Guillermo Páramo: umbral a los mundos posibles

11:45


Asisto a un curso de mito y ciencia en el Teatro Bogotá, antigua sala porno de cuyas glorias sólo queda los mármoles refractarios del baño de damas (que las refleja al sentarse, según anotación de la señorita Úrsula Stäel.) El auditorio pertenece hoy a Universidad Central, y en ese rescate patrimonial de convertir un teatro porno en un anfiteatro griego, se han conjurado ya el fantasma de la reina Savannah con una cátedra gratuita abierta a todos los públicos, auspiciada por la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Universidad Central. Fausto: Mito y ciencia. Se llama. Lo hago para reencontrarme con la voz de Guillermo Páramo Rocha, con su pensamiento ordenado, con un intelectual, tal vez el más brillante que he tenido la fortuna de tener como profesor. Un hombre de elegancia eléctrica y delicada que habla con espasmos y corta el aire con los dedos mientras desenvuelve la madeja de su pensamiento. Guillermo Páramo es antropólogo, lógico, matemático diletante, animista y masón. En 2002, en la Universidad Nacional, seguí dos de sus cursos para sietemesinos. Mito y lógica, y Lógica de las Ciencias. Las impartía desde el departamento de antropología, pero a sus clases llegábamos los de lingüística, los de biología, los de filosofía y los de derecho, porque nos habían dicho que sus clases servían para revaluar el trampantojo que es la realidad. Eran clases donde se formaban y cohabitaban aprendices de escritor, científico loco, etnógrafo, marxistas, mitólogo, yoguis, siniestros, solipcistas, magos wicca, drogadictos, exorcistas. Y no era tima: después de sus clases salíamos mirándonos con suspicacia, sin saber quién era el extraterrestre, porque lo que nos rodeaba no era la realidad sino una alucinación de la realidad, una fata morgana, un contrafáctico, un mundo posible. Recuerdo que para ese primer curso el doctor Páramo aprovechó la coyuntura del 11 de septiembre y el despliegue mediático que siguió al ataque a Wall Street para ilustrar varias manifestaciones modernas de mitos muy viejos. El derrumbe de las Torres Gemelas era ya un recuerdo colectivo, compartido por todos los que podíamos narrar en dónde estábamos y lo que hacíamos cuando nos enteramos de la caída de la torre Sur. Guillermo Páramo tomó el ataque y lo fue desmontando en sus partes simbólicas (Wall Street/poderío imperial/primitivismo mítico/modernidad mítica/ barbarie). Al relacionar las partes del atentado con la ideología de la dominación imperial retomó otros momentos históricos en los que un poderío imperial que daba muestras de soberbia se socavaba en sus cimientos y creaba una reacción que le conducía a la decadencia y revitalizaba los mitos. Así fue relacionando la caída de las torres con la caída de los titanes, con el arca de Noé, el hundimiento del ARS Titanic, y lo que parecía más difícil de urdir: la historia iconográfica del tarot y su arcano mayor La torre caída, los gemelos del zodiaco, el antiguo imperio babilónico con su torre soberbia castigada con la pluralidad de las lenguas y la lluvia de rayos. Luego regresó al presente para analizar la idea binaria de la gente de bien que iniciaría una cruzada contra la gente de mal, y por contraparte: el heroísmo fedayín que celebraban los pueblos árabes al echarse a las calles con AK 47 al hombro para asistir a los irakíes y a los afganos y enfrentar el ataque del país más poderoso del mundo. ¿Qué era el bárbaro entonces? Era un límite de alteridad: el bárbaro es el otro, los otros, una distinción de grupo hacia todo lo que ponga en riesgo la unidad del clan: ellos. George Bush, al decretar una nueva cruzada, echaba mano a la vez de un mito medieval: la idea del bien encarnado en Estados Unidos, y el mal en el país pedestre de los afganos. Una mitología invertida subyacía también desde el punto de vista de la fatwa y los mártires de alá. Por otro lado, todo el curso de Mito y lógica consistió en exponer la nueva mitología de la ciencia contemporánea para entender las manifestaciones más actuales del mito oculto en ellas. Recuerdo que hubo dos películas vistas para analizar los ritos de iniciación y la fabricación de una realidad (Amadeus, Todos los amaneceres del mundo). Recuerdo que