Enemigos de la promesa, Cyril Connolly

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1. La crítica es un juicio de valor. Se presenta la obra y se hace una descripción de los elementos estéticos y luego se dice honradamente si creemos que la obra consigue su objetivo: apasionar, sacudir, ilustrar, transformar la vida. Las herramientas de narratología (usualmente adquiridas en la universidad) son útiles y necesarias, pero no obligatorias para hacer crítica honrada. Se pueden adquirir por cuenta propia. Y sólo se requiere una sensibilidad especial acompañada por la capacidad dialéctica de exponer un criterio. Lo cual puede ser reemplazado, claro, por un punto adicional que se sobrepondrá al resto: experiencia lectora. Si lees diez mil obras maestras, entonces sabrás reconocer una a simple vista.

2. Nada más alejado de la crítica seria que el mundo de los gacetilleros, y nada más alejado de los lectores, que la crítica seria encarcelada en el cementerio de las publicaciones académicas. Las gacetillas (revistas, magazines, fanzines, suplementos), en el mercado de los emporios multimediáticos, no puede hacer crítica seria porque a los jefes de los críticos les mueve intereses publicitarios por debajo de los cuales se ocultan intereses económicos. La oferta crítica es como la oferta literaria: conducida. Y tiene un problema adicional: el espacio destinado al análisis se reduce a la mínima expresión mientras la publicidad ocupa todos los grandes espacios. En síntesis, sin independencia crítica, y sin espacios, los críticos están (estamos) irremediablemente perdidos. La crítica académica es endogámica: se dirige y se consume, cuando se divulga, por y para especialistas. El público potencialmente lector, que podía aprovechar la crítica académica como un campanazo de alerta ante la oferta de porquería que abunda en el mundo, está alejado de las publicaciones académicas. Un aspecto que contribuye a este distanciamiento es la retórica académica que crea una barrera semántica para todo aquel que no sea especialista.

3. Y ahí estábamos, sin revistas críticas, y sin críticos, hasta que apareció internet. En internet el crítico tiene todo el espacio y el tiempo y la libertad de elegir los temas (aunque por esta libertad nadie le paga). El crítico reclama una libertad absoluta de criterio, una total independencia de espíritu. A cambio, ofrece a sus lectores ser un insobornable, y a los escritores, un atento y perceptivo lector. A los emporios mediáticos no puede ofrecer nada. La actividad crítica, amateur y profesional (porque hay gente que de veras se la toma en serio) se ha visibilizado con internet. Los blogs ante todo son medios informáticos autogestionables para la promoción de la cultura y la lucha contra el analfabetismo ilustrado. A través de las plataformas de blogs los lectores críticos han dicho en la última década lo que piensan honradamente de los libros leídos y se han atrevido a recomendar lecturas fundamentales. La gratuidad del medio previene contra el diletantismo. Solo aquellos con una vocación irrefrenable siguen posteando después de un año para una asamblea de sombras.

4. Creo que Connolly se habría llevado de maravilla con un blog. La sepultura sin sosiego, un libro de citas glosadas que se parece a un blog, tal vez porque un blog se parece tanto a un diario que acabará por serlo.

5. Connolly es un desacralizador de los prosistas. Desmonta sus estructuras, resalta frases trilladas, excesos de pureza, refinamientos injustificados, pleonasmos coloquiales, y así pulveriza a su generación (activa en 1930). Enemigos de la promesa es una clasificación arbitraria de escritores por temas y estilos afines, a ver si pasan la prueba: sobrevivir a una década. El estilo vernáculo, que designa a escritores empeñados en registrar la impronta lingüística, el realismo y el habla (Hemingway, Orwell, Isherwood). Y el estilo mandarín, con el que agrupa a los escritores retóricos, esteticista y a los pensadores disfrazados de novelista (Joyce, Stein, Woolf). No sojuzga estructuralmente cada uno de los estilos, pero en la primera parte (el libro está divido en tres) noto un prejuicio de la claridad. ¿El estilo directo libre, sin retórica, con dialectos y tintes locales es peligroso por su simplicidad? En realidad un estilo vernáculo, con personajes caracterizados por su dialecto y su pobreza lingüística y espiritual puede arrojar una obra genial, no por ser simple sino por parecerlo. (El extranjero, El río del tiempo, Viaje al fin de la noche, El color del verano, La ciudad y los perros, Tres tristes tigres, Rayuela, por mencionar ejemplos vernáculos). En la gran literatura no hay simplicidad.

