Manual de historia tartufa

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Ya sabemos lo que es la historia de Amèrica: una sucesiòn de fracasos sin ninguna gloria. Pero en este libro Arciniegas lo tergiversa bien. Arciniegas, el calvo optimista, logra contar la pequeñez con grandeza. ¿Quièn màs ha logrado hacerlo en este estercolero de ideas llamado Colombia? Nadie. Biografìa del Caribe es una crònica novelada en que la lìnea de tiempo abarca cinco siglos, los personajes pasan la centena, la tècnica es una aparente contradicciòn (la primera persona omnisciente), y el lenguaje por eficacia y raigambre supera al de cualquiera de los que ahora se hacen pasar por novelistas. La primera persona omnisciente no es un gazapo de mongòlico: es la suma entre el Dios literario que todo lo sabe (el omnisciente) y el yo atorrante, el yo que irrumpe, el yo que profesa. La discriminaciòn del punto de vista narrativo quedò saldada desde el siglo pasado cuando Joyce y la Woolf los pusieron juntos. La voz de este libro es la que mejor servicio le presta a la crònica. La voz que irrumpe, que señala paradojas, que encuentra la relaciòn entre dos situaciones opuestas que nadie habìa puesto juntas.

!Pero què pulido estàs hablando, pirobo!

!Hasta historiador seràs!

Arciniegas es un novelista menospreciado en Colombia porque trabajaba dizque con la verdad. Pura mierda. Toda verdad que nos llega con màs de un siglo de retrazo, sigue siendo mentira. La historia en esencia es mentira. Si un historiador lo comprendiera, pondrìa de su parte a la literatura. Pero los historiadores son brutos. Desconfìan de la literatura. Y a la literatura ni le va ni le viene la historia. Porque la literatura es mala manceba. La literatura es una puta malèvola que cuando no le entra en gana desprecia al consorte. O a la consorte, porque aveces es marimacha, a veces bisexual y casi siempre tortillera. La literatura se aporvecha de la historia y la pone a su servicio y la desmiente y la golpea en las nalgas y le grita !zorra! cuando a bien lo tenga. Lo ùnico que le queda por asumir a la historia serìa un poco de dignidad y retirarse con la frente en alto. Pero la historia es masoquista por exelencia y le faltan siglos para aceptar que la literatura la seducìa por eso: por ser la ùnica en generar pasiòn.

¿Y tòda esa mierda genital para què, güevòn?

Arciniegas sabìa que la historia no es la verdad, pirobo. Arciniegas sabìa leer la historia como lo que es: un relato de aventuras que aveces es biografìa, a veces escritura pùblica, a veces diario de viaje, a veces teorema, y por lo general un embuste formidable.

!Otra parrafada de esas y deberàs rebautizarte como besaculos!

El libro es impresionante, besaculos. Parece una novela. Consìganlo, o ròbenselo si pueden. Abarca cuatro partes que se corresponden con la historia del mar Caribe desde el siglo XVI, hasta el XIX. Pero la Biografìa del Caribe no es la biografìa del mar de los zargazos. Es la historia de quienes lo atravesaron. Es la historia de un almirante genovès que descubriò un continente sin saberlo y que muriò en la pobreza, suplicàndole a un rey que lo dejara movilizarse en mula para mitigar sus dolencias. Es la historia de Bastidas, un deudor moroso que se lanza al mar como el mejor modo de escapar a sus deudas. Es la historia de Cortès, el mujeriego. De Pizarro, el porquero. De un Quesada desquiciado que muriò a los 80 años buscando quimeras. Es el retrato de la familia real ausburguesa, enmendando guerras con matrimonios, de la familia real borbònica que dejò hundir a un imperio servido en la palma de la mano, de la casa real holandesa y sus guerras contra todo el mundo, de la casa real portuguesa, de la casa real inglesa, de la prusiana, de la danesa, de los judìo marranos, de los luteranos infieles, de los cristianos viles, de los papistas cobardes, de los frailes ignorantes, de los perros protestantes, del Pirata Francis Drake que inspirò el gargantùa de Rabelais, del poeta ilustro Ralheig que inspirò a Shakespeare, del bucanero Dampier, de cuyo amigo dedujo Defoe su Robinson Crusoe, del compà Culet que se rebelò contra la corona y se vistiò como los negros para hacer batallar a la carne negra, de Patterson, el escocès que vio lo que Colombia no ha querido ver: para què sirve el Darièn. Es la magnìfica historia de la fundaciòn de Nueva York con su batalla en la calle de la barricada: wall street, la calle de la pared. Es la historia fabulosa de un puteadero llamado Nueva Orlèans, la venta de un moridero inservible llamado Louissiana, de los filibusteros acantonados en San Andrès y Providencia. La verdadera historia de los piratas del Caribe, sin Jonnhy Depp y con el verdadero Barba Negra al mando de una carabela. Miranda y sus coqueteos con Catalina de Rusia. Napoleòn y la viuda y mulata Josefina. Bolìvar y su traiciòn a Miranda. Las independencias crueles, y las reconquistas sangrientas...

La crònica empieza en Santo Domingo y termina en el canal de Panamà tomado por los marines. Antes de despedirse, Arciniegas, el calvo optimista, hace una apologìa de la democracia. El autor ha terminado el libro en 1944. Europa vuelve a la guerra. España està a cuatro patas gimiendo con la verga Franquista. Amèrica Latina gobernada por tiranuelos que pretenden mandar a perpetuidad. Faltan ocho años para el Bogotazo. Seis para la revoluciòn cubana. Treinta para la dictadura Chilena. Cuarenta para la junta militar Argentina. Setenta para Uribe y Chàvez.

Pero èl es optimista.

En mi concepto, falta un capìtulo.

Pero siempre hace falta ese capìtulo.

"Optimismo es seguir confiando que todo mejora, cuanto està probado que empeora."

Voltaire.

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