasado mental (risas).
Si algún muchacho se le acercaba para pedirle un consejo en la vida, el viejito bonachón le decía que si no tenía el coraje suficiente para hacerse homosexual lo mejor para avergonzar a una familia era hacerse artista (risas). Tenía un pelo flamígero, como sus ideas. Escribía libros de un humor ácido que si le quitáramos la ironía parecerían escritos por un retardado mental (risas). Pero no nos equivoquemos, los retardados son los lectores (enrarecido silencio). Libros que tienen nombres tan raros en inglés como en español: Cat´s Cradle, Jailbird, Galápagos, Slapstik, Birlibirloque, Timequake. Matadero 5, Cuna de gato, Desayuno de campeones, Payasadas. (nuevas risas)
Murió el 11 de abril de 2007. (carcajadas)
Paz en su tumba.
(Zarabanda de aplausos, cae el telón, el teatro se incendia y el público muere calcinado)

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