Sociedad en co-maldita (sin acciones)

16:47

Correligionarios:

Hasta ahora he sido un autor extranjero que vive en Colombia. Es esta una extraña paradoja virtual, ya que mi aka de internet está más vivo que yo, ha publicado más páginas que yo, aparece indexado en Google con más frecuencia que yo, ha sido citado en blogs y revistas literarias digitales y recibe usualmente más correspondencia de países extranjeros que yo. A tal punto de confusión he llegado que a veces no sé si soy un futbolísta uruguayo a punto del retiro, un modelo metrosexual o un académico norteamericano (D.F.). No es que le tenga envidia a Stanislaus Bhor a estas alturas de una sociedad en comandita (sin acciones). Me gustan los heterónimos, porque usar muchos nombres es una forma de desaparecer. Usar un heterónimo es una especie de máscara que permite crear un personaje con una identidad propia, un ser capaz de decir las enormidades que nunca diríamos ni firmaríamos con nuestros nombres solo por conservar las apariencias y las distancias en sociedades de mutuo elogio como la colombiana. Llevar un seudónimo es una forma de fantasear con la idea de que somos otros. Creo que los seudónimos en internet nos permiten desdoblarnos, construir una ficción, aumentar o deformar la realidad (la de nuestros pensamientos, la de nuestras fotografías, la de nuestras circunstancias), y crear una vida distinta, alterna, a la que llevamos a diario, es decir a nuestra miserable y anémica subjetividad. En el avión que hace dos semanas me llevaba a México vi la película de aquel escritor de cartas que se enamora de su sistema operativo. Para los que no la han visto (Título: Her, Spike Jonze) sé que suena a bobería de film con tema mainstream, pero esa idea de trasladar los sentimientos a un artefacto es el camino donde nos adentramos cada vez que compartimos la trivialidad de nuestra vida y de nuestros pensamientos en la red. Lo que significa que Stanislaus Bhor vive en una isla flotante de la web donde siempre es verano y hay lindas damas a punto de entrar en la playa nudista, pero yo vivo en la bronca realidad, donde se come y se paga la factura de internet fijo mensual.

De manera que escribo esta entrada solo para hacer una acotación a pie de página a este blog, mi paradoja virtual. Soy un bloguero. Pero también un escritor colombiano cuyos libros han sido publicados por editoriales extranjeras. No son tantos. No es mi intención alardear, ni atosigar al incauto, ni saturar anaqueles. Solo dos. Pero en Colombia ningún distribuidor de libros va a estar interesado en traerlos. ¿El motivo? Tal vez la dinámica de la balcanización editorial que las transnacionales y los aranceles imponen sobre el mercado del libro. Los libros que se publican en un país de Latinoamérica pocas veces cruzan fronteras. Aun cuando al autor lo haya publicado una editorial con filiales en varios países, esto no significa que su obra vaya a aparecer en simultánea en todas las sucursales. Para dejar de ser ese autor extranjero que vive en Colombia, es decir para encontrar algunos lectores en mi propio país (escribo para una comunidad filosófica ideal, reducida, radical, underground), este año decidí ir a México a traer un lote de mis propios libros, con la secreta pretensión de venderlos por este canal. Los viáticos (diez días de tacos, una entrada a Teotihuacán, Hotel Isabel en D.F., entrada a la casa de Frida y Anahuacalli, café con sabor a escarabajo tostado) y el tiquete aéreo corrieron de cuenta mía. Y los ejemplares disponibles (50 ejemplares) los compré con el PVP de allá. De manera que ese gasto se verá reflejado en el precio de venta al público local.

A decir verdad, no creo que sea un precio exagerado, teniendo en cuenta que el propio autor es quien trae el acarreo, el flete, los gastos de importación (y corre el riesgo de que no se vendan), y no creo que les parezca costoso una vez establecida la siguiente comparación con el precio de ciertos libros que se ofertan en las librerías colombianas como si fueran clásicos cuando resultan ser solo un simulacro de literatura. Verbigracia:

Lerner
Madriguera del conejo
Alfaguara
Librería de la U

Me he cuidado, eso sí, de que el valor estimado para estos pocos ejemplares también guarde las suficientes distancias frente al valor de los libros de autores consagrados. Los invito a ver estos precios:

Bolaño
Munro
Foster Wallace
Mamet

De modo que si alguno de los lectores de este blog, amigos o rivales, enemigos soterrados, abiertos detractores o lectores desparchados en Colombia desean adquirir un ejemplar de mis novelas, debe saber que

1. cada libro cuesta $40.000 pesos,
2. que este precio incluye el costo del envío a cualquier lugar del territorio donde haya oficina de 4-72 (Correos de Colombia) o Servientrega y
3. que para establecer el mecanismo de pago pueden escribirme a unahogueraparaqueardagoya@gmail.com
con el asunto COMPRAR LIBRO,
y en cuerpo del correo suscribir el título del ejemplar que desean adquirir.

Los títulos de los dos libros en venta son:

La balada de los bandoleros baladíes, Premio Latinoamericano de Novela Sergio Galindo, Editorial Universidad Veracruzana, México 2011

Viaje al interior de una gota de sangre, Premio Latinoamericano de Novela Alba Narrativa, Editorial Universidad Veracruzana, 2014

NOTA:
A efectos de una circulación tipo “guerrilla cultural”, solo se venderá un título por persona.
ESTOS LIBROS SOLO ESTARÁN A LA VENTA EN COLOMBIA.

att.
D.F.

Sobre las dos novelas: 
PENTALOGÍA DE COLOMBIA / 

Prensa y presentaciones:
LOS LIBROS /

Comprar en España y México
PUNTOS DE VENTA /




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