- marzo 20, 2013
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—Se mató de un tiro.
—Bueno, estoy seguro de que no lo volverá a hacer.
—En serio, ¿nunca has leído a Brautigan?
—No.
—¡No puede ser!
—Tampoco he leído Gargantúa, ni el Amadis, ni la Canción de Rolando. Y acabo de comprar Gringo viejo, con Jane Fonda, porque tampoco me pusieron en la factura a Carlos Fuentes.
—Pero estoy seguro de que este hippie te cambiará la vida: un gringo que se pegó un tiro y sus amigos lo encontraron tres meses después, descompuesto en su casa. Nunca un autor se pareció tanto a su obra.
—Sublime.
—Esta es su foto.
—Sí, es raro. Parece un sheriff en busca de bandidos por el lejano oeste.
—Con la diferencia de que es más delincuente el sheriff que los propios bandidos, y que tal vez los busca para robarlos. A Brautigan se le ocurrían cosas tan raras como poner garrapatas en los cojones a los personajes.
—¿Usted nunca ha tenido garrapatas en “los cocos” y en “la pichulina”?
—No, en Santiago de Chile no hay garrapatas.
—Vale. Me lo llevo.
(Pasaron pocos días, digamos unos mil ciento veinticuatro, hasta que volvió a recordarme que tenía que leer a Brautigan)
—¿Ya leíste a Brautigan?
—Me suena.
—Un gringo, hippie y suicida: se metió un tiro en Big Sur y encontraron su cadáver descompuesto como a los seis meses con el arma aun en la mano.
—¿No eran tres meses?
—¡Lo has leído!
—No. Usted me habló de él hace tres años. Pero resultó que esa vez nos emborrachamos tanto que al final no me llevé el libro.
—¿Tres años? Juraría que fue la semana pasada. Bueno, no importa, estoy seguro de que le va a encantar.
—¿No se supone que me cambiaría la vida?
(Y como tengo la superstición de que un libro que se me aparezca tres veces en la vida recomendado por Borges, o por algún curtido lector, lo voy a tener que leer o algo grave pasará, ese mismo día me puse en plan de encontrar a Brautigan. Así conseguí La pesca de la trucha en América, Un general confederado en Big Sur y Willard y sus trofeos de bolos. De modo que esa noche empecé a leer a Brautigan al comienzo con escepticismo, luego con una resistencia irónica, pero ya al final con una especie de doblegamiento sadomasoquista).
Un poco más allá de la choza había un retrete exterior con la puerta abierta de par en par. El interior del retrete aparecía expuesto como un rostro humano, y parecía decir: "El viejo que me construyó cagó aquí 9.475 veces y ahora está muerto, y no quiero que me toque nadie más. Era un buen tipo. Me construyó con cariño. Dejadme en paz. Ahora soy un monumento a un buen culo ya fallecido. No hay ningún misterio.
La pesca de la trucha en AméricaDos meses después:
—¿Y qué? ¿Sí leíste a Brautigan?
—Sí.
—¿Qué te pareció?
—Pues mi vida no cambió. Sigo igual. Pero me gusta la forma en que usa los campos semánticos de las definiciones en lugar de sustantivos, las descripciones y esa ambivalencia de cosas opuestas, dichas y negadas, que lleva al disparate.
—¿Y qué guevás significa eso?
Rompió el precinto de la botella, desenroscó el tapón y se echó un buen trago de whisky a la boca. Lo tragó, y al hacerlo se le pusieron los pelos de punta. Cosa rara, pues como ya he dicho, era calvo.
Yo contemplé los caimanes del estanque. El setenta y cinco por ciento de sus ojos me miraban.
