Shopping mall & Biblioteca Julio Mario Santo Domingo

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Este es otro ejemplo de gloria fácil (como la de Pepe Sierra que hoy es una avenida y ayer un millonario bogotano). Dicen que es una biblioteca. Que para Bogotá. Que para los pobres. Que cortesía filantrópica de un magnate. Que en los inicios, don Julio Mario Santo-Domingo soñó con ser escritor, pero se decidió sabiamente por ser millonario. Que sus pinitos como cuentista los hizo con el grupo de Barranquilla, donde aprendió lo que aprendió García Márquez y Álvaro Cepeda, que blablablá.
Permítanme aguar la fiesta: la amistad de Santo Domingo con el grupo de Barranquilla era una excusa para pagarse unas cuantas borracheras adolescentes. El mismo Alfonso Fuenmayor dice en Memorias del grupo de Barranquilla que cuando alzaba la vista al cielo y veía un jet con propulsión a chorro no dejaba de preguntarse a dónde iba esta vez Julio Mario Santodomingo. Y del otro mito (que el grupo era una tertulia cultísima) por suerte ya sabemos la verdad: que se reunían para sortearse a las putas.
Dicho lo cual vamos a visitar la biblioteca que le donó a Bogotá y lleva su nombre. La que promocionaron como mega construcción para los pobres de Suba. Se encuentra en la 170 con carrera 59-74, al norte de Bogotá. Lo primero que podemos notar por la posición es que está junto al colegio Marymount, donde no estudia ni un solo pobre de Suba y sí las niñas lindas y ricas del Chicó. Midiendo el mapa (ver google earth), queda en la frontera de la localidad de Suba, un pueblo asqueroso que se está engullendo el distrito Bogotá, y la frontera de los barrios ricos: Laureles, Chicó. Específicamente entre la localidad de Suba (pueblo de pobres) y de Usaquén (condominio de ricos). Si usted hace la prueba y toma un bus a Suba, llegará aproximadamente en media hora al shopping mall. Si va a pie, desde el Chicó, o de Laureles, llegará en quince minutos. Cinco, si va en carro y poco tráfico. Pero no se preocupe por visitar en carro una biblioteca para pobres: las dimensiones del estacionamiento dan la medida de la donación de don Julio: capacidad para 400 vehículos. Los pobres de Suba tienen un gran estacionamiento, sólo que no tienen carro, para eso está el bus de transmilenio. La sala general tiene capacidad para quinientas personas. Excelente. Podemos decir que el centro comercial Julio Mario Santo-Domingo espera más visitas de carros que de lectores.
Hay que agradecerte, don Julio, porque es demasiado regalo, demasiado amor por esa, la Colombia asnal. Creo que el aporte cultural más importante al arte nacional lo hiciste no cuando eras dueño de la red de bancos ni de los aviones ni de los periódicos, sino cuando eras dueño de tu espléndida cervecería: la cirrosis de miles de artistas fracasados que se hubieran podido hacer ricos como tú si no se hubieran dedicado al arte. Tú, que sabes que el futuro de la humanidad se puede explicar con un montón de multiplicaciones y divisiones, seguramente nos diste la más aleccionadora sapiencia con tu ejemplo: la mejor forma de hacerse rico es heredando.
Gracias por tus donaciones y por tus enseñanzas, don Julio.

"Julio Mario Santo Domingo es, según la revista Vanity Fair, uno de los hombres más influyentes del mundo, pero según sus críticos podría también clasificar para la galería de los más soberbios.
Empecé a interesarme en la historia de Julio Mario Santo Domingo en 1995. En ese entonces vivía en Miami pero tenía que viajar bastante a Colombia, parte del territorio que cubría para el Wall Street Journal. Durante uno de mis viajes, una tía bogotana, amante de los toros, me contó un incidente fascinante que había presenciado: el día en la plaza de toros de Bogotá cuando el público "cachaco'' (del interior de Colombia) humilló públicamente a la persona que la mayoría de los miembros de las clases ilustradas consideraban más poderosa del país.
Paso así: César Rincón, un torero patrocinado por cervecería Bavaria, la empresa líder del Grupo Santo Domingo, quizo dedicar un toro a un alto ejecutivo de Caracol Radio, otra empresa importante del grupo. Pero su gesto no encontró simpatías. Todo lo contrario. El público, como si estuviera compuesto por antiguos romanos en un balcón del coliseo, empezó a chiflar. Y de repente, se empezó a oír un coro singular: "¡le-o-na!,¡le-o-na!"
Y no era cuestión de preferir leones a matadores. El público taurino estaba mostrando el disgusto generalizado hacia Santo Domingo al corear el nombre de una cerveza recién lanzada al mercado por su gran rival, el también plutócrata Carlos Ardila Lulle. Fue un día memorable para Ardila. De la plaza de toros lo llamaron amigos por teléfono celular para que oyera al público rugir por su cerveza. Se decía en Bogotá que el magnate había llorado de la emoción.
¿A qué se debía el disgusto del público? A juzgar por lo que me decían, una de las cosas que ofendía a los espectadores era la arrogancia suprema que irradiaba Santo Domingo. Proveniente de una familia rica, era percibido como un potentado distante, demasiado aristócrata. Miembro del jet-set, pasaba casi todo su tiempo entre Nueva York y París. Sus llegadas a Bogotá eran pocas, fugaces y misteriosas. Había sido embajador de Colombia en China y habia traído, como recuerdo, un bote Junk estilo chino que usaba cuando visitaba su isla privada cerca de la ciudad de Cartagena de Indias.
En ese momento se sentía que Santo Domingo se estaba convirtiendo en el dueño de Colombia. Bavaria, una de las compañías más grandes del país, era un monopolio virtual de la cerveza. Pero además tenía un conglomerado de negocios que incluía una participación mayoritaria en la aerolínea Avianca y Radio Caracol, la cadena líder en audiencia.

Su control de la radio así como de una cadena de televisión y un semanario, le daban una influencia enorme sobre la política del país. Pero su poder político también surgía del gran monto de contribuciones que daba a congresistas y políticos. Algunos analistas pensaban que Santo Domingo era la fuente más importante de financiación de la política colombiana. (Irónicamente, Miguel Rodríguez Orejuela, el capo del cartel de Cali hoy encarcelado, fue grabado durante las elecciones presidenciales del 1994 quejándose de lo pedigüeña que era la campaña del entonces candidato liberal y eventual vencedor Ernesto Samper. ¿Por qué le pedían tanto a él, dijo Rodríguez Orejuela, cuando Santo Domingo aparentemente estaba pagando los gastos de la segunda vuelta de la elección?)"
Ver artìculo completo de José de Córdoba sobre Julio Mario Santodomingo.

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