Gallina y el otro, Carolina Vivas

8:12

Pueblo Bello, Abad Colorado
La escena ocurre en cualquier lugar: el grupo armado llega al municipio más pobre de la zona. Traen megáfonos, machetes, motosierras y fusiles, e invitan cortésmente a la población a reunirse en la plaza. Hay gente que sale por miedo, hay gente que no sale, también por miedo. Así lo cuenta un testigo ocular: “a las dos de la tarde anunciaron a la comunidad que les concedían 5 horas para salir. Tan sólo unos minutos después empezaron a degollar a todos los que aparecían inscritos en una lista”. La lista. La famosa lista. El que está en la lista, se muere.
¿Cómo se puede hacer teatro con una lista negra paramilitar?

EL MORENO: ¡Emperatriz Ruiz!
Mira claramente a alguien.
VOZ DE COLOMBIA: (Desde dentro) No señor, yo no soy.
EL MORENO: ¡Quién es Emperatriz Ruiz!
VOZ DE COLOMBIA: No está.
EL MORENO: ¿Cómo así que no está?
Silencio.
EL MORENO: ¿Por qué duda?
Silencio.
EL MORENO: Ahí debe haber una Emperatriz. ¿Quién es usted?
VOZ DE COLOMBIA: Colombia Torres.
EL MORENO: Pues tiene cara de llamarse Emperatriz.
VOZ DE COLOMBIA: ¡No, lo juro!
EL MORENO: ¡Venga Emperatriz!
VOZ DE COLOMBIA: (Suplicante) No me haga salir.
EL MORENO: ¡Colabore! ¿Es que no va a venir?
Sale Colombia descalza de un pie. Cojea de la pierna derecha. Viene empapada y parece que ha perdido toda dignidad.
COLOMBIA: Pero yo no soy la persona que ustedes están buscando.
EL MORENO: Venga para acá mi hermosa paloma; venga para acá mi hermosita paloma.
COLOMBIA: (Sacando un documento de su monedero) Mire, acá dice que yo soy…
EL MORENO: ¡Míreme a los ojos! ¿Tengo cara de pendejo, Emperatriz?
COLOMBIA: No, señor. Vea: yo acabé de llegar, mire mis papeles, allí dice que yo no soy la señora que están buscando. (Le ofrece el documento) Vine acá porque me mataron a mi muchacho y tengo a mi marido enfermo.
EL MORENO: ¿Sí? Pobrecita. ¿Y dónde está su marido, Emperatriz?
COLOMBIA: No señor, yo no soy… él está en casa, como está enfermo…
EL MORENO: Muéstrelo, ¿dónde está que no lo he visto?
Se dirige a las personas que permanecen atrás.
EL MORENO: He nombrado cinco personas y ninguna está. Entonces… bueno… cuento uno, hasta tres. Van uno, van dos, para que me digan si esas personas están ahí…
EL MORENO: (A Colombia) ¿No le dije que fuera a la esquina, Emperatriz?
COLOMBIA: Yo soy Colombia Torres, señor, créame…
EL MORENO: ¡No me llore!
(…)
EL MORENO: ¡Andando, Emperatriz! ¡A la esquina!
COLOMBIA: No me haga ir allí, señor, se lo suplico.
EL MORENO: Obedezca, doña Empera, a la esquina y de allí a la bomba…
La mujer camina a regañadientes, sudorosa, sin dejar de balbucear.
COLOMBIA: Yo no soy Emperatriz, señor, yo soy Emperatriz, no, yo soy Colombia… (Echa al hombre una última mirada con su documento de identidad en la mano) Torres…
Desaparece.

El resto no es necesario. O sí: para la mala prensa y las cifras. Pero la literatura no es un periódico. La realidad, que es mala poetisa, se regodea con lo explícito: dirá que el grupo paramilitar decapitó a Colombia, luego descuartizó a su marido, enseguida a medio pueblo, que llegaron al crucero del río Minas, sobre un caminito que atraviesa hacia El Playón, donde mataron a un muchacho Alexander, que en el sitio El Porvenir fue ejecutado a machetazos Luis Arnoldo, que La Loma de las vacas varias personas fueron obligadas a bajar del vehículo en que se movilizaban y tras ser identificadas fueron degolladas y sus cadáveres tirados a distintos sitios de la vía. Las cifras pasan de cien mil en dos décadas. Las cifras no tienen rostros.
Gallina y el otro es aparentemente una obra escrita para teatro, pero es más que eso: los silencios, las didascalias, las mudas de escena están cargadas de poesía. Una gallina y un cerdo advierten, presencian y sufren las consecuencias de una matanza. El clima enrarecido de que está hecha es el mismo marasmo que respiró Colombia en las peores matanzas de los años 90s. Pero el efecto de esa atmósfera recargada no sólo se consigue con unos protagonistas tan extraños, testigos de la matanza, de las violaciones, de los vejámenes, sino con los silencios, con las escenas oníricas, con los poemas construidos sobre proverbios, fragmentos de canciones populares, con las turbias relaciones humanas expiadas por dos animales. Carolina Vivas logró contar esta pesadilla de país rural por la única ruta que puede aproximarnos a una matanza sin agredir al lector, o al espectador del teatro: la metáfora, la metonimia. La diferencia entre un libreto y una verdadera obra dramática radica en que éstos escasamente servirán de guía al director y al actor, pero una verdadera obra dramática admitirá la experiencia literaria. La misma distancia que media entre Shakespeare y Chejov, frente a Ionesco y el teatro de la crueldad. La misma que media entre un guión argumental premiado por el ministerio de cultura, y Persona de Bergman, Bailarina en la oscuridad de Lars von Trier, Hiroshima moun amour de Marguerite Duras.
Gallina y el otro es una obra dramática que puede perturbarte sin necesidad de asistir al teatro.
Una gran obra, en la precaria dramaturgia nacional tan necesitada de obras maestras.

Gallina y el otro
Carolina Vivas
Universidad Distrital Francisco José de Caldas
Colección Teatro Colombiano
2005

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