Un general confederado de Big Sur—Te explico: cuando se usa la definición de los sustantivos y verbos en el lugar donde debían ir justamente sustantivos y verbos: decir que “tuvieron ayuntamiento carnal por fuera del matrimonio” en lugar de “fornicaron”. En lugar de “allá viene una mujer” “allá viene un animal racional bípedo implume de sexo femenino”. Cosas parecidas. Brautigan dice que un tipo se toma un trago de Whisky y al hacerlo se le pusieron los pelos de punta. Pero enseguida agrega que era calvo. De modo que el texto incluye de forma ambivalente la afirmación y la negación, la corrección y el borrador, y también incluye cinco finales tentativos que pueden variar a los 3.500, lo que lleva a un género que me encanta: el disparate proliferante. Cuando dice que se quedó observando a los caimanes del estanque y que “el setenta y cinco por ciento de sus ojos me miraban”, lo que intentó fue una bella metáfora estadística. Pero es tan inusual que parece mamarle gallo al lector quien no sabe si se enfrenta a un guiño inteligente o al texto de un borracho.
Se topó con un capitán de la Unión que yacía decapitado entre las flores. Como no tenía ojos ni boca, sólo flores donde acababa el cuello, el capitán parecía un jarrón. Pero eso no distrajo a Augustus Mellon hasta el punto de no fijarse en las botas de capitán. Aunque la cabeza del capitán estaba ausente de este mundo, sus botas no lo estaban, y entretuvieron las fantasías descalzas de los pies de Augustus Mellon, y a continuación reemplazaron esas fantasías con cuero. El soldado Augustus Mellon dejó a aquel capitán en una escasez aún mayor, más incapaz aún de enfrentarse a la realidad.
Un general confederado de Big Sur
—Ya veo. Definitivamente leen muy mal los escritores.
—¿Mal?
—Si tienes que andar desguazando los libros para saber cómo están hechos, no los vas a disfrutar.
—No crea, mi estimado: uno también disfruta un libro, tanto o más, echándose encima con el hacha.
—¿Y averiguó algo nuevo sobre la vida de Brautigan?
—No más de lo que usted sabe. Esa novela corta titulada Un general confederado de Big Sur se puede tomar como autobiográfica: el tipo se fue a vivir al paraíso hippie en California, Big Sur, muy cerca a la cabaña donde vivió Henry Miller y allí escribía y bebía con brutalidad, mientras su obra se iba a pique y la crítica menospreciaba sus últimos libros y los hippies se volvían yuppies y regresaban como hijos pródigos a las oficinas de sus padres ejecutivos, hasta que un día estaban tan ocupados con las calculadoras de sus oficinas que todos se olvidaron de él, hasta sus cofrades y por eso tardaron tanto en descubrir su cadáver. ¿No cree que una muerte así es maravillosa?
—Defíneme “maravilloso”.
—Bueno. Con ejemplos: ¿no es maravillosa la espalda de Nicole Kidman en Ojos bien cerrados? ¿O la poesía de Miyó Vestrini? ¿O la Sister Rosetta Tharpe en la estación del tren?
—Ya. Sí, es probable. Lo que me parece curioso es que una sociedad como la gringa tenga una comunidad tan grande de desadaptados del sistema que desprecian la vida burguesa, vivan temporadas de resistencia y luego regresen a predicar la misma moral de sus padres. Claro que para Brautigan no hubo camino de regreso.
—Al ser una sociedad estereotipada todos los que piensan quieren emular en algún momento a Thoreau y renunciar a las mieles del capital, pero luego los valores del capitalismo triunfan y las responsabilidades o las necesidades invierten la idea altruista y el temor más grande de los gringos que es convertirse en un perdedor los devuelve al redil más o menos cuando alcanzan los ciento veinte kilos, tienen hijos y se les empieza a caer el pelo. Creo que me gustó más El general confederado de Big Sur que La pesca de la trucha en América.
Mooresville (Indiana) es la capital de John Dillinger. Hace poco, un hombre se trasladó allí junto con su mujer y descubrió centenares de ratas en el sótano. Eran enormes, de movimientos lentos y ojos de niño. Una vez que su mujer tuvo que ir a pasar unos días con unos parientes, el hombre compró un revólver del 38 y un montón de munición. Luego bajó al sótano en el que estaban las ratas y empezó a disparar contra ellas. A las ratas les dio igual. Se comportaron como si estuviesen en el cine, y se comieron a sus compañeras muertas como si fueran palomitas. El hombre se acercó a una rata concentrada en comerse a una amiga y le plantó la pistola contra la cabeza. La rata no se movió y siguió comiendo. Cuando amartilló el percutor, la rata dejó de masticar y miró por el rabillo del ojo, primero la pistola y luego a él. Fue una mirada amistosa, como si hubiera querido decir: "cuando mi madre era joven cantaba como Deanna Durbin". El hombre apretó el gatillo. No tenía sentido del humor.
