Diario, Witold Gombrowicz

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4. Uno que lo haya instado a la irreverencia. Reto 30 libros (permutado)


Hay algo artificioso en este diario: la excesiva depuración. Fue escrito para ser publicado en un periódico de polacos exiliados en París. Gombrowicz escribía para el otro, para los otros, alejándose del uso común del diario (para el yo). Los "otros" eran aquellos lectores polacos que respondían con cartas radiactivas a sus ataques atrabiliarios (las mujeres más). Por eso el exceso del cuidado en las apreciaciones pero, también por eso, las abiertas y deliciosas provocaciones que desliza entre idea y crítica. El resultado de una precaución tan profiláctica es que a veces tenemos la sensación de estar ante un libro de ensayos y no de un diario. La mayoría de las inscripciones tienen que ver con literatura polaca: ataques inmisericordes a los exponentes de una literatura, la previa a los años 50, que Gombrowicz supone anacrónica y politizada; torpe: 

“La literatura polaca es la típica literatura seductora que desea fascinar al individuo, someterlo a la masa, hacerlo caer en el patriotismo, el civismo, la fe y la entrega. Es una literatura pedagógica, por eso no inspira confianza.”
“La poesía popular, la poesía polaca, todas las poesías, no darán un paso adelante hasta que no rompan con tres horribles esquemas: primero la actitud del poeta; segundo el tono poético; tercero la forma política.”
“La historia de la literatura… de acuerdo, pero ¿por qué sólo la historia de la buena literatura? El arte malo ¿no puede caracterizar más a una nación? La historia de la subliteratura polaca posiblemente nos diría más sobre nosotros que la historia de los diversos mickiemicz…”
“Ninguno de estos poetas de raza nos proporcionó nada existente, nada que fuera verdaderamente personal, ninguna solución, ninguna transformación de la realidad en cualquier forma definida y expresiva, como puede serlo una cara humana. Les faltaba cara. No tenían una actitud ante la realidad.”

Gombrowicz no buscaba ser epígono de otros. Su primera rebelión es contra las formas manidas, contra los lugares comunes, contra los caminos trillados. Recuerdo ahora Cosmos, esa parodia de novela policíaca donde el objeto de la investigación es quién mató a un pajarito. Gombrowicz se opuso siempre al gusto colectivo, a la cultura común, museificada. En el diario parece fascinado con llevar la contraria, como un loco paranoico: busca siempre metáforas desorbitantes, argumentos atrabiliarios para ironizar, para burlarse de los conceptos manidos, para ridiculizar los argumentos de la critica convencional usados en avalar con moldes; pero sorprende que se lo tome todo tan a pecho, como si la literatura fuese muy importante y los críticos unos agrimesores ciegos que osan establecer su límites. Era un escritor que reflexionaba, porque un escritor incapaz de hablar sobre lo que hace es un analfabeta del arte.
De los muchos escritores que en Polonia escribieron sobre la guerra, dice: 

“Prohibiría esta enfermedad típicamente polaca que cree que sólo en las cumbres hay algo por descubrir. Las cumbres no hay nada, nieve hielo y rocas, en cambio hay mucho en el propio jardín. Cuando te acercas con la pluma en la mano a las montañas del sufrimiento de millones de seres te invade el miedo, el respeto, el horror; la pluma se detiene en la mano, y tus labios no son capaces de emitir más que un gemido. Pero con gemidos no se hace literatura.” 

Ideas demagógicas que parcializan lo que verdaderamente está en juicio al hacer literatura: las formas; no los temas. Gombrowicz organizaba su pensamiento por ideas y categorías. Las ideas básicas eran la literatura, los viajes sin movimiento, el humor disparatado, la guerra, la libertad, los sentimientos frívolos. Las categorías eran la técnica literaria, el pensamiento filosófico, las escuelas literarias,  la formación de los artistas en ciernes, Polonia. Otras categorías ocupan un segundo espacio en la mayor parte de las entradas: la moral católica del pueblo polaco y la ideología comunista. Sobre la primera, todos los que han ido a Polonia y han entrado a una iglesia pueden corroborar fácilmente las ideas de Gombrowicz, y al parecer sigue vigente. Sobre el tema comunista, hay que recordar la ocupación soviética en la posguerra y la marca de la enajenación del individuo que vive bajo una ideología extrema.

“Acaso no vemos a cada paso que la conciencia no tiene casi nada qué decir. ¿Acaso el hombre mata tortura porque ha llegado a la conclusión de que tiene derecho a hacerlo? Mata porque matan otros. Tortura porque otros torturan. El acto más horripilante se vuelve fácil cuando el camino que lo atraviesa es un camino ya abierto. Así en los campos de concentración el camino hacia la muerte estaba tan allanado que el burgués incapaz de matar una mosca en su casa asesinaba con facilidad a la gente.”

Hay también el esbozo de un tema velado pero inminente para un hombre que se casó pero nunca se animó a salir del closet: las mujeres; el diario contiene esbozos de mujeres y de su compleja relación con ellas. Al ser un homosexual tapado, su represión chispeaba en machismo y ambivalencia sexual. A diferencia de los hombres, con los que se establece un combate intelectual, casi siempre las mujeres aparecen en desventaja en este diario: o son bastante desvalidas del pensamiento, o son muy jóvenes, y en ese caso todo lo que dice respecto a ellas parece provenir de un viejo morboso que no admite serlo, centradas en el físico y no en la inteligencia; o son veteranas desafiantes y patrioteras que le atacan a puñaladas ad hominem para sentirse emancipadas. Gombrowicz parecía no desear a las mujeres más que para la contemplación estética de la belleza:

“La belleza no puede basarse en un engaño. No se consigue silenciando la fealdad. La mujer quiere que nos olvidemos de sus fealdades.” 

