Carlos Fuentes: Los tiempos de la actualidad

8:45

Toma y retoma del Palacio de justicia, Colombia 1985

Adicional al hecho lamentable de que lo presentó un impresentable: Belisario Betancur Cuartas, Presidente de la fundación Santillana, ex presidente de Colombia y Premio (compartido) Holocausto Palacio de Justicia 1985; Carlos Fuentes leyó un discurso político de filósofo reformista que sabe que habla para que oigan su prédica las clases dominantes y no un auditorio que bien o mal, o con jadeos, ha podido llegar a las últimas páginas de sus novelas.
(Felicitaciones para ellos; yo no he podido.)

Asistí como aquel que es avisado de que en el Centro Comercial Hacienda Santabárbara exhiben a un ornitorrinco: la conferencia dictada por esa especie en vías de extinción, un escritor del boom. La conferencia, titulada con un nombre acaso tautológico: los tiempos de la actualidad, que es como decir la actualidad contemporánea, que es como si la actualidad no incluyera el deíctico (aquí-ahora). Sólo unos cuantos aspectos de este discurso parecido a una posesión presidencial comentaré. Dijo Fuentes; literal: “no es el tiempo de la venganza; es el tiempo de restablecer el respeto mutuo”, “la realidad tecnológica decidirá la agenda de nuestro tiempo”, "sólo nos sirve una cultura con un sello nuestro: iberoamericano, latino, indio, negro", "¡Basta de injusticias, de decisiones antidemocráticas en nombre de la estabilidad! ¡Basta de decirnos: 'desarrollo económico hoy, democracia mañana y justicia... vamos a ver si pasado mañana!'] [la agenda de América Latina es otra: es desarrollo con democracia; es desarrollo con justicia, ahora". "El crimen y la miseria se combaten con más educación, más comunicación, más empleo, mejor información y mejor distribución en el ingreso" “La ciencia y la tecnología deben ayudar al ciudadano a reconocer identidades”.

Pero no se puede pedir respeto donde no hay justicia. No se puede enarbolar la indignación contra Ordaz por los muertos antiguos de Tlatelolco y venir a exhibirse años después con un mandatario que asumió la responsabilidad de la retoma del Palacio de Justicia de Colombia diciendo que había tenido las riendas de la operación para esconder si fue pusilánime (o que los militares no sólo lo manipularon, sino que usaron una fuerza desproporcionada y torturaron durante semanas o meses y luego asesinaron y desaparecieron a sus cautivos). No se puede decir que la democracia es el ideal de sociedad cuando no hay soberanía ni representación real. No se puede hablar de desarrollo con los raseros de desarrollo del Banco Mundial. No se puede decir que se combata el crimen con educación cuando para tu amigo presidente actual de Colombia prima la guerra y la educación tiene partidas inferiores a las partidas para defensa. Dijo otras cosas, controvertibles: hay que crear una legislación internacional para regular al mundo. Una sociedad sin gobierno es anárquica; un gobierno sin sociedad, tiranía. Y más frases trilladas, estadísticas viejas y vacías (el 20% de la población con el 80% de los recursos, los 4.000.000.000 de euros que consumen los europeos en helados en un año, la primavera árabe, “revoluciones de oriente”, convocadas por Facebook y Twitter), todo salpimentado con preguntas sueltas, sin respuesta, y afirmaciones ambivalentes para quedar bien tanto con los plutócratas que asistían en primera fila, como con el vulgo (lo mirábamos desde el gallinero sin creer lo que oíamos: “el premio más grande es ser presentado por usted, presidente Betancur”).
Inició con un resumen paradigmático: los ejes de transformación social mexicana (la muerte de Madero y el estallido de la revolución, la pastoral educativa emprendida por Vasconcelos que educó al México rural e indio, profundo), pero luego fue desplegando incursiones en temas internacionales de lo que él considera actualidad (informática, indignación global). Para Fuentes, Google, Twitter y Facebook integran el poder emancipador de la educación y la protesta social a través de la informática. Sólo olvidó que las mismas promotoras de la libertad de expresión son empresas norteamericanas de servicios informáticos colectivos clasificadas dentro del género, Redes Sociales, reguladas por leyes unilaterales, policivas, de Estados Unidos, y a la vez el elemento disgregante de cualquier intento de educación (además del experimento mercadotécnico del capitalismo virtual donde todo se compra con un dinero inexistente). [link]

