Una hoguera para que arda Goya cumple 4 años

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Mujer elefante

En el principio fue el morbo

1. La pornografía no necesita publicidad, porque es publicidad en sí misma. Cees Nooteboom: “¿Hay pornografía sin porno?” Tal vez: un cuerpo o su fragmento, el contacto, según la escena, aun si el fragmento de exhibición es reduccionismo explícito, puede no ser pornográfico (una cirugía genital, una citología, pese a establecer contacto visual entre el cirujano y el órgano sexual, no constituye escenas pornográficas, o al menos dependerá para serlo de la mirada del ginecobstetra). ¿Pero Balthus es pornografía pintada? ¿Sade, Lartigue, Sturges, Hilo Chen (II)? La pornografía está en los ojos del que se pasea por la galería, fascinado. Pero sin la erotización del observador es improbable que se complete la triada del porno (intención-exposición-excitación). La pornografía necesita intencionalidad en la ilustración y en el detalle, pero se completa en la erotización de quien observa. ¿Por qué se mira? o ¿por qué no se deja de mirar? Porque la vergüenza es bíblica y permaneció oculta durante dos milenios, y el secreto es magia, y la magia es tabú, y el tabú es reto, y cuando el secreto se exhibe sin pudor se rompe la magia, el reto, el tabú y las vergüenzas roban toda la atención. ¿Qué es más revolucionario que una ucraniana protestando en topless contra las políticas del cáncer de mama? Tuve un amigo perverso al que había que reconocerle al menos un gusto muy definido: “Me gustan las negras con semen en la cara”. Todas las noches llegaba a la pensión de estudiantes a traficar con un surtidor de porno electrónico que vivía en el camarote de arriba. Lo primero era encender latop y conectarse a Petardas. Del listado en que se anunciaba jovencitas, vírgenes, orientales, etc., escogía Negras y empezaba a reír. Por ello, y por otras virtudes, lo apodamos Morbosón. Tenía un trauma de inferioridad en su ego libidinal por haber vivido en el barrio de las putas del pueblo. Su padre era camaján y dueño burdel. Cuando alguien mencionaba siquiera de soslayo el barrio donde nació, Morbosón se ofendía, metía una mano en el bolsillo del pantalón y se apretaba los cojones. Un día contó que su padre solía organizar peleas entre los hijos de las putas y los enfrentaba a él, para apostar. El hecho de haber nacido en el barrio alebrestado había dado como consecuencia a uno de los niños más pacíficos de todos. No le gustaba a Morbosón darse golpes con nadie. Entonces su padre le cogía los cojones y lo increpaba: ¿No va a pelear? ¿No tiene huevos? ¿Mi hijo es una niña? Y le apretaba los cojones. Morbosón se transformaba así en una fiera que hacía a su padre ganar apuestas. De ahí le venía el gesto de apretarse los cojones cuando se sentía ofendido. Otra de sus anécdotas favoritas consistía en narrar lo que le había hecho en un motel a su novia del colegio que se acostó por años con todo el mundo, menos con él: cuando se enteró, en medio de una borrachera, por una cadena de confesiones masculinas que casi lo ponen al borde de locura, corrió a buscarla a la ciudad, la llevó a un motel y le hizo todo lo que buscaba en las fotos de mujeres humilladas. Lo contaba con orgullo, riendo, como cuando veía negras flageladas y sodomizadas en las pantallas. Por años me intrigó ese vicio mecánico de Morbosón: ver y ver porno todos los días, hasta que leí en los Carnets de Camus una idea reveladora: “La perversión es una forma de la frustración”.

