Seis propuestas para el próximo milenio

9:35

Amadeo Modigliani

Desidia total. No pienso levantarme de la cama. Releeré las seis propuestas de Calvino, y veré dos películas: Fando y liz, y Modigliani. Estoy harto de toda esta mierda. Si he de morirme de hambre lo haré por lo alto, sin mover un dedo, tendido en una cama, como un dios griego.

El trabajo para esta sociedad no es el trabajo, sino el contrato de trabajo. No tienes trabajo si no tienes contrato. Tú no trabajas. Pero trabajas, ganapán.

Trabajo en transcripciones de entrevistas: un oficio de romanos modernos que a pocos atrae por ser mecánico. Si no consistiera en oír historias ajenas, ya me habría dado un tiro: consiste en tomar la vida de enfermos crónicos y pasarlas a un programa de texto. Para trascribir una hora, necesito cinco horas.
El revés de la lectura: dos días para leer un libro que al autor le tomó años.
Algo anormal ha empezado a ocurrirme con este trabajo: mientras trascribo vuelven imágenes del pasado sin motivo alguno. De repentes. Repentes. De repente, recuerdo escenas de infancia, anécdotas que creí olvidadas, palabras que le oí a mi madre hace ya muchos años. Al comienzo pensé que me aproximaba a ese punto fronterizo en que la vida está más hecha de pasado que de futuro. Pero es otra cosa. Hoy, mientras leía un párrafo de Calvino donde aparecía la palabra “cangrejo”, recordé el sueño que tuve anoche donde trataba de atrapar a un cangrejo. Era un sueño olvidado, como se nos olvidan a diario las mil pesadillas que arrullaron la noche plutónica. Pero ahora empiezo a entender: hay una llave para abrir las puertas cerradas del pensamiento. Vidas y palabras que oigo y transcribo son las que operan como puntos de fuga, como llaves que abren las puertas de mi propio pasado. Si algún día escribo la biografía de Stanislaus Bhor será en forma de diccionario, con entradas que son resonancias de ese pasado, perdido, irrecuperable.

(Y era un cangrejo rosa, extraordinario, que no se dejaba asir. Lo intentaba una y otra vez, pero el cangrejo cerraba las patas o me prendía con su tenaza. Recuerdo que cuando era niño vivía en una casa metida en un desfiladero: cien metros de caída libre y te destrozabas la madre en las piedras. Mi mamá había cubierto de anjeo el mirador del desfiladero por miedo a las culebras, o a que me lanzara al vacío. La casa era tétrica en la oscurana y por sus habitaciones comunicadas por puertas, pero allí fui feliz. Cuando llovía demasiado, los alacranes salían de sus madrigueras rezumadas. Algunos se habían ahogado en la inundación y estaban tiesos, en los rincones, con el aguijón petrificado. Recuerdo que llovió toda una noche y en la madrugada tuve deseos de ir al baño. Fui. Me senté en la taza y entonces oí un tap tap como los choques de un corto eléctrico. Cuando miré dentro, en la taza del inodoro, estaba un cangrejo gigante, rosado, atrapado, tratando de salir por las paredes del sanitario y sin poder.

El cangrejo es simetría y perfección.

“Entre sus muchas virtudes, Chuang Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo. El rey le pidió que dibujara un cangrejo. Chuang Tzu respondió que necesitaba cinco años y una casa con doce servidores. Pasaron cinco años y el dibujo aun no estaba empezado. “Necesito otros cinco años” dijo Chuang Tzu. El rey se los concedió. Transcurriendo los diez años, Chuang Tzu tomó el pincel y en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto”.
Calvino resume así el famoso cuento chino.
El cangrejo es simetría, perfección.
Y paciencia.)

Lo que me gusta de los mediodías en este pueblo es el Ave María de Schubert en la torre de la iglesia.