La pesca de la trucha en América—No he leído la pesca de la trucha. ¿De qué trata?
—Pesca de la trucha es un viaje y un hotel y un personaje, alter ego de Brautigan. Pero es también un mito del regocijo silvestre del estadounidense: parece que a todo norteamericano le llega el día en que el padre dice al hijo, al llegar a la edad de hacerse productor de dinero: “Vamos, junior, te enseñaré la pesca de la trucha en América”. Es una metáfora bíblica de esa promesa divina del lugar donde habrá ríos de leche y miel. Es la metáfora de la explotación: establecerse donde haya buena caza y buena pesca; una idea de pioneros, de colonizadores. En la novela se describe un peregrinaje de Brautigan en compañía de su esposa y su hija por la ruta de las truchas. Pero lo único que encuentra Brautigan en su peregrinación son dealers, perdedores, gente miserable o mezquina. Sin embargo, con ejemplos de lo que puede tomarse como pesca de la trucha, con comentarios, recuerdos, recetas de cocina, anotaciones, bibliografías, logra desmigajar los mitos americanos: Franklin es una estatua donde se dan cita mendigos para pedir ayuda social. Mitos como “sacar petróleo te hace grande”. Mitos como “recorrer el país vendiendo electrodomésticos es la base del progreso”. Mitos como el “plato nacional es la tarta de manzanas”. Mitos como “Whitman es el gran poeta de la exuberancia”. Brautigan recorre las llanuras y las montañas en busca de truchas y logra capturar la incoherencia de esos mitos fundacionales y los principios y valores de capitalismo financiero.
—¿Y ahora qué estás leyendo?
—David Foster Wallace. Mismo país. Estilos múltiples. También suicida.
—Tú lees mucho suicida. ¿Crees que aun estarás aquí para mi cumpleaños número cincuenta y nueve?
—Sin duda, chileno. El suicidio sólo es válido si lo tomamos como punto de partida. Y ahora me voy a leer, porque Foster Wallace era tan exagerado que se ahorcó en las escaleras de su casa y tenía debilidad por libros de mil hojas.
—Éxitos.
—Cianuro para todos.
Un general confederado de Big Sur
La pesca de la trucha en América
de Richard Brautigan
Editorial Blackie Books
- febrero 12, 2013
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Me acuerdo de Joe Brainard
Joe Brainard nació en Tulsa, Oklahoma, Estados Unidos. Era pintor y murió de SIDA en 1990. Sabemos más. Mucho más: Que era homosexual. Que se enamoró de Frank O´hara y de un millar de maricones más. Que vendió su sangre para poder comer cuando era pintor en New York. Que por muchos años nadie le compró un cuadro. Que de niño se comía los mocos. Que frecuentaba los bares gay y caminaba pegado a las paredes para que nadie le cogiera el culo. Que su amor platónico era Marlon Brando.
Lo sabemos por sus confesiones publicadas en 1970, que empiezan todas con la fórmula mágica: I remember (Me acuerdo). Las escribió a fines de 1969, y al hacerlo consiguió una geografía mental que resulta hoy por hoy la más honesta de las autobiografías (que conozco).
Brainard recordaba lo que recordaba todo el mundo, pero tal vez su condición de artista plástico y de homosexual declarado haya transformado el enfoque que podía darles a esos recuerdos sueltos. La fórmula de su memoria tiene un brillo tan especial porque encuentra armonía entre el recuerdo y la expresión. Porque su recuerdo y la evocación han concordado en una fórmula original, musical, cadente. Lo que resulta tras la lectura de este libro es una impresión de honda complicidad con el memorioso. El autor nos convierte en su confidente, en su sicoanalista, en su mejor amigo; no solo por utilizar esa fórmula sencilla que todos hemos usado cuando bebemos cerveza o café o fumamos marihuana con amigos a los que hace rato no visitamos: Me acuerdo, sino por contarnos lo que la moral a largo plazo insiste en negarle al pensamiento: la honestidad. Brainard ha hecho que el tamaño de sus recuerdos concuerde con el tamaño de sus palabras, pero a costa y pugna de obligarse a recordar sin mejorar el pasado. Brainard ha hecho literatura con lo que a otros avergüenza. Poesía, por su nivel de honestidad:
"Me acuerdo de haber intentado chupármela una vez, pero no llegó a funcionar.