6. La estrategia expositiva de Connolly, se centra en el análisis de la construcción y en el análisis del vocabulario.
Análisis de la construcción- ver pg 84:
(Donde Connolly cita un relato realista lineal, para luego confesar que es una rapsodia)
“He formado este pasaje añadiendo a las tres primeras frases de Road to Wigan Pier de Orwell las cinco primeras frases de To Have and Have Not. He entretejido el inicio de los tres relatos un poco más. Siguen tres frases de Orwell, un diálogo de Isherwood, hasta “divertida”, para terminar con otras frases de Orwell. Ahora el lector puede seguir adelante con el libro que más le guste. Orwell y su cama, Fritz y su café o Harry Morgan y La Habana. Como dice Pearsall Smith de los escritores modernos: “La dicción, el desarrollo de las frases de uno parecen totalmente indistinguibles de los del otro, cada una de cuyas páginas podría haber sido escrita por cualquiera de sus compañeros.” Ésta es, pues, la penalización de escribir para las masas. Cuando el escritor va a su encuentro, a medio camino se le unen otros escritores que van al mismo encuentro y se funden en la misma criatura: el periodista cinematográfico, el novelista propagandista, sermoneador, popular.”
Connolly & Lady Caroline Blackwood
Es una parodia que impresiona a los incautos, pero Connolly olvida que la unificación estilística más que por los escritores está determinada por la época. En un siglo no sólo cambia el vocabulario: cambia la sintaxis (es decir, cambia la forma de pensar) cambia la entonación (es decir se sedimenta el dialecto) y cambian las relaciones sociales (es decir la forma de percibir el mundo).  Si Connolly tratara de urdir una rapsodia con textos de escritores realistas de diferentes siglos (un fragmento de Huysmanns -Francia XIX-, un fragmento de Jose Eustasio Rivera -Colombia XX-, un fragmento de Shonagon -Japón XII- su parodia tendría que ser tan heterogénea como la Biblia. Pero usó contemporáneos, y olvidó que se escribe sobre el presente y para en el presente, porque ser contemporáneo es estar vivo.
Análisis del vocabulario y de fórmulas mecánicas- ver pg 82:
(Donde Connolly cita un fragmento extenso de Huxley y lo señala en versalitas y luego lo comenta estilísticamente)
Tras una cena solitaria, pues Helen se había encerrado en su habitación con el pretexto de un dolor de cabeza, Gerry subió para hacer compañía a la señora Amberley. Aquella noche estaba especialmente encantador y mostraba una solicitud tan cariñosa que Mary olvidó todos sus motivos acumulados de queja y se enamoró nuevamente de él, y por otras serie de razones, no porque fuera tan apuesto, tan fácil e insolentemente dominador, un amante tan consumado y cruel, sino porque era amable, atento  y cariñoso, en una palabra, era todo lo que hasta entonces ella no sabía que fuese…."
Cito estos párrafos como ejemplos de la escritura de Huxley, de la venganza de la musa, pero también muestran la influencia de Proust en toda su flatulencia. Así, aunque los clichés que ha indicado en redonda son ejemplos de la falta de distinción en la escritura de Huxley, como lo es el uso innecesario de adverbios o la tenaz repetición, la determinación de dar en la cabeza del clavo y luego remacharlo y remacharlo, esa vulgaridad con la que estamos familiarizados, también vemos aquí la nota proustiana, “ya de un modo relativo… ya de un modo absoluto; no fuese como era o como él había imaginado que era”, etc. Se trata de falso análisis y de introspección fatigada, una combinación frecuente del peor estilo mandarín.”
Con el comentario anterior puede advertirse la generalización a partir de una muestra, del fragmento paradigmático. Una obra puede sopesarse por el conjunto de sus recursos y en la armonía de las partes. Tal vez Connolly abusa del detalle porque no le interesan las estructuras. Le interesa la parte por el todo. Le interesan los ladrillos y los materiales con que ha sido levantada la obra. El análisis del intelectualismo, o erudición insertados en una obras se hace así puntualmente, con anotaciones de párrafos, gerundios, conectores, con cuantificaciones de frases subordinadas. Parte de este gramaticalismo se debe haber perdido en la traducción al español, pero en lo que quede se conserva una idea de la forma en que trabajaba Connolly al fungir de crítico.