tomó dos ejemplos extraídos de la prensa y la televisión de entonces, un programa de Discovery sobre un hospital californiano donde los mejores cirujanos del mundo se devanaban los sesos para separar a dos siamesas unidas por el cráneo, y el caso judicial de una madre en la tribu colombiana Uwa enjuiciada por tener que abandonar a sus hijas gemelas en un hormiguero tal y como dictaba su cosmología. La siamesa sobreviviente de la operación quedaba condenada a una semi-vida de cirujías incesantes, y ese era el triunfo de la ciencia contra lo monstruoso. Al fiscal le correspondía discernir si era delito el hecho de que la madre Uwa regresara al hormiguero para quedarse con la melliza sobreviviente, si alguna de las dos sobrevivía a las picaduras, porque la dualidad del parto en los Uwa es una señal de amenaza para su pueblo. ¿Qué diferencia mediaba entre la tortura y la muerte de unas niñas proporcionada por la ciencia salomónica y la muerte de unas niñas por una creencia cósmica? Hizo también una síntesis histórica en la que exponía de qué forma el mito y la lógica, mitos y logos, que en los presocráticos y la antigüedad griega hacían parte de la misma unidad, del vate, del hombre que interpretaba el cosmos, que dialogaba con dios, se fue separando en dos partes irreconciliables. El mito, a la vuelta de tres mil años se convirtió en superchería, y la ciencia, en conocimiento puro. Sin embargo, todo el curso consistió en demostrar cómo la ciencia es también un tabú moderno, una ideología de dominación, un poder manejado por una élite intelectual. Los conceptos que debíamos fundamentar sus estudiantes eran simples y de libre adquisición: Wittgenstein y sus tablas de verdad, clasificaciones del mundo (clase, orden, especie, género), deícticos (vocablos sin tiempo ni espacio localizable, a no ser que se localice el sujeto: Hoy, Mañana, Creo, Pienso, Supongo, Quizá, Aquí) juicios Kantianos (sintéticos y analíticos). Las lecturas: El juego de lo posible, Francoise Jacob; Un escándalo en Bohemia, de Conan Doyle; Manual de zoología fantástica, Borges; Antropología Filosófica, Cassirer; La desaparición de los oráculos, Plutarco; Poética, Aristóteles; Tristes trópicos, Strauss; La caverna, capítulo VII de La República, Platón; El ensayo sobre el entendimiento humano, libro 3, Locke; La estructura de las revoluciones científicas, Kuhn; El elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam; El Juego de la lógica, Lewis Carroll; La vida maravillosa, Stephen Jay Goul; Göedel, Escher, Bach, de Douglas Hofstadter; Ricardo III, Shakespeare. Todo con miras a fundamentar una teoría fenomenológica: no hay mundo, sino mundos; no hay realidad, sino mundos posibles. Las clases tenían siempre el mismo esquema peripatético: utilizar como punto de partida la pregunta de un estudiante sobre la clase anterior. Una pregunta trivial, puesto que siempre parecían muy inferiores a respuestas que podían levantar una argumentación de tres horas. Al final de esos cursos comprendí que la pregunta más trivial puede contener al universo entero, al conjunto de conexiones y posibilidades de pensamiento que hacen creer que la vida es verdad, que éste mundo sea posible, y que la sabiduría es ausencia de estupidez y viceversa. Un único trabajo final era toda su exigencia académica. El tema era libre y peregrino, pero había que partir de los temas abordados en clase. No recuerdo cuál fue mi trabajo final en Mito y lógica, pero en Lógica de las ciencias entregué un libro de cuentos súbitos con las historias que se me fueron ocurriendo en esos meses, un libro en la línea de Exorcismos de Esti(l)o de Cabrera Infante. Estoy entusiasmado (entusiasmo significa: llevar a Dios por dentro). Nuevamente asistiré a un curso de Guillermo Páramo, esta vez para analizar la forma en que organiza su retórica (giros, ejemplos, conceptos, bibliografía sutilmente suministrada, estructura lógica). El curso está abierto al público, los miércoles a las 5:00 p.m. en el Teatro Bogotá, calle 22, entre carrera 7-6, y va de agosto a noviembre. Notable experimento de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Universidad Central para desasnar al pueblo colombiano (que se debate entre dos supersticiones: la jubilación y el dinero fácil.)

