De bombas y artificieros

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Si dijéramos que nos alegra que le hayan roto el pulmón y la cara al señor Fernando Londoño Hoyos, mentiríamos. Se siente un escalofrío al ver los encuadres que enfocan el vidrio roto y la cara estupefacta y el video de seguridad en que el asesino huye. Pero es sólo una elipsis para encubrir el fondo del hecho. Por más conmovedor que parezca la repetición de testimonios dados por testigos en shock, el evento se difumina en el sentimentalismo. La transmisión no agrega nada a lo que está en el fondo, y sí, mucho, a la empatía sentimental que nos dice al oído: "¿te figuras? El muerto podías haber sido tú. Decir que es un atentado a la prensa es minusvalorar el ejercicio periodístico. Fernando Londoño durante ocho años (los mismos que lleva inhabilitado para ejercer cargos públicos por fraude a la nación) enarboló el nombre de “la verdad” en su programa radial y en sus columnas sólo para encubrir mentiras con demagogia; para borrar con su léxico leguleyo los pocos bastiones de libertad que nos quedaban a los ciudadanos: atacó la acción de tutela (único recurso de los ciudadanos para revertir los múltiples atropellos de los gobiernos), señaló de guerrilleros y de terroristas y de auxiliadores de los mismos a líderes de la izquierda y a los mentados en el computador de un guerrillero masacrado (cuyas pruebas habían sido manipuladas y se cayeron de puro endebles ante la corte). Acusó a líderes sociales y espirituales que han entregado su vida a defender a los desprotegidos y a denunciar los atropellos militares en zonas de penumbra judicial. Avaló, como ministro, las redadas colectivas a pueblos enteros que fueron señalados como guerrilleros y presentados así ante el escarnio público de las pantallas de televisión. Durante años, censuró la corrupción como un principio moral mientras defalcó desde un puesto privilegiado, y en una cifra multimillonaria, a la nación. Defendió, desde la misma tribuna, la gestión social de un gobierno con un aparato represivo que asesinó a mansalva a miles de jóvenes y los hizo pasar por terroristas. Fernando Londoño, Jose Obdulio Gaviria y Álvaro Uribe derrumbaron la frontera entre gobierno y corrupción, entre justicia y crimen. Derogaron la constitución política del año 91 que garantizaba principios básicos para la convivencia, para enmendarla con una sintaxis absurda, con un léxico impropio que la hace ilegible a quienes serán regidos por las mismas normas. Él llamó "Congreso Admirable" a un congreso con 70 senadores que obtuvieron sus curules imponiendo el terror paramilitar en las regiones donde ganaron sus investiduras. Él ayudó a degradar con su falsa moral y su ética maniquea el concepto de vida y dignidad; nos envileció al difundir la idea de la supresión y el acallamiento del otro como hecho natural; ayudó a reafirmar la idea de que la vida no vale nada. Fue él quien dijo que el enemigo está en las bases populares, que diez mil campesinos son obstáculos para un megaproyecto, que el estado debe aplastar a los florecillas que se opongan a su paso. Fernando Londoño es una víctima de su propio invento, como el malo coyote al que se le explotan sus propias bombas. La hora de la verdad, llamó a la Hora de la mentira y del encubrimiento.

NOTAS
*Si usted, lector, no ha entendido esta entrada es porque tratamos de escribirla bajo los artilugios retóricos del susodicho: el yo escondido siempre, la falsa atribución, el anacoluto, los argumentos ad hominem y ad verecundiam.
*Que Londoño sea compadecido y tomado como un mártir y como el ídolo de la elocuencia es apenas explicable por los índices de analfabetismo funcional de Colombia: el nivel de inferencia es mínimo, pero todos se sienten en el derecho de opinar sobre lo que no han investigado.
*Que Londoño escriba columnas editorialistas en un periódico de tirada nacional significa que el periódico no tiene criterio editorial.
*Que sus opiniones radicales sean tomadas como periodismo, envilece al periodismo.
Si algo hemos aprendido de su magisterio es a no saber cuál es la frontera entre ley y delito.

Recordatorio de quién es Fernando Londoño, en El Espectador LINK 1 / En La sillavacíaLondoño contra Francisco Roux LINK 2 /Relación de columnas y retórica londoñezca LINK 3 /El atentado a Londoño y reacciones de la derecha para hundir el marco para la paz LINK 4 /Londoño, editorial en El Tiempo, sentencia contra Plaza Vega por las torturas porteriores al palacio de juticia, o "La gradería estalla en vítores. La fiera tiene su presa y la canalla queda ahíta de sangre inocente" LINK 5 /Otro editorial de Londoño: incriminar a todos con el computador de Raúl Reyes LINK 6 /Editorial de Londoño tras atentado, radial LINK 7 /10 técnica de la manipulación mediática, por Noam Chomsky LINK 8 


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