Me acuerdo de un hombre gordo que vendía seguros. Un caluroso día de verano fuimos a visitarle y llevaba puestos unos pantalones cortos y cuando se sentó se le salió un huevo. Me acuerdo de que era igual de difícil mirarlo que no mirarlo.
Me acuerdo de reflexionar sobre si se debe o no se debe matar una mosca.
Me acuerdo de que cuando vivía en Boston me leí todas las novelas de Dostoievski una detrás de otra.
Me acuerdo de haber pensado en arrancar la página 48 de todos los libros que leyese en la biblioteca pública de Boston, pero perdí pronto el interés.
Me acuerdo de un chico con el que hice el amor una vez y de que cuando terminamos me preguntó si yo creía en Dios.
Me acuerdo de cuando creía que nada que fuese viejo podía tener valor.
Me acuerdo de un niño muy pobre que tenía que ponerse las blusas de su hermana para ir al colegio.
Me acuerdo de los lecheros. De los carteros. De las toallas para invitados. De los felpudos de “Bienvenidos”. Y de las señoras de Avon.
Me acuerdo de la silla detrás de la que solía pegar mocos.
Me acuerdo de que mi padre se rascaba las pelotas un montón.
Me acuerdo de lo chica que se te queda la polla cuando te quitas un bañador mojado.
Me acuerdo de evitar mirar a los lisiados.
Me acuerdo de lo excitante que es ver fugazmente un cuerpo desnudo en una ventana, aunque en realidad no hayas visto nada.
Me acuerdo de reordenar las cajas de caramelos para que no pareciese que faltaban tantos.”
En principio, parece fácil: Poner en cadena los repentes que sufrimos a diario mientras vamos en un bus, o transitamos por una calle, en ese instante en que nos viene una imagen, un recorte, un escena vivida, un rostro de mujer o de hombre que vimos al pasar hace muchos años por el mismo sitio. Ese instante, seleccionado a su antojo por la memoria, ha de sobrevivir y fijarse en un codicilio de nuestra mente bajo gruesas capas del olvido para luego ser detonado por un hallazgo, por un olor, por una sinestesia. Entonces tomamos una libreta, ponemos el leit motiv: Me acuerdo, y automáticamente ya no seremos los mismos. Facil, sí. Parece. Pero la vida es más dura. Y la memoria caprichosa: selecciona lo que quiere, sin ningún patrón y luego nos devuelve nuestra propia vida mejorada en el recuerdo. ¿Lo hace para protegernos? No. Lo hace porque la vida es ficción, porque no hay ninguna diferencia entre soñar o recordar.
(Si desea saber de qué vienen los últimos 4 post, de click en más información:)
- enero 09, 2010
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O la fantástica historia de Arnaut Daniel, el poeta falsario provenzal, contada 800 años después por un juglar moderno nacido en el Chocó, Colombia, y llamado Maicolyason
A vel, mi ñelo: un juglal es alguien como la pinta esa del maicolyason, ¿sí lo conoce? ¿Qué no?, Pues se lo plejento, mucho gusto, maicolyason pa selvile en lo que sea bueno. Le voy a contal: lo que pasa es que el man quelía sel poeta, sí, mi pello, una pinta que mancha hoja y luego se va de lebusque por la lleca, pa los ballios tesos y ficha a los consoltes y se le acelca a la paleja y le dice a la pinta que ablaza el hembrón: ey, palcelito, mile pa ke pille y se luzca con la hembla, y saca la hoja y le engalza un poema, no noo nooo, que no es pal vicio, man, comoclee, es pa ayudal la cucha que ta enfelma en el ballio Juan Ley, sí, somo chocoano, pelo más pal nolte, pol lo lao de turbo, pelo conosco hajta calepa y cullulao, mucho gusto, me llamo Maicolyason, si, como el blanquiao ese que se murió el mes pasao en la yunaitiestés que em paj decance, es que a mi apá le gustaba mucho ese man, uy yu yui que detallazo, monito, hámbulguel, que lico, pelo no me diga que tiene cebolla, mi ñelo, polque no me la como, es que me da malaliento y usté jabe, el alientoegato no silve pa ejte oficio de juglal, pelo no se me ponga mojletón, pa que vea le voy a declamá uno de despecho, polque uno tambié tiene su colazoncito, lo esclibí en el patio cuatlo de la modelo, sí, me encanalon cuatlo año pol la masacle de la negla, pelo no se me asuste, monita, yo ya voy pola buena, diecisiete de cálcel, eso es pa que afine, así que aquí, pa toa mi fanaticá, le va mi despecho:
Malía
Esa cuca ejtá muy flía
Esas tetas ejtán caídas
Malía
¿Ya je te fue la manía
de andal con los policías
pa que te peguen una cogía?