A continuación las notas de la primera sesión.
Notas sin grabadora, atrapadas al vuelo.
(Excusas si se incurre en alguna tergiversación)

Empieza con una anécdota personal: el error cometido en una conferencia sobre Galileo Galilei en un academia romana. Error por centrarse en las posturas del sabio y no considerar el punto de vista de la inquisición. Inquisición y verdad. La inquisición era un aparato académico antes que una escuela de tortura. Leían, citaban, copiaban, clasificaban, conservaban. Sólo podemos entender a la inquisición (y sus sucedáneos) con un situarse en su lugar. ¿Asumir la posición del inquisidor? Advertencia: El que tiene la razón, tiene todos los derechos. El inquisidor tenía todos los derechos. Primer ejemplo: Teoría de la conspiración, película de Mel Gibson, vista una tarde mientras juega a hacer zapping en la sala de su casa. (No la recomienda, claro, pero las claves para entender un mito pueden estar en la cosa aparentemente más execrable). Cita un diálogo, mientras Gibson es perseguido por la CIA y la heroína (Julia Roberts) llega en su busca y oye su voz por el tubo de ventilación. La protagonista: “¿Dónde estás?” El protagonista: “Aquí.” Aquí. Los lógicos estudian estas situaciones y las llaman deícticos. No se sabe qué valor de verdad tiene lo dicho (aquí) si no sabemos quién lo dice. “Aquí” es un término relativo al igual que: “Ahora”, “Yo”. También es un término relativo: “Usted”, “Mañana”. Los deícticos son indispensables en cualquier lengua porque particularizan al hablante. Valores modales, les llaman en lógica. Se puede demostrar que este pódium mide un metro (si sé conceptualmente lo que es un metro, si tengo una vara para medirlo). Pero también se puede demostrar que es falso que un pódium (señala el pódium desde el cual nos habla) mide un metro. Pero lo que no es demostrables es: Yo “creo” que el pódium mide un metro. Yo creo, pienso, me parece, no son verificables. “Lo que pretendo demostrar en las charlas que dicte es una derivación de esto”. El mito es un deíctico. El mito es el otro. Es aquello con lo que yo no puedo transigir intelectualmente. El mito acabó siendo la creencia del otro. El otro puede ser lo que entendamos por “otro”, o lo que Kant llamaba: Convención. Si la subjetividad puede compararse con otra subjetividad, si puedo comparar mi creencia con la de otro; si coincide, puedo entonces decir que esa es una convención. Kant decía que el conocimiento es persuasión. La ciencia pretende ser objetiva. Si la ciencia es creencia, la ciencia puede ser una convención. Lo que yo afirmo, comparado con lo que otros afirman. Cita de Parménides: Si mi conocimiento es conocimiento, no puede ser comparado. Se supone que esto hace la ciencia: mediante la observación, la prueba, las matemáticas (se llega a teoremas, y de teoremas a conclusiones, pruebas que refutan una creencia.) Hay una complicación cuando se piensa en el sujeto que expresa una teoría científica, una prueba. ¿Quién es el sujeto? Alguien que enuncia una teoría de la ciencia. Una teoría de avanzada sólo puede ser entendida por una hegemonía reducida. Y la comunidad que la comparte no es la humanidad. ¿Quién es la humanidad? ¿Quién es el sujeto? Es sólo persuasión. El criterio de razón y sentido de verdad tiende a estereotipar las creaciones. En la historia la razón, la ciencia, se oponen al mito. El mito, para los antiguos, era logos; el logos sagrado, el orden del universo, la idea que podía expresar el orden. Si podía denominarse lo que ocurría en el universo, era porque el universo estaba ordenado. Orden vs Caos. El que tenía acceso al orden, tenía acceso a lo sagrado. El que podía ordenar, creaba el mito. Homero tenía contacto con lo sagrado. Los mitos