La bondadosa crueldad, de León Ferrari

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El adulterio, el sexo entre el mismo sexo, el sexo durante el periodo menstrual, es causa de muerte en el Levítico. Los padres pueden acuchillar a sus hijos, la polución y la menstruación te hacen impuro. En Deuteronomio las mujeres son el botín de la guerra. Los viejos pueden violar a las muchachas. En Samuel las hermanas son violadas por los hermanos y deben aceptar y callar la infamia. En jueces 19, 1-23 está ese crimen abominable, de un marido que descuartiza a su mujer violada. Si te sales un poco de La Biblia y examinas las tragedias griegas o los diálogos de Platón, descubres que por esa misma época a Medea la apedrearon por tener celos en Corinto. Más tarde, a Sócrates le convidaron un vaso de cicuta como pena de muerte por corrupción de menores. Si saltas a la enciclopedia, donde dice Herejía, descubres que a Giordano Bruno lo quemaron vivo por observar que había varios mundos y llenos de vida. Si examinas el siglo de los genocidios, descubres que a Trotsky lo borraron de las fotos cuando cayó en esa forma de suicidio, la desgracia soviética. Y luego picaron su carne con la hoz que figuraba en la bandera. A Rodolfo Walsh, a Conti, a Urondo, los acribillaron en Argentina los Videla y sus secuaces porque denunciaban la atrocidad desde un periódico clandestino. Es decir que la infamia y el asesinato y la vejación son actos miserables de todos los tiempos. ¿Qué buscan? La supremacía de un dios, o mantener un modelo del mundo, eliminar al opositor, frenar los estallidos sociales, silenciar al contradictor, imponer a gritos una voz.
Este libro del fallecido León Ferrari es un collage de infamias. Se compone de poemas y de montajes visuales. Los poemas son a la vez collages escritos, cadáveres exquisitos compuestos con citas bíblicas de la atrocidad. Los montajes fotográficos con imágenes de torturas sublimadas por la iconografía religiosa y yuxtapuestas luego sobre fondos fotográficos documentales de la época del llamado Proceso (dictadura militar argentina) ocupan la mitad del libro. Es el libro de un hereje. Un libro de imágenes tan desconcertantes que perturban aún más al saber que el orden del mundo al que aludían era peor que las contradicciones que se revelan aquí con magnífico sarcasmo. Las obras de Ferrari fueron condenadas por los jerarcas militares (en 1996 el periódico Página 12 las usó como ilustración del proceso NUNCA MÁS) con el argumento de que era un agravio contra una institución patriótica compuesta por argentinos que cumplían con el deber de proteger a la comunidad (de la amenaza comunista). Ferrari respondió que si torturas a quien debes proteger, entonces la amenaza y el infame eres tú, y que un notable progreso de la humanidad es que al menos la protesta militar venía por escrito porque varios años atrás la respuesta hubiera venido por la punta de la macana eléctrica.

Antes de que quemen las biblias de sus abuelas, prueben también a hacer este collage, con pasajes eróticos:

Génesis 3, 6-7
Génesis 12,10-20
Cantar de los Cantares, I, 11-12
Cantar de los cantares 5, 1-4
2 Samuel 11
2 Reyes 30 y 31
Rut 3,3-4
Rut 4,13
Rut 1:16-17
Ester 2,12
Judit 10,2-4
Judit 12, 20
Judit 16,6-11

Nota: a don Antonio Nariño lo metieron dieciséis años en una mazmorra y le secuestraron los libros por editar una lista de derechos que nadie leyó y que nadie ha ampliado desde entonces (y falta que hace). A los manicomios de hace treinta años te mandaban a terapia de electrocks la propia familia que decretaba locura en parientes raritos; entonces gente melancólica o saturnal, gente como tú, o como yo, que vivimos creativamente deprimidos de lunes a viernes, gente sin talento visible, o gente como Camille Claudel de talento envidiado que esculpía cuerpos para que los copiara Rodin, gente normal que le gustaba callar o que prefería quedarse a dormir que ir a trabajar, fueron diagnosticados "locos", condenados por pensar o por tener sensibilidad o por negarse a trabajar; muchachas como las poetas de la generación beat fueron declaradas locas por sus estúpidas madres, a Bukowski lo azotó su padre durante siete años, dos horas diarias con los pantalones en los tobillos; a Pasolini lo mataron con los métodos sádicos que denunció en Saló; a Bruno Schulz le disparó un nazi en la cabeza; a Epicteto le descoyuntaron los pies con una porra, a García Lorca lo usaron de tiro al blanco, a Walter Benjamin lo acosaron hasta que prefirió la muerte al campo de concentración. Queridos amigos: puedo asegurarles, con algunas otras pruebas bibliográficas, que nos salvamos. Si hubiéramos nacido cuarenta años antes, nos habría ido peor, como a Reinaldo Arenas reformándose de su homosexualidad en una prisión, como a Larisa Reisner sin patria, como a Crescendo Salcedo mendigando en Medellín, o a Nellie Campobello secuestrada por sus amantes, o esas mujeres disfrazadas de hombres que atravesaban el desierto.

Lucas 23, 27 – 31

«Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».

La bondadosa crueldad
León Ferrari
Editorial Argonauta
Buenos Aires
Año 2000
133 pg

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