Malía
Esa nalgas ejtán podlías
Me jan dicho que tienes hasta sía
Malía
No me jodas máj la vida
Pela malpalía
Y a uno le dan plata pol eso, cuñao. Eso ej un juglal. Alguien que come de too y no muele de hamble. Yo lecogía veinte mil lo día maj malo, sí, en el palque la noventa y tlés, donde viven los licos, donde vive el presidente. ¿Qué allá no vive? Pues debelía vivil puallá, poque allá es donde vive la hebra, loj pasofino, la gentelica, pelo hablemo de lo que vivimo: Alnau Daniel es el poeta del milenio, el juglal pol ejelencia. El tipo ela dizque plovenzal, sí, entle flancia y epaña, o yonojé, pelo después se fue a vivi a inglatella, que po entonce ejtaba gobelná pol ejta velga de man… licaldo colazón de león, je llamaba. Lesulta mi pello que Alnau no le gustaba hacé ná, ni ejtudiá ni ná, entoes je fue de pueblo en pueblo, cantando poema como lo hace el neglo Maycolyason, o sea yo, que mucho guto, que pa selvile en lo que sea, y cuando al fin llegó a la colte, otlo juglá lo desafió; sí, así como me ejtá desafiando vos, mi ñelo, a vel si yo soy capá de contal la historia del Alanau Daniel, pa ese bló… ¿cómo ej que se llama esa mondá?, si una hoguela pa ke alda goya, pue jépalo que sí, el Alnau ese tan honrao y mentao puelpoeta Dante, ela un vaciao, un zallapastloso, maltlajiado y aluinado puel juego de lo dao y de lo naipe, pelo el tipo no se amilanaba y entlaba a todas las discusiones con los tesos de la poyeisis, mi ñelo, de la puesía, el mancito nació en un castillo, el piligold, en lo que hoy ej jrancia, ejtudió letlas pelo las abandonó pol sel lible y juglal, en ejos tiempo sí que ela bueno sel juglal, mi ñelo. Ahola también, pelo la gente anda más pringá, poque dicen que uno e poble polque no quiele tlabajá, pelo tlabajá en qué, digo yo, Micolyason, pa selville, echal pal monte y calgal el galil selá. El Alnau ese vivió en el año mil ciento jejenta, o eso inventa la clonología, que en 1180 el mancito llegó a la colte de Colazón de León y el poeta principal de la colte se le puso al colte y se la puso al rojo, que él era puro blablablá, que su poema eran los piores, que si se le medía a un grifirrafe en plena colte, usté sabe, brodel, que todo lo del poble es robao, o plestao, o chiviao; el tipo, arrastrao y too, no se amilanó: Alnau je las daba de zorro y abejón y tenía olejas de chanchito, así que cuando el ley Licaldo los enjerró en el castillo pala piquelía del día siguiente el Alnau no halló mejol cosa que dejá su mente en blanco y dejá fluí su injpilación, pero su injpilación na que vino, y en cambio desde la cama oía el canto que venía del lao erecho, el poema que el otro mancebo, el poeta oficial de la colte iba camponiendo al otlo lao e la ventana, y a medida que pasaban las holas ná se le ocullió al poble Arnau, hasta