El cierre del portal Megaupload, luego de que el FBI hiciera una redada internacional siguiendo el ultimátum de las grandes compañías del copyright (en perjuicio de 40 millones de usuarios de todo el mundo que perdieron sus datos) da la medida de la hegemonía policial y el control de la censura ejercidos por una sola potencia que desprecia y extorsiona al mundo. Los bloqueos masivos a las redes sociales por parte de la junta milita Egipcia y Libia son otra muestra del control sobre internet. El bloqueo chino a Google, negando el acceso al motor a la mitad de los internautas del mundo (que están en Asia, y son alrededor de mil millones), la prueba de que el gran capital instaurado en las potencias económicas ya advirtió el potencial de internet y puede someter a los usuarios a abusos y conducir sus consumos, rastrearlos, coaccionarlos y supeditarlos a sus intereses. De modo que internet no es la base de la democracia ni de la libertad de expresión, si tomamos el ejemplo de un par de ingleses que querían vacacionar en Estados Unidos y coordinaron el viaje en términos de “Vamos a arrasar con Estados Unidos” para, al llegar al aeropuerto, ser apresados por los cuerpos de seguridad norteamericanos que rastrearon sus mensajes privados como sospechosos. De modo que el alcance y potencial de las redes sociales al servicio de la democracia es dudoso. Fuentes también confunde el exceso de información y la libertad de acceso a ella, con educación y libertad democrática. El potencial de internet como herramienta de educación no está en el exceso de información y la libertad de acceso. El conocimiento es una construcción. La bibliografía más erudita es una construcción del erudito. Saber informarse no significa tener acceso a todas las fuentes de información, sino cuestionarlas y ponderarlas, verificar de dónde proceden y qué sesgo traen, la relevancia que tienen, qué dicen y cuál es su contrafaz. La duda cartesiana. Para la mayoría es evidente que internet ha masificado el uso de las redes y ha concentrado la información que llegaba antes a la gente por canales disgregados. Aun así, si sólo sabes encender un pc y chatear por Facebook y telegrafiar frases sin predicado en 170 caracteres y leer el mismo periódico (del mismo monopolio empresarial) por ahora gratuito; lejos estarás de que internet influya en tu educación y te oriente; más bien te distorsiona. El argumento del que se aferran todos los defensores de redes sociales son las revoluciones árabes convocadas por internet. Son falsas, porque no son revoluciones reales, ni trajeron transformaciones sociales: sólo cambios en el control político, pero hoy las juntas militares que derrocaron tiranías se niegan a delegar el poder y hacer elecciones ciudadanas, y mientras tanto los pueblos desvertebrados, polarizados, usan como pretexto el fútbol para masacrarse en los estadios. En un segundo plano, tal vez, esas convocatorias hechas a través de internet (controladas desde empresas sitas en EU) llevan a preguntar: ¿una revolución de indignados gestada desde Twitter y Facebook, pero instaurada en el seno de Estados Unidos no serán acaso rastreadas y neutralizadas y las redes bloqueadas de inmediato por los cuerpos de seguridad para evitar cualquier coordinación entre las partes?).

Fuentes ha propuesto, en términos ambiguos, mientras se ufanaba de su amistad con el mandatario y ex mandatarios de Colombia (y México), una legislación internacional para regular el uso y el abuso y la censura, y la justicia y la repartición de la riqueza. Suena bien, políticamente correcto, pero las legislaciones internacionales (al menos las que promueve su amigo Juan Manuel Santos) siempre serán monopolizadas y representadas por las potencias de turno y sus sirvientes, al acomodo del gran capital. Si el único interés de las potencias es regular las medidas policivas, bancarias y fiscales (y el alcance trasnacional de las mismas) para proteger los derechos de las grandes bancas y empresas y de sus inversores, los países menos influyentes, los que no tenemos ciencia, ni tecnología y sí un aparato represor y una educación precaria para la mayoría (y excelsa para unos cuantos) sólo seguiremos produciendo menestrales, manufactureros, gente desinformada, incapaz de ejercer la soberanía por ningún medio, adictos a las redes sociales.
La democracia es el más grande embeleco de los demagogos. No se puede gobernar países de 40´ 100´ 1000´ millones enarbolando la bandera de la igualdad. No se puede decir: “la agenda de América Latina es otra: es desarrollo con democracia; es desarrollo con justicia, ahora”, en un mundo donde el desarrollo es entendido como extracción, como libre mercado, como un acuario lleno de tiburones y sardinas heridas. La democracia de los siete mil millones de habitantes sólo se gobierna con ejércitos, represión y bombas atómicas. ¿De cuál democracia habla Fuentes? Toda democracia es chapucera, cuando son las empresas y el gran capital los que tienen a los gobiernos a su servicio y a los pueblos de contribuyentes. Fácil es dar la estadística de helados que consumen los europeos en un año. Nos suena escandaloso, nos sueña a lujo innecesario, nos suena a colonialismo, pensamos que con ese dinero podría aliviarse de veras el hambre de África. Pero no es el dinero lo que quita el hambre. El dinero no se puede comer. Si esperamos que el dinero nos soluciones la pobreza, tendremos que esperar a que los artífices del dinero, los creadores del falso valor del dinero, de los embargos impagables, de las deudas internas que crecen y crecen, dejen de comer helados para enviarnos arroz en paracaídas. A nadie le importa el cuerno de África, porque allá no hay riqueza extractiva, pero sí les importa el África fértil. El mismo México que recibe miles de millones para alimentar una guerra entre narcotraficantes, tiene a indios y campesinos muriendo de hambre y de sed: los dos extremos coexisten en el mismo espacio: Slim, los narcos, los campesinos, los indios. La legislación internacional no se hace para repartir riquezas y justicia y beneficios, sino para asegurar el monopolio de los mismos y amortiguar y asegurar el quiebre de las economías hegemónicas con la caída en cadena de las economías y democracias más frágiles. No podemos esperar a que una legislación internacional regule nuestros aprendizajes, nuestra riqueza, nuestra vida, el internet. No, si sólo quieren nuestro petróleo, nuestra agua, nuestros diamantes, nuestra pesca, nuestros campos para cultivos transgénicos y nuestra atención pasiva.