eran verdaderos. Y el mito así se tuvo como verdadero en: Parménides/Platón/Aristóteles. La palabra mito se intercala en la obra de Aristóteles. El mito era una verdad más verdadera que la verdad (vide Poética). El historiador cuenta las cosas tal como ocurrieron (aspiración), el poeta como podrían haber acontecido. El mito marcaba las alternativas de las situaciones comprensibles. Cita de Aristóteles: Las fábulas eran más verdaderas que el registro de los hechos. Jenófares, poeta, adopta la desacralización de la palabra mito: Si los animales pudiesen escribir o dibujar, crearían dioses como bueyes y leones. Los dioses de Homero y Hesíodo eran hombres y pasiones humanas. Reiteración de Jenófares: Si los leones escribieran y pintaran tendrías dioses leones (de donde se infiere que los hombres crearon los dioses a su imagen y semejanza). Después de Jenófares el mito es el término que refiere a historias absurdas; lo que remite a la emoción, no a la razón; lo que Aristóteles llama Pathos. En el tiempo de Aristóteles el mito era actuado. Desde los tiempos de Jenófares el logos ocupó la semántica del mitos: lo que se ordena. En los albores de la Edad Media, mitos adquiere la connotación de una mala palabra. Los pensadores matemáticos hasta el siglo XVIII asumieron que mito era lo falso, y logos, el elogio. Si usted es un lógico, tiene la verdad. Si hace mitos, tiene la superstición. La superstición estaba asociada con lo pagano. ¿Quiénes eran los paganos? Los pagos, los campesinos, que vivían al margen de las ciudades, al margen del desarrollo civilizatorio. En la Edad Media, los mitos eran las creencias paganas. El logos es el mito de los cristianos. Los paganos quedan confundidos. Los cristianos luego reconocerán algunas creencias de los paganos para llenarlas de seudosentido, porque les resultaban tradiciones sin sentido, falsas y prejuiciosas, animadas por el demonio. En Platón (leído por los escolásticos) hay mitos y logos. Mitos es creencia falsa. Logos, pensamientos. Paradoja: hoy los que tienen fábulas y creencias son los cristianos. El logos fue representado como la ciencia. ¿Y cómo la ciencia mira al mito? Si se mira a la ciencia desde la ciencia, uno se pregunta qué es la ciencia. (Vide Thomas Kuhn). ¿Cuál es el criterio de demarcación que distingue lo que es la ciencia de lo que no es ciencia? ¿Lo que permite distinguir a la ciencia de la ciencia no es la ciencia? Desde el punto de vista antropológico, el mito suele responder a ciertas preguntas o acuerdos: ¿Cómo es que hay hombres y mujeres? ¿Cómo es que no se puede casar con una hermana? ¿Cómo es que hay vida, muerte? ¿Cómo surgió el universo? ¿Es limitado? ¿Cómo puede ser ilimitado? ¿Es finito, o infinito? ¿Cómo me explico, como sujeto, este mundo? ¿Cómo se constituye esto? Con mitos, con lógica, con orden, con clasificación. El mito es una fantasía que no es irracional ni falsa. Una historia tiene un orden y abre preguntas. El incesto lleva a mil preguntas. Una historia que no se puede resolver lleva a otra, y esta a otra. Presentación de un concepto: Criterio de demarcación. ¿No es la ciencia y la metaciencia una fuga eterna? Presentación de un autor: Francoise Jacob, premio Nobel de medicina, autor de El juego de lo posible. El mito y la ciencia parten de mundos posibles. Para construir la vida submarina y entenderla hay que crear un mundo posible. Si la ciencia se ocupa de lo que es real ¿en qué nos basamos para saber que lo que dice la ciencia es verdad? ¿Cómo podemos decir que la realidad es la realidad si no hemos construido un modelo de la realidad? ¿La ciencia es la realidad porque nos dice la ciencia que es la realidad? La ciencia, para declararse como realidad, se apoya en un criterio de