2. Este blog nació cuatro años después de esa entrada que extraigo del diario, una noche de mayo de 2007, frente a la editorial Plaza y Janés, en el centro de Bogotá (donde vivían por entonces otros dos amigos entrañables que visitaba a menudo debido a que tenían internet). Lo fundé con miras a captar lectores anarcos y gays. Es decir: una comunidad utópica de seres sin pudor. Lo llené de mujeres sin ropa, porque mis amigos seguían siendo los perversos de la casa de estudiantes, Morbosín y Morbosón. Tenía claro que si me proponía escribir críticas de libros, ellos iban a decir “este hijueputa Bhor, tramándonos de verbo, alardeando de toda la mierda que lee ante gente como nosotros que nos importa un culo el puto Faulkner”. Pero si les ponía una nudista de entrada, supuse, tal vez por curiosidad de leer gratuitamente un relato erótico seguirían leyendo el post, y solo al final, al constatar que no se trataba de porno sino de literatura, iban a decir: “este hijueputa Bhor, no le basta con leer toda esa mierda sino que se pone a escribir sobre ella… pero la dama está jugosa como una lechosa, si yo tuviese una así le arrancaría la falda y la partiría en dos…”
Y así nació, como porno-blog, para mis amigos hedonistas.
Elegí blogger, porque entre las opciones que me planteó mi asesor de imagen corporativa entre myspace, wordpress, la coctelera y blogger mediaban dos asuntos de relevancia: personalidad y publicidad. Blogger era el único que se dejaba configurar la plantilla a gusto, y no incluía publicidad. Siempre me ha gustado la elegancia y sobriedad de Wordpress, pero tener un weblog sin publicidad, como dice la publicidad, no tiene precio. El modelo que seguí de blog fue el de Javier Avilés, El lamento del Pornoy, a quien sigo leyendo, pero muy esporádicamente, porque el fondo negro en las pantallas genera astigmatismo. Fue ese el modelo de blog que más se parecía a lo que pensaba hacer con mis notas de lectura. Lo encontré muy fácilmente porque al buscar pistas sobre Philip Roth (cuyo Lamento acaba de leer), la primera opción que mostró blogger fue ese estupendo blog del español. A través de él llegué a la Revista Hermano Cerdo (sólo años después me atrevería a colaborar) y a varios de los que están linkeados hoy en la sidebar (a la derecha).
Ha tragado agua el puente desde entonces, adherencias literarias, rechazos, separaciones, encuentros, hallazgos. Jmiur de Vagabundia  y Rosa de El escaparate de Rosa (fallecida a comienzos de 2011, Rosa) fue mi primer acercamiento a los códigos htlm y los que me estimularon a hacer el curso de Adobedreamweawer y de Flash con que pienso darle un giro visual a la próxima temporada. En abril de 2008, alguien me dijo que le gustaba el blog, pero que para leerlo debía hacer copypaste y ponerlo siempre en Word: era imposible leer en una pantalla sobre fondo negro. Entonces decidí darle un giro conceptual (a las fotos, a los colores y al contenido) que es el que ha persistido hasta hoy. En 2009 incursionamos en temas seriados y en radio. Y en 2010 empezamos a colaborar con revistas on line y fundamos Fanzine monográfico. Hoy llegan 250 visitas al día, según el libro de oro (estadísticas-Blogger Draft), de modo que los morbosones han proliferado notablemente. El primer reportaje fue el lanzamiento de Bogotá 39, linkeado poco después en el sitio web de la revista Piedepágina  (ya desaparecida). El primer escolio fue Subasta del lote 49 de Thomas Pynchon. Lo eliminé dos años después en las pesquisas anuales que hago para deshacerme de post prescindibles. En estos cuatro años hemos vivido todas las etapas críticas del ocio no remunerado: cada vez que estuve a punto de eliminar el blog ante la constatación de que es un ejercicio estéril que hace para una asamblea de sombras y que obliga a una constancia sin público, alguien comentó y me dejó saber que había alguien más del otro lado. Mil veces me he hecho la pregunta de oro: cómo hacer para que el lector regrese. Un blog no es una revista. Un blog no es un noticiero. Un blog es la forma más barata de pensar públicamente. El lector regresa si le das algo, si se lleva algo, como volvemos a los buenos libros. A parte del efecto que trato de imponer en un texto, creo que se vuelve al blog más por las damas que por los contenidos. Debo aclarar que al revisar las miniaturas de personas que se han suscrito públicamente como seguidores, sólo conozco a mi amigo Hans Thomas de Mi nombre es Aram. Los demás son esa comunidad filosófica que alguna vez soñé de gays y anarcos y que hoy incluye al parecer al novelista Andrés Neuman  y al poeta Harold Alvarado Tenorio. En Feedburner, servicio de afiliación vía e-mail, hay 160 suscriptores que reciben las entradas a domicilio. Por política personal ya no envío correos masivos a mi lista de contactos (salvo en casos extraordinarios). Creo que los lectores potenciales de mi lista de correos fue agotada y no serán más de los que ya fueron. El libro de estadísticas habla de 100.000 visitas en cuatro años. Nada despreciable. Cuatro años no es un lustro, pero es una eternidad para el desarrollo web. En cuatro años, Blogger ha lanzado tres versiones de plantillas, y ya Blogger Buzz anuncia un cambio de fondo en la imagen de la plataforma (el cuarto servicio de mayor usuarios en el mundo). Para que se lleven una idea de cómo nos veremos en el futuro, pueden pinchar en los siguientes enlaces:

Mosaic 
Sidebar 
Timeslide
Flicard 

¿Me gustan esas opciones? Quizá (si no perdemos el control sobre la plantilla HTLM y podemos seguir personalizando el blog de acuerdo a nuestra imagen). De otro modo, habrá que migrar, o pagar el dominio.
No tengo mucho qué celebrar, la verdad. Son sólo cuatro años. Pero no olvidemos que el mundo da más vueltas mientras se está dormido que cuando se está despierto. Si llegamos vivos al año 5, tal vez nos animemos a lanzar el primer concurso de relato underground con un premio estimulante que incluya jurado de lujo, algunos billetes y una caja de cervezas para compartir. Van 215 entradas. La mayoría provienen de mi diario personal, de modo que si un día se acaba blogger (o se envilece) el diario, seguirá en aumento en algún otro sitio privado o público. Gracias a quienes siempre regresan. A los que comentan de vez en cuando. Y, sobre todo, a quienes lo recomiendan.

3. Texto recobrado: Subasta del lote 49, Thomas Pynchon.
Thomas Pynchon llama “mayoría marginada” en Subasta del lote 49, a esa masa anónima, hez social empujada a la locura, la esclavitud de la producción y el suicidio que conforma la sociedad americana contemporánea.
“Era basura, había que evitarla. ¿Cómo había acabado por suceder algo semejante en un país que antaño había contado con excelentes posibilidades de diversificación? Pues ahora era como caminar por el mapa de la memoria de un computador gigantesco…”
Novela del suicidio y la locura y de la mecanización y los ideales rotos… ¿Tan mal está esa sociedad que se nos impuso como modelo al resto del mundo? ¿Tanta ruina moral puede caber en el país que produce el setenta por ciento del conocimiento y la técnica? No podemos más que hacer un gesto afectado de intelectualoides, fruncir el seño, sacudir el morro, impostar gravedad en la voz y decir que sí. Que se homogenizaron. Y que cuando una especie come de lo mismo, se viste de lo mismo, trabaja como alienada, consume lo mismo, va directo al desequilibrio, al desquiciamiento, a la destrucción. (Ciudades que son hitos de desarrollo como Houston y Detroit, producen en un día la basura tóxica que produce Latinoamérica en un año. Ni qué decir de la energía eléctrica que consume la espléndida ciudad-casino de Nevada expuesta en toda su absurdidad y esplendor en películas como Miedo y asco en Las Vegas, la de las palmas de plástico, los matrimonios a dólar, la que se ve brillar desde el espacio sideral…) Los norteamericanos disponen del ochenta por ciento de las reservas energéticas y alimentarias, y las sobras se las reparte la pordiosería del Tercer Mundo. ¿Qué literatura crítica podría salir de ese paraíso del consumo?
La de Pynchon:
“Orugas, columpiándose ante una telaraña de cables telefónicos, viviendo en el mismísimo aparejo cúprico, en el mismísimo milagro secular de la comunicación, indiferentes al mudo voltaje que vibraba a lo largo del tendido, la noche entera, a instancias de millares de mensajes inaudibles.”

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