- agosto 17, 2020
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2. Uno que se haya demorado mucho en leer (Reto 30 libros)
¿Lo inacabado es la expresión máxima? En parte es cierto. La mente tiene una tendencia a completar lo inacabado, de otro modo sería prácticamente imposible conversar con alguien. El mundo sugerido es lo más significativo en una conversación. Lo mismo ocurre acaso en una novela. Sin la mente condescendiente del lector es imposible que una obra se complete. Con una obra inacabada disculpamos al autor de la novela inconclusa, y desvariamos con la idea de la forma que hubiera tenido el libro al darle remate el autor (si antes no se le atraviesa un cáncer, o el sida, o el suicidio, o la muerte súbita.) El final de una obra no debe ser ni bueno ni malo, simplemente debe acatar su destino. 2666 no tiene remate, ni tiene final. Lo que digan los críticos entusiastas en su favor es un valor imaginario. 2666 es una obra incompleta, donde es la imperfección, lo que no está, o que permanece en potencia (y sólo sugiere lo que pudo haber sido) aquello que provoca la idea de solidez y redondez ficticia. Es imposible determinar si Bolaño hubiese estado de acuerdo con nosotros en que el libro acabaría con un apocalipsis en Sonora. Asegurar que el autor la hubiera resuelto de esta u otra forma, si el protagonista iba a dar con sus huesos a aquel lugar para revelar el caso de las mujeres asesinadas, si iba a morir en el intento, o si la historia iba directo a un punto de giro sutil que condujera a la metástasis, a mil multiplicaciones, es una ilusión, cuando no un homenaje. La misma pregunta ‘cómo habría acabado’ rodea la obra de Kafka, Perec y Roberto Bolaño. ¿Habría escrito Perec ese libro de Memorias tan anunciado? ¿Cuál sería el fin de El proceso si a Kafka no se le atraviesa un esputo sangriento? Lo cierto es que al desierto de Sonora se encaminaron los Detectives salvajes la última vez que los vieron. A sonora se encaminó Archimboldi en la última línea de 2666. A sonora viajaron los críticos que seguían el rastro de un escritor out sider. A sonora va a investigar los crímenes contra mujeres un periodista negro norteamericano. En sonora vive un matemático que se está volviendo loco y su hija adolescente, bocadillo dispuesto para los violadores en serie. ¿Qué monstruoso encanto había en Sonora? ¿Qué planeaba Bolaño para rematar su novela y atar los hilos sueltos de sus obras completas? La incógnita mejora la obra.
(Demoré en leerla casi dos meses, porque en 2008 era el libro más solicitado de la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá. Todos se la rapaban de las manos. La mejor parte, a mi juicio, es la de Almafitano, el profesor de lógica que cuelga libros en el tendedero y está a punto de descubrir un teorema. Esta parte registra la descomposición mental de un profesor de filosofía, que tal vez oculta en la memoria perdida una doble vida de escritor de novelas; y Amalfitano quiere recobrarla, pero no puede (hay secuela, Los sin sabores del verdadero policía, que quizá abra puertas a teorías fantasiosas sobre el final de 2666). La Parte de los críticos contiene algunos secretos del oficio de escritor y la descripción de argumentos falsos que sirve a los protagonistas, cuatro críticos, para declarar la obra de Archimboldi como un espejo del siglo XX, e intercambiar parejas. La parte de Fate, del periodista, es un reportaje de relleno para dilatar el clímax que nunca llega. La de las muertas es una señal profética, y como todo libro profético, repetitivo, enfático, redundante. La Parte de Archimboldi es una mezcla de novela bélica con autobiografía en clave del propio Bolaño; un enigma de incompletud. Creo que la solución de la novela no resolverá los crímenes de sonora, que en el libro, o en la vida bien los puede seguir cometiendo narcos, sicópatas, o políticos, o turistas sexuales. La mente de Almafitano estuvo a punto de una clarividencia. Es sólo una hipótesis.)
Roberto Bolaño, 2666, Anagrama. 1125 páginas.