7. La segunda parte del libro está destinada a inventariar con cinismo los peligrosos sucedáneos y enemigos de la literatura: el periodismo, la política, el trabajo paralelo a la creación, el escapismo de la responsabilidad creativa.
Los enemigos de más alta peligrosidad, según la jerarquía anotada por Connolly son:
El exilio. El alcohol. La religión. El matrimonio (la vida familiar).
“La felicidad del hombre contrarresta la fertilidad del escritor”.
El éxito resulta ser en su rasero el enemigo insidioso de la literatura, porque el prestigio se gana por la calidad de la obra, no por el número de lectores que tenga. La publicidad válida debería ampararse también en el virtuosismo de la obra. Alcanzar la gloria literaria por el solo hecho de ambicionarla, es ingenuidad. Las obras maestras se logran escribiendo, no deseando escribir. En la página 48 y siguientes, habla de las condiciones del escritor, y raya en algunas frases obtusas: “la enfermedad de la creación”, donde sugiere que escribir obras literarias es estar enfermo de algo. Otra exageración capciosa la encuentro en la página 150: “Se escribe mejor en el umbral de una relación amorosa”. Como quien dice: “se folla mejor durante el noviazgo.” ¿Pero a qué obedece su teoría? ¿A la efervescencia sexual, al deseo de distinción sobre la pareja? A mi juicio, se escribe mejor durante la pérdida, porque ya no hay censura ni prejuicio, ni distracción. Tiene otra frase más afortunada: “Gastarse el dinero es el sustituto de la creación.” Pero habría que derrochar a manos rotas y tenerlo en abundancia para comprobar algo así. Otras heterodoxas generalizaciones ilustran su estilo epigramático y pugnaz:
“No solo los artistas crean mundos sino también los capitalistas y los dictadores”.
Sí, estimado Connolly: Y los carniceros, y los peluqueros, y las enfermeras, y los Testigos de Jehová.
“No sabemos qué mundo es mejor, y cual ganará”
Sí, mi estimado, pero por el momento tenemos un ganador parcial: el mundo de los economistas, donde la vida de los hombres ha sido puesta al servicio del mercado.

Alumnos de Eton disertan con sombreros ridículos
8. Enemigos de la promesa es una confesión que revela cómo aplicó Connolly este credo estético a su propia formación intelectual. Connolly señalaba en otros los efectos pérfidos que él no iba a cometer en su obra. El último capítulo es una memoria de su formación escolar en uno de los colegios míticos y rígidos de Inglaterra: Eton. Un colegio masculino donde estudió la intelectualidad dominante de Inglaterra en los últimos quinientos años. Connolly revisa los ritos de iniciación, los raseros de distinción, los clanes, las competencias físicas e intelectuales. Toda la formación humanística, amparada en lenguas clásicas de obligatoria adquisición, Griego y Latín, y el estudio de sus debidos oradores, escritores, pensadores y poetas, sumada a las competencias retóricas, las distinciones y la disciplina draconiana, dejan en ridículo todo nuestro sistema de educación. Si usamos su memoria escolar como un espejo, nos damos cuenta que nos estafaron. La educación pública por estas tierras consiste en mantener los estratos sociales. Connolly revela que las élites niegan la educación a los pueblos para mantener el monopolio de una ideología de dominación. Al mismo tiempo, es sorprendente cómo revela sin pudor los inicios eróticos de una sexualidad reprimida en un entorno que se hace forzosamente homosexual. Su falta dde pudor se debe tal vez a que los old Etonians les enseñan a hacer el ridículo para conjurar la vergüenza, el peor relacionista público que tengamos en la vida, y la mayor amenaza para la independencia y el autodominio. En Eton le enseñaron la erudición, y el amor a sí mismo.  
Los prejuicios más desconcertantes del crítico Connolly se confunden con sus ambiciones literarias:
Connolly cree fervorosamente en la obra maestra.
Connolly cree en el talento innato (determinismo de la escritura.)
Connolly cree que hay gloria literaria: posteridad.
Esta ingenuidad tal vez se deba a que aspiraba a ser recordado por su obra literaria, más que por su obra crítica. Y se equivocó.

9. Como escritor, lo busco: tiene que haber obra maestra.
Como crítico, lo dudo: no puede haber obra maestra y voy a demostrarlo.
Pero soy más un novelista que un crítico. Es decir que el método es más metafísico que lógico. Cuando se tienen dos percepciones distintas se deben tener dos técnicas distintas de comprensión.
Toda crítica es un juicio de valor.
Toda lectura llevada hasta la última página, una aprobación (del hechizo del escritor).

Enemigos de la promesa
Cyril Connolly
Versal Travesías
Traducción: Jordi Fibla
275 pg


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