A un lector latinoamericano le inquieta saber más de los años vividos en Argentina (país que habría de convertirse en potencia mundial en edición) mientras Europa se desangraba y donde él vivió en las carencias del mundo en guerra y el exilio forzoso. Quisiéramos saber detalles sobre el viaje que lo ancló a esta tierra al comienzo de la guerra de los años 40, la miseria en que vivía, la angustia de pretender escribir y vivir de ello en un país al que se refiere muchas veces como "despoblado" y "agrícola", es decir rural, ignorante, la mirada del extranjero culto. Sus alusiones a Borges, Sábato, Bioy, Victoria y Silvina Ocampo son vagas en estos diarios europeos y quedan siempre interrumpidas o relegadas al recuerdo despectivo. A varios de ellos los consideró lacónicamente “buenos escritores”, pero no avanza sus razones. Sin embargo, en las pocas anécdotas, creemos ver más de lo que dice. ¿Vivió excluido por la barrera del idioma? ¿Fue excluido por la élite argentina? ¿Cuándo dijo desde la eslora del barco que lo regresaba a Francia “maten a Borges” era una advertencia del impacto que Borges tendría sobre la literatura culta, o una muestra más de su proverbial mamadera de gallo? Todo eso habrá que buscarlo en otros libros como el Diario Argentino, editado por Adriana Hidalgo, donde se extiende en pormenores que aquí ya son agua pasada.

De los autores franceses del momento (Camus y Sartre) desprecia eso que considera una gran estafa: el existencialismo y la contradicción intelectual del compromiso del escritor. El existencialismo no le parece nada nuevo. Y el compromiso era el mismo atolladero que enfrentaban los escritores franceses del siglo XIX cuando los clasificaban como naturalistas o simbolistas. Gombrowicz subestima a los existencialistas, porque considera su pensamiento poco novedoso y original. Él mismo, asegura, ha trasegado antes de Sartre y compañía este camino, y no lo condujo a nada: En aquel entonces aún no sabía que, por unos conflictos bastante parecidos a los míos, relacionados con el deseo de aprender la vida en caliente, en su movimiento, se estaban rompiendo la cabeza los existencialistas. Él se curó con un viaje a América. Rebate y confunde temas políticos con temas estéticos y dice que él ya superó tales dicotomías del espíritu (aunque en temas estéticos asuma posiciones más conservadoras, como la sublimación del provincianismo o el velo moral que cuelga sobre su homosexualidad). 
Cierra con el famoso artículo por el que casi lo linchan en una tertulia en Argentina llamado “Contra los poetas”. Allí, como todos sus seguidores saben, recomienda a los jóvenes tomar distancia de las formas poéticas clásicas y los caminos andados: verso, rima, sonetos, métrica, porque no son coherentes con la prosaica vida contemporánea, y reivindica el valor anárquico del verso libre.
Solo que el verso libre no es tan libre como muchos piensan. 

En fin, el diario de Gombrowicz me parece un soberbio ejercicio de reflexión pública. La sensación que me produjo su lectura, hace unos cuantos años, fue de euforia, luego un apabullamiento informativo (tantas lecturas solo se alcanzan con muchos años de formación), y finalmente me resolvió por una iconoclastia permanente contra las autoridades y peritos de la cultura y el arte tendencioso y la moda, que hoy por hoy es la única postura crítica que me interesa. Ahora, que vuelvo a repasar las citas que extraje de su diario para urdir estas impresiones viejas, se me ocurre que la asimetría parece ser la mayor conquista del siglo XX, y que él lo sabía.

“La crítica literaria no consiste en un hombre juzgue a otro, sino que es un encuentro de dos personalidades con derechos exactamente iguales. Por tanto: no juzgues. Describe únicamente tus reacciones. Nunca escribas del autor de la obra, sino de ti mismo en confrontación con la obra [] Pero al escribir sobre ti mismo, escribe de manera que tu persona cobre importancia. Y que se convierta en un argumento decisivo. No escribas, pues, como un pseudocientífico, sino como un artista. La crítica debe ser tan intensa y vibrante como lo que toca, de lo contrario no será más que el escape de gas de un globo, el degollamiento de un cuchillo embotado, la descomposición, la anatomía, la tumba.”
“Una obra de arte no es cuestión de una sola idea de un solo descubrimiento, sino que es el resultado de miles de pequeñas inspiraciones, el producto de un hombre que se ha instalado en su propia mina y extrae de ella mineral siempre nuevo.”
“El basurero. La clave está en el hecho de que yo provengo de vuestro basurero. En mi toma la palabra lo que vosotros habéis estado tirando como desechos, durante siglos.”
“¿Acaso no es verdad que nuestras bibliotecas han superado nuestra capacidad de asimilación, que todos somos más o menos ignorantes y que lo único que nos queda es utilizar con mejor voluntad el paraje de la sabiduría que poseemos?”
“¿Escritores? Nos ahorraríamos muchas desilusiones no llamando escritor a cualquiera que sabe escribir.”
“¿La patria? Pero si cada uno de los hombres célebres, precisamente a causa de su celebridad ha sido extranjero hasta en su propia casa. ¿Los lectores? pero si ellos jamás han escrito para los lectores sino siempre contra los lectores”
“El sentido del arte era conectarnos con la vida esencial.”
“Incluso una tontería, incluso una mentira, no te hundirán si sabes divertirte con ellas.”

Diario, Witold Gombrowicz, volumen I II, Alianza Tres

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