¿Lo inacabado es la expresión máxima? En parte es cierto. La mente tiene una tendencia a completar lo inacabado, de otro modo sería prácticamente imposible conversar con alguien. El mundo sugerido es lo más significativo en una conversación. Lo mismo ocurre acaso en una novela. Sin la mente condescendiente del lector es imposible que una obra se complete. Con una obra inacabada disculpamos al autor de la novela inconclusa, y desvariamos con la idea de la forma que hubiera tenido el libro al darle remate el autor (si antes no se le atraviesa un cáncer, o el sida, o el suicidio, o la muerte súbita.) El final de una obra no debe ser ni bueno ni malo, simplemente debe acatar su destino. 2666 no tiene remate, ni tiene final. Lo que digan los críticos entusiastas en su favor es un valor imaginario. 2666 es una obra incompleta, donde es la imperfección, lo que no está, o que permanece en potencia (y sólo sugiere lo que pudo haber sido) aquello que provoca la idea de solidez y redondez ficticia. Es imposible determinar si Bolaño hubiese estado de acuerdo con nosotros en que el libro acabaría con un apocalipsis en Sonora. Asegurar que el autor la hubiera resuelto de esta u otra forma, si el protagonista iba a dar con sus huesos a aquel lugar para revelar el caso de las mujeres asesinadas, si iba a morir en el intento, o si la historia iba directo a un punto de giro sutil que condujera a la metástasis, a mil multiplicaciones, es una ilusión, cuando no un homenaje. La misma pregunta ‘cómo habría acabado’ rodea la obra de Kafka, Perec y Roberto Bolaño. ¿Habría escrito Perec ese libro de Memorias tan anunciado? ¿Cuál sería el fin de El proceso si a Kafka no se le atraviesa un esputo sangriento? Lo cierto es que al desierto de Sonora se encaminaron los Detectives salvajes la última vez que los vieron. A sonora se encaminó Archimboldi en la última línea de 2666. A sonora viajaron los críticos que seguían el rastro de un escritor out sider. A sonora va a investigar los crímenes contra mujeres un periodista negro norteamericano. En sonora vive un matemático que se está volviendo loco y su hija adolescente, bocadillo dispuesto para los violadores en serie. ¿Qué monstruoso encanto había en Sonora? ¿Qué planeaba Bolaño para rematar su novela y atar los hilos sueltos de sus obras completas? La incógnita mejora la obra.
(Demoré en leerla casi dos meses, porque en 2008 era el libro más solicitado de la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá. Todos se la rapaban de las manos. La mejor parte, a mi juicio, es la de Almafitano, el profesor de lógica que cuelga libros en el tendedero y está a punto de descubrir un teorema. Esta parte registra la descomposición mental de un profesor de filosofía, que tal vez oculta en la memoria perdida una doble vida de escritor de novelas; y Amalfitano quiere recobrarla, pero no puede (hay secuela, Los sin sabores del verdadero policía, que quizá abra puertas a teorías fantasiosas sobre el final de 2666). La Parte de los críticos contiene algunos secretos del oficio de escritor y la descripción de argumentos falsos que sirve a los protagonistas, cuatro críticos, para declarar la obra de Archimboldi como un espejo del siglo XX, e intercambiar parejas. La parte de Fate, del periodista, es un reportaje de relleno para dilatar el clímax que nunca llega. La de las muertas es una señal profética, y como todo libro profético, repetitivo, enfático, redundante. La Parte de Archimboldi es una mezcla de novela bélica con autobiografía en clave del propio Bolaño; un enigma de incompletud. Creo que la solución de la novela no resolverá los crímenes de sonora, que en el libro, o en la vida bien los puede seguir cometiendo narcos, sicópatas, o políticos, o turistas sexuales. La mente de Almafitano estuvo a punto de una clarividencia. Es sólo una hipótesis.)
Roberto Bolaño, 2666, Anagrama. 1125 páginas.
- noviembre 08, 2011
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En el prólogo a su novela Amberes habla Bolaño y nos cuenta cómo fue su vida al llegar a España: En aquellos años, si mal no recuerdo, vivía a la intemperie y sin permiso de residencia. Por supuesto, nunca llevé esta novela (Amberes) a ninguna editorial. [...] Mi enfermedad, entonces, era el orgullo, la rabia y la violencia. Estas cosas (rabia, violencia) agotan y yo me pasaba los días inútilmente cansado. Por las noches trabajaba. Durante el día, escribía y leía.. No dormía nunca. Me mantenía despierto tomando café y fumando”. De todas estas notas al margen está hecho el libro de poemas La universidad desconocida.