demarcación que no es ciencia. Detrás de la Teoría de la conspiración (Mel Gibson otra vez, que no recomienda más allá de un domingo de molicie a la caza de mitos revitalizados) está el aprendiz de mago, cientos de mitos, los alquimistas, el control de la mente del hombre, Frankenstein. Ahora hace una digresión para narrar una anécdota de la literatura: Lord Byron, durante un invierno europeo particularmente gélido por la erupción de un volcán reúne a sus amigos en un castillo de Suiza y les propone el juego de crear historias de terror. Allí nace una nueva versión de Drácula. Allí nace ese delirio del homúnculo: Frankenstein, de Mary Shelley, nació en ese albergue frío, europeo, tras la erupción del un volcán. Más literatura: Fausto encuentra a mefisto convertido en un perro y vende su alma para obtener el dominio de la gente. Ahora Páramo recurre a casos de actualidad (tomados de prensa y televisión por cable). En España, según Discovery, crio-preservarán a los muertos, a través de cápsulas; es decir, a través de un método científico. Páramo hace la descripción somera del método: la criogenia se hace con hidrógeno, a la espera de que la ciencia avance un día, con la esperanza de revivir al muerto. Loop infinitum. La ciencia replica hoy las fantasías del mito: de Frankestein, o de Fausto, o de El Golem. Otro caso: clonación, también en Discovery: un hombre que quiere clonar a su mamá (con lo que no sería su madre, sería su tía) y una pareja que no puede tener hijos pretende clonar al marido e inocularlo en la esposa (con lo que sería su cuñado). La ciencia persigue así el mismo rumbo del mito. ¿Mito del apocalipsis remasterizado? Ya no se trata de temer a la bomba H; se trata del manejo del medio ambiente. Pero el medio ambiente no se puede salvar si es tenido sólo como materia prima, como instrumento al servicio del hombre. Literal: “Yo nací antes del Big Bang. En mi larga vida, que no es lo suficientemente larga para convertirse en una muestra de la humanidad, he visto cambiar el concepto de vida. ¿Cómo puedo afirmar que sé lo que es la vida?”. Se acerca el cierre de la clase, con la alusión a un científico que ha publicitado su último libro con la frase: Dios no es necesario. ¿El gran diseño, de Stephen Hawking? No lo nombra; lo controvierte: Eso sólo quiere decir que hay mundos posibles en los que Dios no es necesario. El problema de Dios, no es el problema del mito. Pero en una dimensión, se toca. Dios es sobre todo una negación: todo lo que no somos. Y una pregunta: ¿Hay un ser que lo creó todo y es inmortal? Introducción de otro concepto fundamental para entender su pensamiento: contrafácticos. Es todo lo que se puede crear sin que sea necesariamente verdadero. Una novela. Una idea. Dios. Pero ese científico, Hawking (aun sin nombrarlo) ¿qué es? ¿Una aspiración de Dios? ¿Un hombre disminuido que no se puede mover, que habla a través de una computadora? ¿Un hombre que es sólo intelecto? Un ser ciego. Mudo. Inmóvil. Un oráculo. Al que la gente acude para hacer consultas. Lo sagrado. Literal: “No dudo de las capacidades intelectuales. Pero no sé si la posición de un ser que es sólo inteligencia, casi sin cuerpo es una sacralización del saber científico una vez más.” (¿Ideología de la dominación?) Paradigma de oposición: Hawking (seguirá sin mencionarlo hasta el final) vs Golem. (Vide Golem, Mayrink, prólogo de Borges). La negación de Dios por un científico oracular es la manifestación de una sociedad soberbia. El mito revitalizado de Prometeo. Conclusión: el mito es el sentido común de una cultura.
Estructura, clase Mito y ciencia de Guillermo Páramo, 3 de agosto 2011.
Para oir un fragmento de la segunda sesión:
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