Los años que vienen

15:37

Primero, borraron las huellas de todas las matanzas y de los exterminios que cometieron los paramilitares. Después, firmaron el Tratado de Libre Comercio con las potencias saqueadoras del planeta, y dijeron que ese sería el gran paso para los campesinos. Más tarde, fueron a rescatar a los secuestrados vivos, pero trajeron de regreso a la mitad muertos. En adelante, repartieron las arcas del tesoro entre los familiares, amigos, colaboradores, correligionarios y esbirros del régimen. Durante, se llevaron a los muchachos de Soacha y los vistieron de guerrilleros y  los acribillaron. Finalmente, nos hicieron creer que el enemigo estaba en Venezuela (y no en el gabinete de ministros corruptos, ni en la bancada paramilitar del senado, donde los honorables terratenientes habían financiado el genocidio, ni en la cúpula militar del terror, ni en la policía secreta que era una pandilla de asesinos). Pero como vivíamos en la ciudad, y como otros eran los campesinos, y como no sabíamos que era nuestra plata pagada con impuestos, y como no éramos gentes pobres de Soacha, a nadie importó.

Durante una década, Álvaro Uribe y sus secuaces exterminaron, robaron, orinaron sobre nuestras cabezas y lo pudieron hacer a causa del régimen de terror que instauraron desde la presidencia y desde el senado, desde la “gran prensa” puesta a su servicio, cuando no amordazada o arrodillada; desde la propaganda anticomunista, desde los crímenes selectivos, desde las amenazas a jueces, desde los sobornos, desde la satanización de toda forma de oposición, desde la tergiversación de la Constitución Nacional, desde su policía política.
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