Es uno de los dos libros póstumos que publicó Anagrama el año anterior. Recoge la poesía completa de Bolaño desde que llegó a España. Luis Fernando Charry dice en Arcadia que la lectura de este libro “a pesar de ese tono conversacional un tanto fallido, de los reiterativos guiños a Nicanor Parra (a los malos poetas normalmente le gusta mucho parra) y de los regulares ejemplos de prosa poética- tiene la virtud de mostrar a Bolaño en medio de la batalla”.
Para Rodrigo Fresán (que fue el mejor amigo de Bolaño en sus últimos días de enfermedad), el libro es: “Un tractat –de ahí que además de trascendente, sea peligroso por su potencia radiactiva a la hora de tentar con reproducir un estilo inimitable que, de intentárselo, me temo que resultaría en torpe parodia– al que incautos o irresponsables tal vez interpretarán, más que equivocadamente, como un promiscuo y apto para todo público Manual Para Ser Como Bolaño rebosante de eslóganes y mandamientos y pasos por seguir y calcar por fans adictos compulsivos”. (Ver Letras Libres algo que escribió Fresán)
Para Rodrigo Fresán (que fue el mejor amigo de Bolaño en sus últimos días de enfermedad), el libro es: “Un tractat –de ahí que además de trascendente, sea peligroso por su potencia radiactiva a la hora de tentar con reproducir un estilo inimitable que, de intentárselo, me temo que resultaría en torpe parodia– al que incautos o irresponsables tal vez interpretarán, más que equivocadamente, como un promiscuo y apto para todo público Manual Para Ser Como Bolaño rebosante de eslóganes y mandamientos y pasos por seguir y calcar por fans adictos compulsivos”. (Ver Letras Libres algo que escribió Fresán)
Yo confieso que me autoregalé este libro hace unos días, después de recomendarlo como regalo de navidad. Creo que con este libro y 2666 el lector desprevenido tiene la oportunidad de llevarse la imagen real del escritor que era Bolaño y de la obra que se propuso -y consiguió- casi dándose puños con la vida.
Me encabrona que ahora digan los amigos que le conocieron en la ambig[uedad de estar enfermo y entre vacas gordas (y pontificando lo que aprendió entre vacas flacas) que no hay que ser como él, que eso es muy duro, que el último libro publicado póstumamente debe leerse como un manual para no ser Bolaño.
Que yo sepa, esa cláusula expresa la dejó dicha sólo para su hijo Lautaro, y era para no verlo sufrir como él sufrió detrás de la belleza. El resto, que se jodan. Si quieren ser escritores de obras inmensas raptadas a la adversidad, pues que sufran, que coman mierda. El último libro póstumo de Bolaño no es un manual para escribir como Bolaño. Es un manual para ser Bolaño. Porque cuando no hay camino, ni luz, ni guía, los escritores imitan a los escritores. Porque Bolaño escribió con el estómago vacío como Cervantes, pontificó como Ezra Pound y se peleó con todo mundo como Ernts Hemingway.
(Calle Bucareli. México D.F.)
«Un minuto de soledad
la frente apoyada
En el hielo de la ventana
Y los tranvías
En los alrededores
De Bucareli
Con muchachas fantasamales
Que se despiden
Al otro lado de la ventana
Y el ruido de los automóviles
A las 3. A.M.»
"Es de noche y estoy en la zona alta
de Barcelona y ya he bebido
más de tres cafés con leche
en compañía de gente que no
conozco y bajo una luna que a veces
me parece tan miserable y otras
tan sola y tal vez no sea
ni una cosa ni la otra y yo
no haya bebido café sino coñac y coñac
y coñac en un restaurante de vidrio
en la zona alta y la gente que
creí acompañar en realidad
no existe o son rostros entrevistos
en la mesa vecina a la mía
en donde estoy solo y borracho
gastando mi dinero en uno de los límites
de la universidad desconocida"
- enero 14, 2008
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