El origen de los recuerdos: elefante estático y olor de manzanas

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Por eso me atraen los elefantes. Para mí es una abstracción equiparable a decir: "me gustan los unicornios". Jamás he visto la trompa de ninguno. Volví a mirar alguna vez cuando mi hermana me indicó con la punta del dedo mientras pasábamos frente al circo:"un elefante". Pero fue decepcionante porque sólo vi un trasero gigante con la rugosidad de la greda derretida, cimentado sobre dos columnas acribilladas de pelos gruesos. Del centro colgaba una escobilla raquítica salpicada de barro seco, y un movimiento arrebatado hacía que el trasero se diera latigazos para espantar las moscas. No pude ver su trompa ni sus ojos diminutos ni sus orejas parabólicas. El elefante de mis recuerdos es mecánico y de color morado. Estaba a la entrada de los almacenes Tía del centro de Bucaramanga, y cuando mi madre me llevaba de la mano a comprar telas y botones, a mediados de los años 80s, siempre conseguía convencerla de subirme al lomo del animal estático y activarlo con una moneda. Hoy encontré un elefante en los cromos que envuelven las chocolatinas Jet, y recordé aquellos viajes con una madre mercader y además recordé el origen de la gran frustración de mi infancia: no poder pintar, porque la profesora se burló de mi elefante dibujado y dijo que los elefantes eran grises, no morados, que yo no sabía pintar porque no usaba los colores correctos y que siempre pintaba por fuera de la raya. Vieja hijueputa, hoy podría ser un genio multimillonario y vender mis cuadros por millones de dólares como la pequeña Marla Olmstead.


E-mail. Recordada amiga: ¿Por qué su casa olí así? El día que la conocí olía a manzanas aceitosas. He tratado de recordar de dónde procedía ese olor. Tal vez de un ambientador particular que usaban en su casa, tal vez el mismo que percibí ha pocos días cuando pasaba frente a una fachada y recibí una andanada de aroma a manzanas que me hizo recordarla y escribir este breve mensaje. Pero lo extraño es que pensé en usted mientras pensaba en la decoración de su casa, sorprendido por ser un recuerdo perdido. De modo que ahí está la respuesta al asunto de este mensaje "¿Por qué su casa olía sí?" Lo que quisiera, en concreto, es que me diga a qué se debía ese olor o que trate de recordarlo o que lo pregunte a su mamá.


(Nota: después de rondarme la cabeza por varios días, por fin he logrado precisarlo: su casa, amiga, olía a esto:  a almuerzo y ambientandor. Acaso porque, al ser un sótano, le faltaba ventilación y los aromas del día se imponían en las paredes. Puesto que el aire no circulaba, el aroma de la cocina se destacaba sobre los líquidos de limpieza. De manera que su casa olía al mismo tiempo a manzanas artificiales, arroz con huevo y plátanos fritos. ¿Puede confirmar o invalidar este recuerdo?)


¿Cómo recordamos? La hipótesis es que recordar un momento proviene de un estímulo que surge al revivir o experimentar circunstancias similares al instante fijado. Un recuerdo puede ser detonado por una imagen, por una textura, por un sonido, por una voz familiar, por la suma de ello. Los recuerdos emergen por asociaciones similares que los provocan, que los activan, que los detonan, que los saca de su madriguera y nos pone tras su rastro. La memoria está en los sentidos. Proust no se equivocaba con las magdalenas en el primer volumen de su larga novela (no he leído los otros seis): podemos partir del sabor de un bizcocho para recuperar la infancia.

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