que se le ocullió, ñelo: se craneó el canto del otro de tanto jodé y jodé con la lepetidera y Alnau se lo glabó en el dijco uro, de memoria, mi ñelo, poque así era lo poeta diantes, too lo tenía en la mente el poeta, poque los poetas de antes elan como aquí su servilleta, (Maycolyason, pa selvile en lo que pueda): se aprendían los poemas pa cantalos en las plazas y en la calles y regalalos a too mundo, no como ahora que toos quien figulá y que los publiquen en papel, tanta vanidá de banidades que se aplesuran y lo publican en intelné, sin métrica ni música ni ná de ná, y a eso dizque lo llaman poyeisis, ¿quiéle que le diga como je llama eso? Je llama cacorrá. El Alnau ese, al día siguiente, hizo que el ley Licaldo Colazón de León lo pasara de primero a la talima y entonces se burló del otlo, del poeta oficial, polque se le adelantó y declamó el poema plimelo, y el otlo, al oíl su poema en boca de Alnaut, se emputó, y tlató de bajalo a patás, y el Ley dijo quihubo palcero no te me cagués en el tapete, y Alnaut sólo se rio, y no dijo nada, y el poeta oficial dijo que ejte man ej un cagao, mi ley, que ejte man me tumbó la estrofa, palce, y el Ley dijo cóooomo y mandó enseguida a averiguá y cuando supo que era cietto casi se caga de la lisa en su tapete, al Alnaut lo subió en seguida al rango de poeta oficial de la colte y le dio la autoría del poema, y al otro… ¡pues que se lo piche un burro! ¿sí me entendió? Así ej como je acaban todas las vanidaes del ome, ome ¿qué tal la historieta? ¿Le gustó? ¿Sí? ¿Entons en qué quedamos, ome? ¿Me lo va a complal, el poemita, pa que le lleve a la hembra, ome, o se me va de niego?
Coda:
La transcripción fonética se ha mantenido en la columna anterior por motivos de ocio no remunerado que sólo conciernen al autor, pero bien puede ser comprendida cabalmente por cualquier lector desocupado que se tome la molestia de traducir del español vernáculo al español colombiano lo que allí le parezca oscuro, y relacionar luego con una parodia de Cabrera Infante en Exorcismos de estío. Sólo debe tener en cuenta cuatro cosas: los neologismos por permutación, o sincopados, como lle-ca, tienen equivalencia, en el español estándar de Colombia, en la palabra Calle. Las frases compuestas y unidas mediante sinalefa del tipo “comoclee”, “puelpoeta” deben leerse acentuadas y separadas: cómo cree- por el poeta.
Otro consejo esencial si quiere comprender a cabalidad la anécdota central del texto es ubicar un sonido fricativo alveolar (letra R) donde está el punto de articulación de la letra L; añadir la letra H, que no encuentre en palabras de consonante sorda como Ome, y la S en pronombres indicativos propios de africanos, es decir donde caprichosamente encuentre un sonido africado como el de la letra J (Ejte- léase: Este).