A las 12:30 termino de releer las seis propuestas y bajo a almorzar: papas amarillas ahogadas en tomate, arroz blanco, ensalada de zanahoria y remolacha cortadas en cubos. Enciendo la radio. (Chile): Los obreros sepultados en una mina en el desierto de Atacama sólo verán la luz hasta navidad. Estamos en agosto. El gobierno decreta no decirles la verdad. Han demandado a la empresa por cuarenta millones de dólares Una esposa y una amante del mismo minero se conocen en la tragedia. Esa sí es una buena historia. Saludos a Vulcano. (China): Dos semanas completan los viajeros en un embotellamiento de carros en las afueras de Pekín: cien kilómetros de trancón. Juegan ajedrez y comen lo que les venden las gentes de las orillas, al 400% de su valor real. (México): El sobreviviente de una matanza en un rancho advierte a la policía del hecho. Cuando llegan los policías al rancho, los asesinos huyen. Adentro hay 72 cadáveres de inmigrantes asesinados con armas largas. (Bogotá): 4 colegialas del sur de la ciudad saltaron la malla del colegio para irse a un río. En el paseo las abordaron tres hombres y las violaron… Noticias con que la realidad pretende seducirme y arruinar este día de ocio no remunerado. No hago caso.

Las seis propuestas de Calvino consistían en presentar algunos aspectos que darían a la literatura la posibilidad de sobrevivir a este siglo. Dichos aspectos los resumió en seis conceptos de calidad: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y un sexto (inédito, inacabado, esquemático) donde reflexionaba sobre los comienzos y finales de algunas novelas; comienzos y finales vistos como un refinamiento del arte.

La levedad: supone para Calvino una renuncia a tomar como temas de la literatura la realidad del tiempo y de la época. La reivindicación del mito que subyace a todo relato: “La lección que podemos extraer de un mito reside en la literalidad del relato, no en lo que añadimos nosotros desde fuera –toda interpretación entorpece el mito y lo ahoga-.” Los ejemplos que usa Calvino en este capítulo son Perseo y la Gorgona: un poder que nace de lo que se mantiene oculto. La metamorfosis de Ovidio: transformación de una mujer en árbol sin explicaciones, con descripciones. La levedad del Quijote estropeado por los molinos. ¿Qué es entonces la levedad? La exposición de un esquema narrativo sin adornos, sin intromisiones del autor.

La rapidez. Aquí presenta Calvino un análisis sobre las formas que manifiesta el tiempo en dos formas de novelar: la escritura con tiempo dilatado o cíclico, y la escritura con tiempo lineal. Analiza la historia de Carlomagno que se enamora de una adolescente (que después muere y lo deja enamorado). El cardenal descubre un anillo de poder en la boca de la adolescente muerta y luego Carlomagno se enamora del lago donde el cardenal arroja el anillo. Calvino analiza la misma historia en tres autores distintos y elige la de d´Aurevilly por considerar que la suya es la mejor, por su velocidad. Pero ¿qué es la rapidez? La rapidez de que habla, aclara, no es lo contrario a la lentitud, sino la efectividad de recursos que hacen mover una narración: interrumpir un argumento para sustituirlo por otro y crear intriga es lo que mueve y hace ágil y efectiva a Las mil y una noches. Menciona otra historia con el mismo mecanismo: el coche-correo inglés (De Quincey) que narra lo que ocurre en la mente de un viajero mientras se mueve en un coche veloz. (Contraste entre velocidad física y velocidad mental). Ahora menciona a Tristram Shandy y dos obras suyas de experimento con espacio y tiempo: Cosmicómicas y Tiempo Cero. Hace una descripción de los recursos borgianos y termina con una interpretación de Hermes y Mercurio, los descendientes de Cronos y Saturno: la velocidad y la lentitud (como paciencia) y como última ponderación de la creación literaria.

La exactitud. Calvino define la exactitud en una obra como el diseño estructural, bien definido y calculado; la evocación de imágenes nítidas, poderosas; y el uso de un lenguaje preciso, de relojería. Menciona Zibaldone, de Leopardi. El hombre sin atributos (Musil). Valéry (la poesía como una tensión hacia la exactitud) Eureka y ensayos. Breve historia del infinito, de Paolo Zellini. Hace la siguiente definición de cosmología: “ese vínculo entre las elecciones formales de la composición literaria y la necesidad de un modelo cosmológico (es decir, un cuadro mitológico general) está presente en los autores que no lo declaran explícitamente”. Menciona ahora el logo editorial de Aldo Manunzio (un delfín y un ancla como ideal estético) y sobrepone a éste uno analógico: un cristal y una llama. Habla de las Ciudad invisibles como su libro total, exacto a lo que quería, sugerente. Y al final menciona a Leonardo Da Vinci que demostró en sus códices cómo trabaja su ingenio. Dice además que Da Vinci se llamaba a sí mismo “Hombre sin letras” porque se sentía inferior al desconocer la gramática del latín, lo que le imposibilitaba para hablar con los hombres doctos.

