¿Blaise Cendrars, o Fréderic Sauser?

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Blaise Cendrars era el seudónimo. La explicación que daba para adoptar un heterónimo era sencilla: decía que le encantaba el misterio; que uno de los mayores atractivos de pertenecer a la Legión extranjera en una guerra francesa era la de poder alistarse bajo nombre falso, y mantener en secreto el verdadero. El nombre incógnito de Cendrars era Fréderic Sauser-Hall. De nacionalidad suiza. Todo empezó en vísperas de la primera guerra mundial:
“El 29 de julio de 1914, dos días antes de la declaración de guerra, firmé con Riccioto Canudo, el entusiasta y romántico discípulo de D´Annunzio, un Appel que apareció en todos los periódicos de París y tuvo una gran resonancia.”
Era el documento de alistamiento en un cuerpo de voluntarios que habría de hacer leyenda: La Legión Extranjera. Lo fundaban, no porque Cendrars y Canudo odiaran Alemania, sino porque amaban demasiado a Francia.
Si usted pasa un día por la biblioteca de parís (la de verdad o la virtual), el folleto se puede consultar bajo el rótulo: Les engages coluntaires éstrangers dans l´Armée francaise. “Allí aparece el nombre Blaise Gendras, con la errata de la G en lugar de C. Había firmado el manifiesto con mi nombre de poeta”.
En realidad, los primeros libros firmados por ese poeta desconocido convertido en soldado voluntario fueron: “Séquences, París, 1912, Editions des Hommes Nouveaux, Les paques á New York, 1912. Le transiberian (un volumen en colores 10X36X2 metros, edición única, llamada “primer libro simultáneo” cuya tirada alcanzaba la altura de la Torre Eiffel -300 mts-, Editions des Hommes Noveaux, París, 1913”.
Todos de poesía.
Los escritores de heterónimo son los más tristes de todos: se desdibujan para crear una ficción de su propia imagen, y al final la creación sabe más que la vida; al final, el inventado es más real que el otro, y ya no hay vuelta atrás.
Blaise Cendrars no será más Fréderic Sauser-Hall.

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