Por otro lado, si quiere leer la segunda versión de esta increíble historia sobre el mejor plagio de la historia de la literatura, o conocer la historia abreviada de la literartura juglar, o averiguar algo sobre el poeta más genial de todos los tiempos, celebrado por Dante Alhiguieri y Petrarca: Arnaut Daniel, nacido en provenza hacia 1150 y poeta de la corte del rey cruzado Ricardo Corazón de León y amiguísimo de Robin Hood, el príncipe de los ladrones, todo en español estándar, haga click en el botón “más información” (el de color azul o rojo) aquí abajo:
A vel, mi ñelo: un juglal es alguien como la pinta esa del maicolyason, ¿sí lo conoce? ¿Qué no?, Pues se lo plejento, mucho gusto, maicolyason pa selvile en lo que sea bueno. Le voy a contal: lo que pasa es que el man quelía sel poeta, sí, mi pello, una pinta que mancha hoja y luego se va de lebusque por la lleca, pa los ballios tesos y ficha a los consoltes y se le acelca a la paleja y le dice a la pinta que ablaza el hembrón: ey, palcelito, mile pa ke pille y se luzca con la hembla, y saca la hoja y le engalza un poema, no noo nooo, que no es pal vicio, man, comoclee, es pa ayudal la cucha que ta enfelma en el ballio Juan Ley, sí, somo chocoano, pelo más pal nolte, pol lo lao de turbo, pelo conosco hajta calepa y cullulao, mucho gusto, me llamo Maicolyason, si, como el blanquiao ese que se murió el mes pasao en la yunaitiestés que em paj decance, es que a mi apá le gustaba mucho ese man, uy yu yui que detallazo, monito, hámbulguel, que lico, pelo no me diga que tiene cebolla, mi ñelo, polque no me la como, es que me da malaliento y usté jabe, el alientoegato no silve pa ejte oficio de juglal, pelo no se me ponga mojletón, pa que vea le voy a declamá uno de despecho, polque uno tambié tiene su colazoncito, lo esclibí en el patio cuatlo de la modelo, sí, me encanalon cuatlo año pol la masacle de la negla, pelo no se me asuste, monita, yo ya voy pola buena, diecisiete de cálcel, eso es pa que afine, así que aquí, pa toa mi fanaticá, le va mi despecho:
Malía
Esa cuca ejtá muy flía
Esas tetas ejtán caídas
Malía
¿Ya je te fue la manía
de andal con los policías
pa que te peguen una cogía?
Malía
Esa nalgas ejtán podlías
Me jan dicho que tienes hasta sía
Malía
No me jodas máj la vida
Pela malpalía
Y a uno le dan plata pol eso, cuñao. Eso ej un juglal. Alguien que come de too y no muele de hamble. Yo lecogía veinte mil lo día maj malo, sí, en el palque la noventa y tlés, donde viven los licos, donde vive el presidente. ¿Qué allá no vive? Pues debelía vivil puallá, poque allá es donde vive la hebra, loj pasofino, la gentelica, pelo hablemo de lo que vivimo: Alnau Daniel es el poeta del milenio, el juglal pol ejelencia. El tipo ela dizque plovenzal, sí, entle flancia y epaña, o yonojé, pelo después se fue a vivi a inglatella, que po entonce ejtaba gobelná pol ejta velga de man… licaldo colazón de león, je llamaba. Lesulta mi pello que Alnau no le gustaba hacé ná, ni ejtudiá ni ná, entoes je fue de pueblo en pueblo, cantando poema como lo hace el neglo Maycolyason, o sea yo, que mucho guto, que pa selvile en lo que sea, y cuando al fin llegó a la colte, otlo juglá lo desafió; sí, así como me ejtá desafiando vos, mi ñelo, a vel si yo soy capá de contal la historia del Alanau Daniel, pa ese bló… ¿cómo ej que se llama esa mondá?, si una hoguela pa ke alda goya, pue jépalo que sí, el Alnau ese tan honrao y mentao puelpoeta Dante, ela un vaciao, un zallapastloso, maltlajiado y aluinado puel juego de lo dao y de lo naipe, pelo el tipo no se amilanaba y entlaba a todas las discusiones con los tesos de la poyeisis, mi ñelo, de la puesía, el mancito nació en un castillo, el piligold, en lo que hoy ej jrancia, ejtudió letlas pelo las abandonó pol sel lible y juglal, en ejos tiempo sí que ela bueno sel juglal, mi ñelo. Ahola también, pelo la gente anda más pringá, poque dicen que uno e poble polque no quiele tlabajá, pelo tlabajá en qué, digo yo, Micolyason, pa selville, echal pal monte y calgal el galil selá. El Alnau ese vivió en el año mil ciento jejenta, o eso inventa la clonología, que en 1180 el mancito llegó a la colte de Colazón de León y el poeta principal de la colte se