La visibilidad. Calvino empieza por parafrasear una escena de Dante: “la fantasía es un lugar donde llueve”. Habla del cine que tenía Dante en la cabeza, de cómo una capacidad semejante de generar imágenes podía atrofiarse hoy, en nuestra era mediática. Menciona a Beckett como posible protesta y reacción a la dictadura de la imagen (libros sin imágenes) y hace una gramática de los procesos mediante los cuales las imágenes del cerebro de un hombre pasan a un guión de cine, luego a la mente de un lector y luego a una pantalla de cine. Menciona a Loyola y Aquino y a Conrad para demostrar cómo se pensaba en imágenes antes del siglo XX, y habla de su infancia y la fascinación que ejercían los cartoons en su mente de niño: caricaturas que ensamblaba sin comprender los habladores y cómo la inmersión en un mundo mediatizado por la imagen puede acabar con la frontera entre fantasía y realidad y atrofiar el modo en que vemos. Menciona su libro Iconografía: El castillo de los destinos cruzados. (Iconología fantástica) y analiza las etapas fantasiosas de Balzac.

La multiplicidad. A mi juicio, el aspecto en que más atinó; el que aun hace de la literatura el compendio de todos los saberes: la novela enciclopédica, disparada en todas direcciones, mezcla de todos los estilos, inagotable. Hace un inventario y descripción de las siguientes obras: El zafarrancho, de Gadda. El aprendizaje del dolor- Gadda. El hombre sin atributos- Musil. –La recherché- Proust. Bouvard y Pécuchet- Flaubert (aquí una descripción somera del trabajo sobrehumano que se propuso Flaubert: un diálogo que derrumbara todos los conceptos de ciencia y filosofía y el saber humano, para refutar lo cual leyó al menos 1500 libros y lo dejó inconcluso). La montaña mágica como punto de partida del siglo XX, de una nueva era. Ulisses y su mezcla de estilos. El amor absoluto de Alfred Jarry (contrapunto entre la espera de un condenado a muerte, el monólogo de un insomne y la historia de Cristo). Declara a Borges la síntesis ideal de esos planteamientos por reducirlos a su mínima expresión. Habla del procedimiento experimental para su propio libro llamado “Si una noche de invierno un viajero”. Y cierra con la proclamación de Perec y su novela “Vida, instrucciones de uso” como la gran novela de la multiplicidad: descripción y alcances, novela Puzzle. Se despide con una cita de Queneau en el taller OULIPO cuando arrostra al automatismo surrealista: “el que conoce las reglas es más libre que el poeta que escribe lo que le pasa por la cabeza”)
“¿Qué somos cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles?”.

Enciendo el DVD y pongo Modigliani, de Mick Davis. Ver tu propia vida reflejada en la historia de otro, da miedo. Al verla me pareció estar viendo mi infancia, el desalojo, la ausencia del padre, las penurias de una madre, el dolor de no poder dar de comer a tu familia, a tu mujer, la locura de estar dispuesto a todo por realizar una obra y no recibir a cambio nada. Un espejo para tu propia vida, pero sin genio, lo que sólo deja en pie la precariedad y esta excitación, el desasosiego. Los cinco minutos que dura la escena en que los pintores preparan sus obras para la exposición son magistrales: alcancé a contar 68 planos. La actuación de Andy García descuella, porque su personaje puede disipar la frustración sosteniendo la mirada, y si Modigliani soportó su pobreza sin quejarse era porque estaba seguro de sí mismo, como bien lo descubrió García en la mirada.

Quería escribir un comentario personal sobre las propuestas de Calvino, pero no he dejado de pensar en Modigliani. Afuera oscurece. Y aquí adentro todo se vuelve sombra. Ya no diré nada por hoy. Trato siempre de terminar mis días con una idea. Luego de escrita le doy vueltas hasta caer de sueño. Hoy ese pensamiento será turbio.

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