"Sin tetas no hay paraíso", y con tetas tampoco hay

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sin tetas no hay paraíso
Captura de guía erótica de medellin

En las calles del centro ha vuelto a ponerse de moda el motilado “cabeza de hacha”: la melena paisa, invento de El Arete, jefe de sicarios del cartel. Consiste en rasparse los lados de la cabeza, arriba plano y atrás desflecado. En las mujeres abundan las falsas rubias y las cirugías “estéticas”. Medellín es la ciudad colombiana donde más cirugías plásticas se realizan en un año. Las mujeres paisas, herederas de una extraña destilación atávica que las hace proclives al alzheimer y a la bipolaridad (por el supuesto cruce endogámico de primos con primos) es un tipo de belleza reconocible a simple vista en todo el país: frentes rectas, masculinas, nariz escalena, protuberante, piel blanca que aspira a ser albina. Las paisas tienen senos tímidos y glúteos carnosos que con los años se inflamarán de grasa. Tarde o temprano terminarán convertidas en esculturas de Fernando Botero.



¿Qué se esconde en la irreverencia de los cabeza de hacha y la inconformidad de las mujeres plásticas?



Las claves para comprender una cultura pueden estar en las regiones más insospechadas: en lo que come la gente, en la ropa que usa, en el santo al que reza, en aquello que tanto la indigna, en la vesania que usa para matarse, en un libro, en un carro, en un político mesiánico, en el surtido apabullante de un centro comercial.
Sin tetas no hay paraiso

(Continúa)

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