le puso al colte y se la puso al rojo, que él era puro blablablá, que su poema eran los piores, que si se le medía a un grifirrafe en plena colte, usté sabe, brodel, que todo lo del poble es robao, o plestao, o chiviao; el tipo, arrastrao y too, no se amilanó: Alnau je las daba de zorro y abejón y tenía olejas de chanchito, así que cuando el ley Licaldo los enjerró en el castillo pala piquelía del día siguiente el Alnau no halló mejol cosa que dejá su mente en blanco y dejá fluí su injpilación, pero su injpilación na que vino, y en cambio desde la cama oía el canto que venía del lao erecho, el poema que el otro mancebo, el poeta oficial de la colte iba camponiendo al otlo lao e la ventana, y a medida que pasaban las holas ná se le ocullió al poble Arnau, hasta que se le ocullió, ñelo: se craneó el canto del otro de tanto jodé y jodé con la lepetidera y Alnau se lo glabó en el dijco uro, de memoria, mi ñelo, poque así era lo poeta diantes, too lo tenía en la mente el poeta, poque los poetas de antes elan como aquí su servilleta, (Maycolyason, pa selvile en lo que pueda): se aprendían los poemas pa cantalos en las plazas y en la calles y regalalos a too mundo, no como ahora que toos quien figulá y que los publiquen en papel, tanta vanidá de banidades que se aplesuran y lo publican en intelné, sin métrica ni música ni ná de ná, y a eso dizque lo llaman poyeisis, ¿quiéle que le diga como je llama eso? Je llama cacorrá. El Alnau ese, al día siguiente, hizo que el ley Licaldo Colazón de León lo pasara de primero a la talima y entonces se burló del otlo, del poeta oficial, polque se le adelantó y declamó el poema plimelo, y el otlo, al oíl su poema en boca de Alnaut, se emputó, y tlató de bajalo a patás, y el Ley dijo quihubo palcero no te me cagués en el tapete, y Alnaut sólo se rio, y no dijo nada, y el poeta oficial dijo que ejte man ej un cagao, mi ley, que ejte man me tumbó la estrofa, palce, y el Ley dijo cóooomo y mandó enseguida a averiguá y cuando supo que era cietto casi se caga de la lisa en su tapete, al Alnaut lo subió en seguida al rango de poeta oficial de la colte y le dio la autoría del poema, y al otro… ¡pues que se lo piche un burro! ¿sí me entendió? Así ej como je acaban todas las vanidaes del ome, ome ¿qué tal la historieta? ¿Le gustó? ¿Sí? ¿Entons en qué quedamos, ome? ¿Me lo va a complal, el poemita, pa que le lleve a la hembra, ome, o se me va de niego?
Coda:
La transcripción fonética se ha mantenido en la columna anterior por motivos de ocio no remunerado que sólo conciernen al autor, pero bien puede ser comprendida cabalmente por cualquier lector desocupado que se tome la molestia de traducir del español vernáculo al español colombiano lo que allí le parezca oscuro, y relacionar luego con una parodia de Cabrera Infante en Exorcismos de estío. Sólo debe tener en cuenta cuatro cosas: los neologismos por permutación, o sincopados, como lle-ca, tienen equivalencia, en el español estándar de Colombia, en la palabra Calle. Las frases compuestas y unidas mediante sinalefa del tipo “comoclee”, “puelpoeta” deben leerse acentuadas y separadas: cómo cree- por el poeta.
Otro consejo esencial si quiere comprender a cabalidad la anécdota central del texto es ubicar un sonido fricativo alveolar (letra R) donde está el punto de articulación de la letra L; añadir la letra H, que no encuentre en palabras de consonante sorda como Ome, y la S en pronombres indicativos propios de africanos, es decir donde caprichosamente encuentre un sonido africado como el de la letra J (Ejte- léase: Este).
Por otro lado, si quiere leer la segunda versión de esta increíble historia sobre el mejor plagio de la historia de la literatura, o conocer la historia abreviada de la literartura juglar, o averiguar algo sobre el poeta más genial de todos los tiempos, celebrado por Dante Alhiguieri y Petrarca: Arnaut Daniel, nacido en provenza hacia 1150 y poeta de la corte del rey cruzado Ricardo Corazón de León y amiguísimo de Robin Hood, el príncipe de los ladrones, todo en español estándar, haga click en el botón “más información” (el de color azul o rojo) aquí abajo:
- octubre 26, 2009
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