AL RESPECTO:
[Fin de la hambruna en Somalia]
[Sequía en México]
[Se firmó TLC de Colombia con la Unión Europea]
[Lucha de países ricos por controlar las tierras fértiles del mundo]
[Colombia ultima detalles para implementar TLC con EE.UU]

¿Por qué no habla de soberanía? ¿Por qué no una legislación nacional que nos proteja de los abusos de las leyes hegemónicas, económicas, informáticas que quieren implantar los dueños del mundo? ¿Por qué no concentrarnos en crear nuestra ciencia y una tecnología y un desarrollo amable con nuestro entorno; una ciencia y cultura que le sirva y aluda y solucione los lastres sociales del país en que nacimos? Hoy somos los grandes consumidores de redes sociales, pero no se nos permite tener ciencia. La tecnología es importada. Las tierras más fértiles del país están siendo compradas por las potencias, precisamente al acatar leyes internacionales. Los mejores estudiantes son cerebros fugados, seducidos por laboratorios que les ofrecen todo el instrumental, pero les hacen firmar una cesión de patente a la empresa que los contrata (con lo que aseguran que cada invento se quedará en manos del jefe y en tierra extranjera). ¿Quién defenderá nuestra libertad ciudadana si nos regimos por leyes internacionales hechas desde Estados Unidos al acomodo de las trasnacionales? Si tenemos la necesidad de ser educados para usar el potencial de internet, deberíamos tener una formación integral en todas las áreas y nuestra propia legislación informática interna. Si nuestra economía es frágil, si el mundo está en crisis entre muchas razones por un desarrollo insensato, no podemos medir el desarrollo con los estándares que imponga el Banco Mundial. No podemos pensar que internet sea una alternativa de educación, si los presupuestos de educación son ridículos en comparación a los presupuestos disponibles para la guerra.

Fuentes ha querido quedar bien con todo el mundo, pero mezcla aspectos irreconciliables: no se puede quedar bien con los indignados, con los desempleados, con las minorías étnicas, si a la vez se quiere quedar bien con los banqueros, con las transnacionales mediáticas, con los presidentes que firman tratados de libre comercio, o con los ex presidentes que usaron toda la represión militar para defender “la democracia” de opereta; no se puede quedar bien con los ricos y con los pobres al menos en este, nuestro paupérrimo país, que es la virreina de los más desiguales del mundo, donde la ley se desacata, donde a los criminales que cometieron genocidios se les extradita para que sean juzgados por narcotráfico; no se puede hablar de educación a la vez que se promociona las redes de embeleco y estupidización y mercadeo como Facebook (que utiliza el poder estadístico de las bases de datos de sus usuarios para valorarse en la bolsa). Su crítica contra las hegemonías y dictaduras y el crimen se derrumba de endeble cuando dice que su mayor premio es ser presentado en sociedad por un presidente que avaló un holocausto (sus subalternos torturaron y desaparecieron a prisioneros y civiles), no se puede decir eso sin que se desmorone el discurso cuando hace presentaciones con presidentes que firman tratados de libre comercio (a sabiendas del desastre que un tratado similar provocó en su país), cuando habla de alimentarnos espiritualmente con una cultura de "nuestro sello" y sugiere desayunar con cultura de élite que desconoce todas las miserias humanas (“desayunar con Santiago Gamboa y Juan Gabriel Vásquez, almorzar con Fernando Botero, pasar la tarde pegados al Facebook y oír a los Gigantes del Vallenato”, "impedir que los niños laven retretes"). Si le hacemos caso, seríamos alimentados en una cultura indigesta solo para después vomitar en el retrete (que ya no lavarán los niños pobres, sino las mamás de los niños pobres, otra ideología de la dominación, porque alguien tiene que hacer el trabajo sucio o entonces debemos acabar con la moda del retrete y volver a la letrina). Fuentes dice: no nos dejemos manipular por la cultura hegemónica, pero consumamos cultura hegemónica.

Aquí el audio de la conferencia, con parte de la introducción de Belisario Betancur, para que hagan sus propias reflexiones:

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